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Los demonios se hacen fuertes con el miedo.
Corría. Sabía que corría. Un desnivel. Un golpe. Cayo al suelo, y se lastimo la muñeca. El dolor la hizo gemir, y apenas pudo volverse a levantar en medio de la oscuridad. El dolor era horrible, así que se quedó de pie un segundo demás, los pies hundidos casi por completo en la tierra negra, la garganta escociéndole, algo colgando de su cabello...
Sigue. Es hora de volver. Sal.
Sal. Sal. Sigue el camino.
El colgante se le cayó. Rodo por el suelo de lodo negruzco, siendo absorbido por la masa incontenible de muerte que en el habitaba. Aterrador, demoniaco, fascinante. Mehgan no lo pensó ni por un momento, se inclinó y lo atrapo con las manos, sin importar cuan sucio estuviese, sin importar nada. Al inicio habia parecido un collar, pero la cadena de plata era más corta, y algunas piedras verduscas brillaban a lo largo.
Otra mano quería arrebatárselo, llena del mismo liquido sucio, pero con un halo divino que le impedía ensuciarse por completo como ella. Con el corazón latiendo desesperado contra su pecho, se apresuró a seguir corriendo. Sus pasos apenas logrando escapar de las incontables manos que surgían del lodo negro, intentando detenerla. No sería más rápida que esas cosas, pero en ese lugar, ella tenía la ventaja. Ella se deslizaba con facilidad, bailaba entre las sombras como una muñeca de piel pálida y pies descalzos, ojos verdes y el corazón maltrecho, invadido, desecho y expuesto por completo ante quienes allí deambulaban. Pero eso estaba bien, se sentía bien, se sentía fenomenal.
Aquí perteneces.
Nunca podrán alcanzarme. No aquí.
Sonriendo, acelero.
Cuando la luz volvió, sutil y suave sobre sus mejillas, el mundo entero cobro forma. Mehgan se detuvo al borde de los límites de la jungla. Al inicio, las formas eran borrosas, brumas difíciles de entender, pero pronto sus ojos comenzaron a ajustarse, a percibir más que la oscuridad anterior, a entender.
El sol quemaba desde el cielo, fuerte y dorado, iluminando todo a los alrededores de un naranja tostado impresionante... e incómodo de observar. Quizá de haberse criado en un lugar así, le habría parecido algo normal, hasta acogedor, pero aún era difícil acostumbrarse al extremo contrario del ambiente en el que habia crecido.
Oh, como extrañaba Fire's Wood, el húmedo bosque, la niebla flotante de los caminos y el cielo helado cubriéndolo todo con su misterio envidiable.
Un paso más, y estuvo fuera completamente. Algo olía mal. No estaba segura de sí era ella misma, o algo a sus espaldas, en la intensidad imperturbable de la naturaleza desconocida. La tierra picaba en sus piernas, y partes de sus brazos, y un líquido pegajoso -como la sabia de alguna planta- se deslizaba por su costado.