Capítulo 39

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Casey

Entré lentamente al lugar y me senté en la misma banca en la cual me había sentado hace dos años. Observé el lugar que estaba algo más lindo a excepción de uno de los arreglos florales que me traía mala espina.

¿Me entienden?, mala espina. Porque son flores y esas cosas. Bien, da igual.

- ¿Puedo ayudarte en algo? - Un hombre con unas cuantas canas se puso frente a mí.

- Yo...

- Oh, pero si eres la chica de hace unos años. - Le miré confundida. - No viniste a la misa.

- Yo estuve en Japón durante un tiempo.

- Te dije que nos volveríamos a ver. - Él sonrió dejando ver algunas arrugas en su rostro.

- Usted se ve más viejo.

- Si, bueno ya tengo mis años. - Se sentó a mi lado. - ¿Qué te trae por aquí?

- No lo sé.

- ¿Cómo esta la mujer? - Volví a mirarle confundida. - La de tus plegarias.

- Oh, ella murió. - Murmuré.

- Lamento escucharlo.

- Lamento decirlo.

- ¿Necesitas hablar de algo? - Yo miré mis pies.

- Me siento algo culpable.

- ¿De qué?

- De comparar a mi nueva pareja con la anterior. - Suspiré.

- Oh, bueno muchas veces puede llegar a pasar. - Él me miró como si buscara algo en mi. - Creo que tu caso es porque no estas enamorada de tu actual pareja.

- Yo le quiero.

- Pero eso no significa que estes enamorada de ella. - Yo me quedé en silencio. - ¿Me equivoco?

- No lo sé...

- Me llamo Alberto. - Él estiró su mano y yo la acepté.

- Me llamo Casey, y no creo que ese arreglo floral atraiga a la gente.

- Ni me lo menciones. ¿Por qué no vienes a la misa de este domingo?

- Yo... no creo que me quiera aquí. - Él me miró confundido. - Me gustan las chicas.

- ¿Por qué no te iba a querer aquí?, a mi me da igual si te gustan los chicos o las chicas, Dios no juzga y nosotros tampoco deberíamos hacerlo. ¿Vendrás?

- Me lo pensaré.

- ¡Padre Alberto! - Esa voz, diablos. - Le he traído su encargo y no se preocupe, nada demoníaco a lo cual tenga que realizarle un exorcismo.

- Andrea, Carlos. Coloquenlas en los floreros, ahora estoy ocupado.

- Yo debería irme. - Ni siquiera me voltee para evitar encontrar su contacto visual. - Adiós.

- Oh, adiós Casey. - Cuando iba a correr a la salida, choqué con alguien, ese perfume. Torpe.

- Cass.

- Debo irme.- Traté de evitarle pero ella tomó mi brazo.

- Casey.

- Quiero irme, por favor. - Sentí una angustia crecer y los recuerdos de ese día vinieron a mi mente.

- Calmate, por favor. No puedes irte así. - Ella tomó una de mis manos que empezaban a golpear mi pierna.

Torpe. Torpe. Torpe. Torpe. No sabes hacer nada. Calmate idiota.
- Llamaré a Gregor.

- Yo... yo puedo. - Me las arreglé para hablar.

- Carlos, no la toques pero vigilala. - Ella me ignoró mientras caminaba lejos, pude observar como llamaba por su teléfono.

- Señorita, le traeré un vaso con agua no se mueva. - El chico de la tienda se fué y mi pierna no paraba de moverse, debía irme.

- Casey, tranquila. - Las manos del padre Alberto se pusieron en mis hombros y me sonrió. - Todo esta bien.

- Ella es mi ex... - Murmuré.

- No tienes que ponerte así, es sólo una persona más. - Negué.

- No es sólo una persona más, es sólo ella. - Él mantuvo su sonrisa, ¿Qué tenía de gracioso la situación?

- Le he traído un poco de agua bendita. - Yo reí levemente por el chiste del chico y tomé un poco de agua.

- Gregor ya viene, no te preocupes. - Bajé mi mirada e intenté volver a respirar correctamente. - ¿Te sientes mejor? - Asentí. - Me alegra.

Me quedé en silencio y mantuve mi mirada lejos de ella.

- Bien, Carlos es hora de volver al trabajo. - Ella se alejó y se lo agradecí.

- Si necesita cualquier cosa no dude en decirmelo. - El joven se alejó con una sonrisa y yo miré al padre Alberto.

- Me empieza a molestar su sonrisa.

- ¿Recuerdas lo que te dije aquella vez?

- ¿Sobre participar en la Iglesia? - Negó.

- Sobre que todo pasaba por algo. - Yo asentí. - Piénsalo.

Gregor entró alterado y me tocó llevármelo ante un interrogatorio pero daba igual, sólo quería irme de ahí. Ver a Andrea me había afectado, sobre todo ver el hecho de la decadencia en la que había caído.

- ¿Gregor? - Él levantó la mirada de su cuaderno.

- ¿Si, Casey? - Quería preguntarle sobre Andrea pero algo me lo estaba impidiendo.

- ¿Me acompañarías a comprarme un carro? - Él asintió.

- Claro, mañana podemos ir, sí es que quieres.

- Bien.

- ¿Eso era todo? - Asentí. - Andrea ha cambiado, ¿No lo crees?

- Lo he notado.

- Se ve mal, me gustaría en que en ese tiempo se hubiese hecho alguien super sexy y tú cayeras a sus pies y todo eso, pero este no es el caso. - Yo asentí.

- ¿Por qué esta así?

- Perdió muchas cosas. - Suspiré.

- Recuerdo que Jeff dijo que su padre se fue a Miami. - Él asintió.

- Si, pero eso no es lo peor. Te perdió a ti.

Sólo túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora