Capitulo 46

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Los ángeles sin alma viven más.

Habia oído el dicho unas mil veces. Todos lo mencionaban una que otra vez. Les encantaba decirlo, en especial cuando los ángeles superiores seguían ordenes de llevar a cabo exterminios masivos. Creaba una ligera incomodidad en algunos, risas en otros e indiferencia en el resto. El origen de dicha frase era antiguo, y a veces incierto, pero todos, les gustase o no, sabían que era una cruda verdad.

Aquellos ángeles con alma estaban expuestos a un mundo nuevo, a miles de criaturas dispuestas a acercarse a ellos, a la generación de emociones que no pertenecían a los seres celestiales y al espectro y la duda de la vida y la muerte. Tener un alma traía indecisión, o lo que algunos llamaban... humanidad, esa subjetividad idealizada sobre el resto que te volvía vulnerable ante asesinatos, exterminios, salvaciones planificadas o cambios bruscos en líneas de sangre mágicas para mantener el equilibrio.

Un ángel con alma era susceptible a la ira, a la impulsividad, al amor. Un ángel con alma era inestable.

Dicha frase no se refería a un alma en el sentido terrenal, sino más bien a un tipo de representación que juzgaba, en cierto modo implícito, a seres celestiales que eran frágiles en extremo ante sus características más primitivas. Se entendía que estas características eran normales, pero solo cuando eran como una brisa suave, un leve latir sobre la piel que jamás penetra más allá de la primera capa. Si lo hacía, se habría la posibilidad de una fluctuación.

Un ángel inestable no podía servir su deber celestial, su único y perfecto propósito para existir: mantener el balance.

Al menos estos eran uno de los propósitos principales de la frase. Los otros, esos de los que nadie hablaba, no eran tan importantes. Sea como fuese, Lucifer estaba seguro de que el dicho se repetía de boca en boca mas como un recordatorio que un decir, mas como una advertencia silenciosa que les recordaba a aquellos que eran débiles que sentir de la misma forma que los humanos era un error.

Pero todos sabían, de una forma u otra, que era muy difícil. Lucifer se lo preguntaba constantemente, e incluso habia tenido esa conversación con Gabriel. Cuando ambos apenas habían sido creados, y apenas se acostumbraban a existir, se habían preguntado porque existía semejante superstición con emociones o la definición del "alma" si, al final, de igual manera los seres celestiales terminarían expuestos a ello.

Con el tiempo sus debates habían pasado a ser opiniones complejas. Gabriel creía que era parte de la norma, una necesidad para el balance, Lucifer habia creído lo mismo... y luego habia caído en cuenta de que también era una advertencia peligrosa. Una forma de evitar que cayeran en el camino de los descarrilados para así poder tener el control de los celestiales que tenían potencial, para evitar que tomaran decisiones distintas o se cuestionaran la jerarquía, la toma de decisiones... o su propia existencia.

Lycans III: ApoteosisHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora