Capítulo veinte.

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Los minutos que siguieron fueron un borrón de escenas. Después de haber tumbado al primer Crank, pronto y después de recuperarse del espasmo inicial, sus amigos se unieron. Dos mujeres se abalanzaron sobre mí, con sus armas en alto. Mi cuerpo reaccionaba solo, ni si quiera me detenía a pensar mis movimientos, mis reflejos actuaban por si mismos. A la primera la tumbe de una patada en el estomago y con el cuchillo que le había arrebatado al primer Crank, ataqué a la segunda, cargándoselo con fuerza en un brazo. Se tambaleó hacía atrás, soltando el machete que cargaba. Minho fue el primer habitante en reaccionar. Tomó los machetes que las mujeres habían abandonado, dejándose uno y lanzando el otro a Newt, quien lo atrapó al vuelo.
Los dos se reunieron en torno a mí, uno a cada lado. La chica que sostenía la pala astillada se lanzó sobre Newt y un hombre de aspecto mortífero sobre Minho. No me detuve a observar como se desempeñaban en sus respectivas peleas porque inmediatamente otro Crank se lanzó sobre mí. Por el rabillo del ojo, sin embargo, noté como los demás Habitantes se reunían en el combate. Después de todo, nuestros oponentes estaban en unas condiciones físicas deplorables, lo único que les daba un poco de ventaja eran sus armas, pero desarmarlos estaban siendo fácil. Bastaba con esquivar un par de sus estocadas y saber propinar un golpe en el lugar exacto.

Pero, justo cuando creía que nos habíamos hecho con el poder, oí por entre el bullicio de las armas entrechocar y los chillidos, la voz atronadora de Jorge.

La chica con la que estaba peleando cayó al piso. Pateé el cuchillo que saltó de su mano lejos de ella.

Los gritos se habían apagado. Solo se escuchaban jadeos provenientes de Cranks y Habitantes.

La repentina aparición de Jorge había parado la batalla.

Miré a mi alrededor.

Los Habitantes, la mayoría de pie, trataban de recuperar el aliento mientras apuntaban con sus armas a los Cranks caídos. Nadie parecía herido, al menos no gravemente. Quizá algunos contaban con un par de cortes superficiales, pero estaban bien. Ni Cranks ni Habitantes habían muerto. Los pocos Cranks que seguían de pie se habían aglomerado y formaban un grupo compacto, enseñando las armas, como esperando que fuésemos por ellos.

-Sorpresa. --Dijo Minho, mirando a Jorge con una sonrisa de suficiencia.

Antes de poder detenerlo, Minho, como siempre, se precipitó. Se lanzó contra Jorge, confiado. Pero ese Crank era diferente a los debiluchos contra los que habíamos luchado.

Minho levantó un brazo, empuñando un cuchillo, pero Jorge era hábil. Detuvo el golpe, le quitó el cuchillo, le rodeó el cuello con un brazo y con la misma arma que Minho lo había amenazado, Jorge la sostuvo a centímetros de su cuello.

Instintivamente me lancé hacía la chica a la que había tumbado. La tome del brazo y la puse de pie. Imité la posición de Jorge. Le rodeé el cuello con un brazo y con mi mano izquierda sostuve mi cuchillo, la hoja de este estaba rozando su cara.

Se hizo el silencio.

Jorge y yo nos mirábamos directo a los ojos. Ambos, con un solo movimiento, podíamos acabar con nuestro prisionero.

Los Habitantes contenían el aliento, observando alternativamente a Minho y a mí.

-Suelten las armas. --Ordenó Jorge.

Oí el ruido que hacían las armas al chocar contra el suelo. Los Habitantes, con las palmas en alto, se retiraban hacía atrás.
Los Cranks tomaron posición de ellas. Los caídos comenzaron a incorporarse, la mayoría con cortes en los brazos y cara. El grupo que se había compactado bajo las armas y se separaron.

-¿No me oíste, princesa?--Me preguntó Jorge. --Suelta esa arma.

-La soltaré si lo sueltas a él primero. --Replique. Apreté más el cuello de la chica, mi cuchillo centello.

-Suéltala a ella primero. No querrás ver a tu novio morir, ¿verdad?

¿Novio?

-¿Por qué no lo compruebas?--Le solté. --Vamos.

Jorge, contra todo pronostico, sonrió. Era la misma sonrisa amenazante, pero soltó a Minho.

-Bien.

Solté a la chica, dejando caer el cuchillo.

Jorge cruzó sus brazos por sobre su pecho, volviendo la vista hacía sus amigos Cranks.

-No me interesa saber que fue lo que paso, solo quiero saber quien causo todo.

Los ojos de los Cranks se volvieron hacía mí. Jorge alzó las cejas.

-¿Tú?

Me erguí cuan alta era.

-¿Sorprendido?

Jorge me examinó de pies a cabeza, evaluandome. Al final, se encogió de hombros.

-Muy bien, ¡Escuchen todos!--Señaló a Thomas y agregó. --El payaso y yo hemos tomado una determinación. Primero, tenemos que buscar comida para esta gente. Yo se que resulta una locura compartir con un puñado de extraños los alimentos que tanto trabajo nos costo conseguir, pero creo que su ayuda puede venirnos bien. Segundo, dado que soy un caballero, he decidido que no mataré al cretino que me ataco y tampoco a la señorita que le dio una paliza a la mitad de mis compañeros.

Hubo quejidos y gritos de descontento, por su puesto.

-A cambio de eso. --Agrego Jorge. --A este cretino, le cortaremos un dedo de cada mano y a la señorita...Bueno, una mano menos no te hará falta.


La Recluta A-0. PRUEBA DE FUEGO. [Terminada].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora