Capitulo 50

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Omnipresente


El silencio pesaba. Igual que cadenas rodeando el cuello de un asesino, pies descalzos colgando de un precipicio o un cuello atado inerte gracias a la gravedad. Sobre la silla metálica yacía el vampiro, ojos cerrados, boca entreabierta, manos atadas por la parte trasera y pies separados, dispuestos sobre el suelo, llenos de tierra y una sangre oscura no humana.

La misma sangre seca en su rostro, entre sus dedos, en parte del suéter que le cubría el pecho y el costado derecho de la cabeza y que oscurecía su cabello rubio. El guardia en la puerta dedicaba rápidas miradas en su dirección cada minuto. Sus pies comenzaban a doler; llevaba en turno de vigilancia del prisionero varias horas desde que el Lycan Lombardi, conocido como Zackary entre sus mas allegados, habia terminado su interrogación.

Su mano derecha pesaba intensamente. El accesorio anti-vampirico cuyo nombre aun desconocía, pero que estaba hecho de plata y parecía una joyería fina y costosa, se la cubría, tirando constantemente de su brazo entero hacia el suelo, o en esos momentos en los que daba miradas al prisionero, hacia él. Era un sentimiento curioso e inconveniente. El jefe Francis les habia advertido a todos aquellos que usaran el objeto que los tirones ocurrirían y que serian extremadamente inusuales. Era un objeto común en el mundo sobrenatural, odiado por vampiros, pero cargado de una magia fúnebre que envolvía castigo y venganza que muchas otras razas utilizaban para cuidarse, o amenazarse, entre ellos.

Era en extremo incomodo.

El otro guardia, al costado izquierdo de la puerta, dormitaba con la cabeza contra la pared. Se habia ido a la inconsciencia unos veinte minutos atrás. Pero despertó de golpe cuando alguien tocó la puerta. Ambos se sobresaltaron. El único que permaneció en su sitio fue el vampiro, cuyo aspecto se mostraba más cadavérico que otra cosa, pero sabían que respiraba.

El guardia dormilón se enderezo —¿Qué paso? ¿Quién es? ¿Quién soy?

El otro abrió la puerta sin mucho reparo. Detrás habia alguien con una chaqueta oscura con capucha. Por un segundo ambos guardias se encogieron, un miedo y una alerta les recorrió el cuerpo, pero entonces el desconocido se saco la capucha.

—Señor Nicolass. —el primer guardia se hizo a un lado.

Nick noto que se veía nervioso, quizá por su propio aspecto o quizá por el accesorio en su mano. Estaba demasiado exhausto para preguntárselo. Los saludo sin muchas ganas y dio un paso, pero fue detenido por el otro guardia.

Se veía aterrado cuando murmuro—Nos ordenaron detenerlo si intentaba venir, tiene prohibido acercarse a esta área.

¿Para que creen que era la chaqueta? Quizá era el cansancio, pero Nick sintió un arrebato de emociones negativas que fueron desde la impotencia hasta la ira. No dijo nada más que un Mmm de entendimiento, antes de entrar por completo. Ambos guardias se miraron, pero antes de que pudiesen tocar sus comunicadores, Nick hablo.

Lycans III: ApoteosisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora