Narrador Omnisciente.
Podía sentir el ardor, el dolor, las lágrimas contenidas en sus ojos que ardían, el nudo en la garganta, el pecho apretado y el estómago anudado. Podía sentir el fuego en su piel, cada parte de el en llamas y cada capa de su corazón ser destrozada, podía sentir sus sentimientos siendo pulverizados y aquel constante recuerdo martillando su mente una y otra vez, un recuerdo tan duro, tan cruel, tan agonizante como una muerte lenta por una pequeña dosis de veneno.
Aquella discusión en La Fortaleza de la Soledad, luego aquella botella en su mano la cual tomó sin respirar, aún podía sentir la punzada de dolor en ella, aún podía sentirlo todo tan fresco como si hubiera pasado hace cinco minutos. Antes sentía que estaba encontrando la paz que alguna vez pidió mientras estaba con los Luthor, pero cuando supo ese secreto, eso hizo que algo se rompiera dentro de ella.
Sabía exactamente la razón, la amaba con cada fibra de su cuerpo, le había entregado su corazón, sus pensamiento, sus lágrimas, le había entregado todo y ella solo lo tomó para destrozarlo con su desconfianza, ella la destrozó. Se había abierto a alguien por primera vez en años, le había hecho saber cómo se sentía y le había dejado ver su vida, pero parece que eso no fue suficiente para ella porque la desconfianza lo rompió todo.
Se sentía como si se ahogara en un mar de pena, jamás se había sentido tan sola como en este momento, pero no iba a volver más, no estaba dispuesta a pisar de nuevo Nacional City, no estaba dispuesta a volver. Siempre lo dio todo, siempre fue ella buscando, rompiendo muros, transmitiendo sentimientos y luchando para que todo fuera natural, pero ya no puede más, solo quería llorar hasta dormirse.
Sabía que Kara la observaba y sabía que la rubia estaba enterada de su paradero, pero no le importaba en lo absoluto, se había trasladado a Irlanda para vivir su vida en solitario y la rubia comprendía que si aparecía en su puerta, entonces no apreciaba demasiado su vida. Habían pasado meses desde que discutieron, meses desde que dejó Nacional City y todos sus "amigos" atrás, meses desde que dejó a Samantha a cargo de sus empresas para ella alejarse.
Lo necesitaba, necesitaba respirar, sanar y avanzar lejos de esos lugares tóxicos que siempre la rodearon. Puede que Kara y los chicos le dieron recuerdos frescos, pero no podía olvidar el recuerdo amargo de la traición aún cuando ellos sabían lo delicado de ese tema para ella, todos sabían que no estaba dispuesta a soportar más traiciones en su vida, pero igualmente no lo respetaron y no confiaron en ella lo suficiente para decirle las verdades, no es tonta y aún no estaba dispuesta a dejar que él perdón llegara a sus pensamientos.
Quería gritar de nuevo, llorar fuerte y romper todo en su sala de estar, pero ya lo había hecho una, dos, tres o quizás más de cinco veces desde que llegó. Ya no tenía fuerzas suficientes para seguir llorando, pero todavía seguía pensando en ella todo el tiempo, todavía Kara reinaba en sus pensamientos y estúpidamente en su corazón.
No había manera de que pudiera controlar sus sentimientos, se le escapaban de sus manos como agua, jamás había amado a alguien de esa manera intensa y jamás pensó sentirse de esa manera por la ausencia de alguien. Tampoco había sentido ese dolor por traición tan intenso como ahora, pero sabía que lo estaba sintiendo porque está enamorada de Kara con cada fibra de su cuerpo y eso la estaba consumiendo.
Abrazando sus piernas en el inmenso sofá solo pensó en ella, su sonrisa, su risa y su actitud enérgica servicial en cada momento, la manera en la que podía ver lo bueno del mundo y la esperanza que siempre la representaba. Claro, la rubia es Supergirl y si no tuviera todo eso, entonces no sería una superhéroe jamás en su vida.
— Tonta— murmuró con molestias y el súper oído lo captó.
En el cielo nublado de Irlanda se podía distinguir a duras penas los colores del traje de la súper, Kara observaba desde el cielo aquel edificio donde estaba encerrada Lena, el corazón le estaba pesando más que cualquier otra cosa en el mundo. Sentía su pecho desgarrarse solo escuchando cada vez que lloraba Lena, su ira y su odio hacia ella, dolía ver cada día como la pelinegra se estaba hundiendo en el dolor.
