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Habia miedo en esas paredes. Resbalaba en oscuridad contenida, en el polvo residual de las esquinas, en los murmullos de origen confuso que confundían a los guardias. Uno de ellos intentaba mantener el paso sin llamar demasiada atención, pero seguir al asegurado era complicado.
En especial por que nunca parecía estar seguro de a donde se dirigía. Se detenía en algunas puertas, movía sus cuadernos un par de veces, el lápiz en su mano derecha y luego seguía. Dejando los pasillos oscuros y olvidados para meterse en las zonas mas nuevas, por donde pasaba como si necesitara algo que encontrar, algo que ver, algo que... dibujar. Dibujaba rápido, con una precisión y cuidado impolutos. El guardia evitaba mirar los cuadernos cuando se ponía a dibujar con esa concentración rara, en especial porque le causaba un repelús infinito.
Parecía poseído, como si fuese alguien más. Dibujando algo que nadie iba a entender, ni su supervisor, ni un Corretz entrenado en el campo. El día anterior habia intentado preguntarles a sus compañeros.
—... ¿Dibujos? ¿A quien te asignaron? — luego de la pregunta inicial, un coro de risas habia iniciado —Quizá solo es un Corretz raro.
No habia servido de mucho hasta que le hablo al respecto a su supervisor, quien le habia asignado la guardia y que compartía tan poca información como comentarios amables. —Mantente fuera de su camino y no lo espíes. —habia dicho el — Los Lycans no tienen buen temperamento.
Toda tenía menos sentido ahora que sabia lo que era. Siempre habia sospechado que era un ser sobrenatural -solo guardias no lo eran en esa isla-, quizá un Corretz o un mágico de esos sin etiqueta o raza distinguida... Lo pensaba, mas que todo, cuando lo ignoraban en zonas comunes. Los de alto rango nunca eran ignorados, como aquel Corretz de pelo azul, Ken, temido y completamente adorado, o aquel grupo de cazadores, o quizá... Sea como fuese, a este chico, Peter, lo ignoraban.
A propósito, o no, habia cierta oscuridad por cada lugar pro donde pasaba. Quizá era su postura, o su expresión, siempre lacónica e inmovible, o quizá sus dedos manchados de tinta negra o carboncillo, o la incapacidad que tenia para localizarse a sui mismo, como si siempre estuviese perdido, o como si no pudiese encontrar algo... pero, ¿Qué?
Habia miedo en esas paredes, el guardia lo sabía, lo podía sentir. Incluso con su corazón humano y su desprecio silencioso por el Lycan, podía sentirlo. Era la primera vez que entraba a esa zona, en especial desde que la habían cerrado el día anterior para hacer una "reinserción" sea lo que sea que significara eso.
—Nadie sabe lo que sucede en ese pabellón—habían mencionado varios de los guardias — Es incluso más confidencial para nosotros. Pero creemos que están enterrando cosas. Ya sabes cómo es. No podemos andar preguntando.
Ni siquiera podía recordar el nombre, pero era céntrica, ubicada junto a la Sala de comunicaciones y el Campo principal de entrenamiento militar, lo cual solo significaba una cosa; era demasiado importante, y no deberían estar ahí. Muchas veces le habían recalcado que las zonas rojas eran inaccesibles para no registrados o guardias no asignados. Y, aun así, ahí se encontraba. Los guardias de la puerta ni siquiera habían intentado detenerlos porque no había, lo cual era raro. Cualquier lugar seguro de la isla tenia guardias.