Capitulo 47

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Nick

Todos se habían dado cuenta, que, de nuevo, tendríamos que improvisar. No era una sorpresa tan grande que los Lycans de Camboya hubiesen aparecido, después de todo, el caos de la situación, el secuestro, la implosión de alianzas, todo era una bomba creciente de situaciones interrelacionadas. Era de esperarse que aparecieran, es más, habían llegado tarde.

O al menos de eso me quería convencer.

—¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos? ¡Dios, tengo un calambre! —Zack se movía como un niño perdido en medio de una zona de guerra. Que, en cierto modo, era una buena analogía.

La sala se habia vuelto un desorden de movimiento y discusiones, decisiones y cambios bruscos. Las pilas de documentos acumuladas a los costados habían sido movidas a otros lugares. Las armas retiradas de lugares de fácil acceso y los grupos de agentes seguían ordenes de Francis para encargarse de vigilancia extrema alrededor de la granja y el resto de sobrenaturales. Olía a oxido y a pólvora, a estrés y a la búsqueda de respuestas en la anticipación de su llegada.

—Relájense, no tenemos nada por lo que preocuparnos. —dijo Andrew, una bocanada a su cigarrillo.

—Dile eso a mí abdomen—Zack se levantó la camisa, mostrando la cicatriz que el corte de aquellos cuchillos coloridos de la chica asiática, Yeon- ro, le habían hecho. —Sé que los necesitamos, pero...Lo que hicieron los vampiros...

Un sentimiento de incertidumbre y preocupación recorrió el cuarto. —Tranquilo Zack, —le dijo Nathan—No cometeremos el mismo error dos veces. Y quién sabe, podrían tener respuestas.

Mientras ellos acomodaban, escondían y discutían, volví a mi asiento frente a la computadora. Aun me ardían los ojos, pero las heridas en mis manos habían desaparecido y la llegada de los otros me habia dado una oleada de energía que debía aprovechar. Alguien habia traído una pequeña cafetera -que parecía más antigua que las edades de tía Ancy y Nathan combinadas- pero que fue el cielo mismo cuando la abrí y el olor a café recién hecho me dio en la cara. Comencé a beber de una pequeña taza, afianzando mis nervios, mis miedos y todo lo que venía experimentando. Cualquier información que los nuevos dieran podía significar la diferencia entre la vida y la muerte de Amber y Edward. Ahí habia algo más que desconfianza, habia esperanza.

Levante el comunicador y me asegure de revisarlo antes de activarlo. La línea estaba segura, el código y la frecuencia estaban limpios.

—...Además, —añadió Ryan, entrando al salón. El agua caía por sus pómulos y las puntas de su cabello. —Esta vez nos tienes a nosotros. Una mirada fea y...

—Y te pones a llorar, porque no has visto a ninguno de esos. Tienen putas granadas, ¿ya les habia dicho? —dijo Zack, montándose un chaleco antibalas igual que un pobre tonto. Mire la pila de donde los agarraba con pena. Ah, tendré que ponerme uno también.

Lycans III: ApoteosisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora