Capítulo cuarenta.

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Las chicas del Grupo B se encargaron de repartir equitativamente su armamento entre ambos grupos. Yo aun llevaba mi cuchillo, al cual le había tomado una especie de cariño y una espada pequeña, regalo de las chicas. 
Mientras Harriet, la líder de las chicas, se dirigía a ellas para indicarles como atacar, Minho se dirigió a nosotros; pero sus palabras fueron rápidamente apagadas por el viento. En el cielo, estelas de luz atravesaban los negros nubarrones, que flotaban a pocos metros de altura. El olor áspero y picante de la electricidad impregnaba el aire. 

Volví a bajar la vista, concentrándome en la criatura más cercana a mi posición y que había elegido para enfrentarme. Minho y Harriet habían logrado que nuestros dos grupos se colocaran en un circulo casi perfecto de cara a las criaturas, que se acercaban cada vez más. 
Rompiendo la concentración me volví un momento para ver a Newt, que estaba a mi lado. Me incline hacía él para hablarle justo encima del oído, porque quería asegurarme de que escuchara lo que iba a decirle.

—Tienes que prometerme que ambos saldremos de esto. 

Newt se volteó lentamente y me observó. Sí mi cara expresaba o no toda la desesperación que en realidad sentía, no lo sabía, pero estaba cansada de aparentar. Estaba asustada, aterrada. Sí bien morir no me alegraba, sería aun más devastador salvarme y que Newt no. Se podría suponer que después de todas las perdidas de las que fui testigo debería estar acostumbrada, pero Newt era un caso totalmente diferente. 

-Y que no nos separaremos nunca.—Añadí. Newt seguía mirándome, imperturbable.—Maldición, Newt, prometelo. 

Sin previo aviso sentí que me levantaba unos centímetros del suelo, que una mano me aferraba por la cintura y luego que los labios de Newt se cernían sobre los míos. 

Una explosión de sentimientos estallaron dentro de mi estomago y por un segundo la inminencia de muerte paso a segundo plano. Destellos en mi cabeza de breves recuerdos fragmentados, donde solo podía distinguir un rostro y era el de la persona que tenía en frente. 

—Te lo prometo.—Mascullo Newt.  

—¡Ahora!—Gritó otra voz. Newt y yo nos separamos y volvimos a fijar la vista en aquellas repugnantes criaturas. Minho estaba un paso por delante de nosotros y señalaba con su espada a las criaturas.—¡Al ataque!

La Recluta A-0. PRUEBA DE FUEGO. [Terminada].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora