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Narrador omnipresente.
¿Qué tan lejos puede llegar una decisión impulsada por el orgullo?
¿Qué tanto caos puede causar? ¿Qué tanta destrucción puede disculpar?
¿Quiénes se atreverían a permitirlo?
El miedo nunca habia sido una buena razón para generar conflicto, pero si era una excelente excusa. Paul lo sabía. Lo vivía, lo sentía...pero no estaba seguro de querer permitirlo.
Pero todo parecía tan caótico, tan desconectado, tan inservible. ¿Qué tan lejos puede llegar una excusa basada en miedo? En un mundo donde razas sobrenaturales tenían los mismos derechos que un botón, parecía imposible generar paz, pero el habia tenido una leve esperanza. Y sabia que no era el único, sabia que era un sueño frustrado de Nathan, que formaba parte del deseo mas profundo de Kate, y que incluso vagaba una que otra vez en pensamientos dispersos de Tía Ancy. Incluso cuando todo parecía irse por la borde, existía ese pequeño y esporádico deseo de hacer un cambio.
Pero, pensó Paul, viendo las llamas de fuego moverse como ondeantes serpientes a lo largo de la tierra, no puedes ayudar a quienes no desean ser ayudados.
¿O quizá sí? Murmuraba una voz en el fondo de su cabeza. Suave, dulce, con un timbre muy parecido al de Kate... y al de su madre biológica, cuya voz era apenas un recuerdo vago que se desvanecía de tiempo en tiempo como el afecto que nunca habia llegado a sentir por ella.
Ella habia tenido miedo, seguramente. Ni Kate ni Nathan habían intentado dar mas información de la necesaria acerca de su madre mientras crecían, al menos no más de la que Paul habia preguntado. Pero sabia que habia tenido miedo. No sabía cómo, quizá la habia oído decirlo, quia su mismo miedo infantil habia cubierto los espacios sin información que habia dejado su madre y, como resultado, solo podía recordar su miedo.
Kate habría tenido miedo. Nathan tenía miedo, podía verlo en su mirada, en la forma en la que se sostenía el arma en el cinturón, en como usaba uno de sus brazos para sostener el de su hermana Nancy. Los demás tenían miedo, estaba en los rostros de los vampiros, en los tritones, en varios metamorfos, en descendientes de hadas, e incluso en aquellos que no habia podido denominar todavía. Todos tenían miedo.
Miedo porque, incluso cuando no estaba presente la amenaza principal, habia una duda, un desconcierto, una desconfianza a lo desconocido, al control, al cambio. Paul lo podía ver, ahora mas que nunca. Se pregunto, sintiendo las llamaradas tomando fuerza a sus espaldas, si Valia la pena lanzar todo por la borda solo por ese miedo.
Ellos creían que sí.
Pero los lobos no le temen a nada.
Pudo sentirlos incluso antes de que llegaran. Los sonidos del galope, la agilidad de sus movimientos y los sonidos de sus respiraciones. Miró alrededor al mundo caótico, a las llamas que comenzaban a crecer, y mantuvo la calma. Al menos el tonto de su hermano no estaba ahí para volver peor la situación.