¿Alguna vez dejare de hacer lo que sé que no debo hacer?
He caído nuevamente en la tentación, mi convicción ha durado solo una hora, el tiempo que tarde en llegar a la dirección que me envió. Decidí que sería la última vez, que no volvería a ser parte de este juego absurdo que solo se ganaba si alguien más salía herido; siempre era yo el perdedor. Conduje hasta el lugar ensayando las palabras que debía decirle apenas nos encontráramos, temía que la torpeza me controlara y no me permitiera organizar mis ideas para recitarlas en un discurso convincente. Rumbo al último piso, el más seguro por su falta de huéspedes —como si el mero hecho de estar en un hotel de paso no fuera suficiente precaución—, observe mi reflejo en el espejo del ascensor, o lo poco que podía ver de mi rostro cubierto. Yo me convertía en una sombra cada vez que nos veíamos, alguien sin nombre ni rostro. Nadie podía reconocerme, y no lo harían porque en esta parte de la ciudad nadie me conocía, pero el temor a ser atrapados lograba jugar con nosotros obligándonos a utilizar ropa sencilla y cubrebocas; a veces el hotel no tenía aire acondicionado, así que una figura completamente vestida de negro, con gorra y cubrebocas a juego, no era precisamente disimulada; al menos el hotel de esta vez tiene el aire acondicionado trabajando sin inconvenientes. Las puertas del elevador se abren, podría quitarme el cubrebocas porque soy el único en el pasillo; lo mantengo pegado a mi rostro como una segunda piel protectora. Llamo a la puerta del cuarto donde sé que me espera, escucho sus pasos aproximarse atraídos por mi presencia; abre la puerta y mi confianza en la decisión que había creído tomar se desvanece. Ella se arroja a mis brazos desesperada, solo soy capaz de abrazarla con la misma fuerza mientras nos llevó al interior de la habitación, asegurándome de cerrar la puerta con seguro. Adentro, me arranca la gorra y el cubrebocas para poder besarme. Mi cuerpo reacciona ante la droga que ansiaba conseguir de nuevo después de un mes de ausencia. Nuestros besos adoptan el sabor de sus lágrimas que siguen brotando de sus ojos cerrados, deduzco que ha estado llorando mucho tiempo por la irritación e inflamación alrededor de sus parpados.
—Espera... —digo en medio del beso—. Dime qué paso. Estás llorando
—Ahorita no —sus manos son rápidas al deslizarse dentro de mi sudadera, la retiran en un movimiento que ayudo a facilitar alzando los brazos—, por favor. Solo quiero sentirme bien; olvidarme de todo y concentrarme en nosotros
Por un segundo soy yo quien estuvo a punto de olvidar de lo que se trata nuestra relación, si es que propio utilizar esa palabra para describirla. Ante ella me vuelvo una simple distracción; un pasatiempo escondido y peligroso; algo cuyo único propósito es brindarle el placer más exquisito. Cada encuentro me despoja de mi naturaleza humana y me humilla al nivel más bajo de todos los seres; ella, las demás personas, son dignas de pisotearme sin que yo imponga resistencia y ni siquiera así cometerían un acto tan atroz como el que yo mismo cometo al dejarme seducir por el susurro de la lujuria. Otorgo el control de mi cuerpo y mente porque el de mi corazón lo obtuvo hace mucho tiempo. No puedo reclamarle nada a ella ni a mí mismo porque soy consciente de la decisión que tomo; de las consecuencias que tiene y de que, a pesar de tratar de abandonarlo, no puedo dejarla.
Cumplo con mi rol durante el tiempo que pasamos juntos, la complazco a ella y a mí. Su deseo de querer sentirse bien y de olvidar todo me motiva a convertir cada beso en algo más poderoso que un narcótico. Sin embargo, lo que realmente me impulsa a arrastrarla conmigo al infierno —porque ninguno de los dos somos merecedores del cielo—, es el eco de su deseo de querer concentrarse solamente en nosotros que rebota en mi cabeza sin parar. Me muevo dentro de ella esperando que mi esencia invada cada rincón de su interior; necesito saber que soy el único pensamiento en su mente y el único nombre grabado no solo en sus labios cuando lo grita, sino, en su ser. Le entrego todo de mí esperando recibir un poco de ella, incluso una mirada tierna sería el mejor regalo que pudiese darme, pero, cuando abre sus labios para besarme y los arrastra hasta mi oído, lo único que pronuncia es la suplica de más. Quiere que le dé todo de mí, y yo se lo entrego; le entrego más aún si significa quedarme vacío.
ESTÁS LEYENDO
𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥𝕤
FanfictionDe todo un poco en esta serie de one shots de Levi Ackerman y ____. 🥇No. 1 en leviackerman (23/10/21 - 24/10/21) 🥇No. 1 en ackerman (03/11/22) 🥇No. 1 en levixreader (29/12/22 - 30/12/22) (1/03/23 -02/03/23)
