¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Zack
—Estoy harto de ser una presa fácil, de la constante debilidad que me vuelve inferior al resto. Es momento de que se termine. Y si no quieres que pase por encima de ti, entonces quítate de mi camino.
La sangre se deslizaba por mis labios, lento, marcando un camino imperfecto sobre mis labios y mi mentón. El silencio a mi alrededor era pesado, como las botas de seguridad que usaba y las cadenas que envolvían las muñecas de Felix, y tenebroso, como la oscuridad que se cernía sobre todos en la habitación.
Frente a mí, el causante del sangrado me observaba con ojos fijos, desvaídos, como un trazo chueco de pintura acrílica sobre un lienzo manchado. Los ojos fríos de un desconocido que expresaban un dolor mudo, de esos que es imposible describir con palabras.
Quizá por eso me habia roto la nariz.
Una punzada se levanto de mi centro hacia mi pecho, cruzando el dolor, la indignación y la sorpresa del momento, pero él no retrocedió, ni mostro algún signo de sorpresa.
Era la primera vez que Nick me hacia algo así.
No me di cuenta que me movía hacia el hasta que un vestigio de pelo rojo me paso por el frente. Mehgan se interpuso entre ambos, temblorosa, pero firme, nos detuvo usando ambas manos. Tenia dedos pequeños, pero aun así me empujo un metro hacia atrás, la sorpresa evaporo todo rastro de la punzada de ira que se habia abierto paso por mi cuerpo.
—Alto. —demando, repitiendo la acción. Esta vez alcance a vislumbrar el rastro verde en sus manos, del mismo color que el leve brillo en sus ojos.
Me limpie la sangre de un movimiento, incomodo por el picor del liquido que bajaba hacia mi cuello. Nick rompió el contacto visual solo para volver a ver a Mehgan. Un par de agentes de seguridad se habían movido hacia nosotros, pero ninguno habia sido lo suficientemente valiente como para intentar meterse entre nosotros.
Mehgan dijo algo más, pero me pareció un murmullo inentendible mientras sentía las leves punzadas de dolor pasarme de la nariz al cráneo. El golpe me habia roto la nariz, y quizá habia desviado mi tabique... Dios, iba a quedar aún más feo. La fuerza que se necesitaba para... ¿Cómo se le ocurría?
La mirada de Nick pasaba una y otra vez frente a mí. Ojos oscuros. Forcejeo. Mis risas intentando calmar la situación. El grito de "¡Detente!" y la pragmática frase que habia dicho después. Cerré los ojos, sintiendo el sonrojo en mis mejillas aumentar, y me giré hacia la pared. La vergüenza que sentía era extraña, inusual. Por primera vez en mucho tiempo no sabía que decir.
Me habían golpeado muchas veces, me habia expuesto de mil maneras frente a los miembros del equipo de seguridad. ¡Incluso se habían tomado fotos con mi oso de peluche! Quizá la vergüenza no era por la situación, era por quien la causaba.