Capitulo 49

1.7K 177 42
                                        


¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.



Omnipresente.


—¡Hija de... que susto! —Mehgan no habia considerado que habia alguien más en el cuarto, pero ahí estaba Camille, sentada en la antigua cama de Amber, un enorme comunicador pegado a su oreja y su mirada tan curiosa como siempre. —¿Cuánto... tiempo... llevas aquí? ¿Y porque estas toda empapada?

—No preguntes por el agua, aun quiero matar al idiota de Andrew. — Camille carraspeo, ajustándose el comunicador contra la oreja—Y llevo un rato aquí. Creí que estaba sola... hasta que te oí.

Ambas se miraron. Mehgan sintió que se sonrojaba, pero sacudió la vergüenza para restarle importancia, como solía hacer en momentos así. Aferrándose a la toalla que la envolvía, camino hacia la cama más cercana a la ventana, la suya, que habia usado muy poco -si es que nada-desde que habían llegado. Carraspeo un par de veces, y solo se preparó para preguntar, porque, al final, ¿Qué más podía hacer? Pero Camille se le adelanto.

—¿Te dolió? ¿Quieres una pastilla o algo? Estoy segura de que esos locos deben mínimo tener una. El tipo ese, el tal Amaro, es humano y seguro tiene dolores a cada rato. Bueno, tiene como cien años.

Mehgan rio, acercándose a su mochila para abrirla. — Hacías falta por aquí Camille.

— Lo sé, soy espectacular. —Camille se encogió de hombros, no sin antes darle un vistazo a la bruma verde que envolvía a Mehgan, sutil y poco notoria, pero constante. Fascinante. Pero no lo suficiente para evitar que siguiera hablando. —Pero no me des cumplidos para evitar preguntas, por favor.

Mehgan le lanzo una mirada nerviosa — Si me dolió —la vergüenza de nuevo empujo contra sus mejillas —Mas que todo porque no he comido mucho... pero creí que estaba sola.

Y era verdad. Era la única razón por la que habia dejado que las voces la envolvieran un segundo, empujándola a quejarse, lloriquear e incluso vomitar en el pequeño baño. Miro sus dedos con la misma vergüenza convertida en algo parecido a la resignación: ya no estaban sucios, pero seguían heridos. Montones de cortes, algunos moretones y raspones que acumulaban aun poca suciedad que el baño no habia podido eliminar por su profundidad.

La bruma verde la habia estado acompañando mientras lo hacía, flotando a su alrededor, más parecida a un regalo constante y hermoso que a una maldición incontrolable. Todavía no podía decidir como describirlo. La habían acompañado mientras sufría, y mientras se bañaba, y mientras se miraba al espejo completamente recompuesta. Como si no hubiese sucedido nada, pero todo a la vez.

¿Como enfrentaban los Nigromantes situaciones así? No podía saberlo, ni preguntarlo, ni nada. Solo podía imaginarlo; quizá solo dejaban que sus poderes fluyeran y lo soportaban, quizá solo estaban acostumbrados, quizá...

Lycans III: ApoteosisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora