Capítulo 31

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Casey

Gregor nos ayudó a dejar las pinturas dentro del lugar y a cubrir de diario el piso, sabía que pronto iba a empezar su turno en la pizzeria así que le dije que se marchara, de todas formas iba a volver en una hora para buscarme e ir con la terapeuta.

- ¿Esto no le afectará? - Ella negó.

- Tranquila pequeña, ya nada puede hacerme peor. - Ella sonrió y yo le emite mientras sacaba los rodillos de pintura. - Gracias por venir a ayudarme, Andy se ha enfermado así que eres la mejor opción que podía tener.

- Le dije que tenía que llevar más ropa a la pista de hielo. - Murmuré.

- Es una cabezota. - Yo asentí riendo.

Ella iba a pintar blanco y verde, creía que se vería lindo y yo también lo creo. Ella se veía alegre pintando, ella siempre trataba de verse feliz sin importarle estar muriendo, creo que lo hace para que los otros no estén tristes, ella si era grandiosa.
- ¿Cómo van las terapias?

- Bien, ella cree que he avanzado mucho desde la última vez y es todo gracias a Andy, ella me ayuda a superar todas las limitaciones que yo misma me había puesto. Aún así temo que al estar sin ella allá me de ansiedad, ella dice que pronto trabajaremos eso.

- Me alegra que estes avanzando. - Ella revolvió mi pelo y sonreí. - Creo que esta quedando bien.

- Sip.

- Si terminamos para mañana pronto compraré los muebles y las plantas.

- Si necesita ayuda puede llamarnos a Gregor y a mi.

- Eres una excelente chica. - Yo me ruboricé levemente. - Ahora entiendo por qué las chicas van tras de ti.

- ¿Tras de mi? - Ella asintió.

- Que a ellas les gustas. - Me explicó.

- A mi me gusta Andrea. - Sonreí.

- Lo sé.

- Con permiso. - La campana de la puerta sonó y vi a Gregor. - Es hora de tu sesión. - Yo asentí.

- Bueno, debo irme. ¿Estará bien aquí sola?

- Tranquila, vendrá Tori a ayudarme. - Yo asentí y ella besó mi mejilla.

Gregor me llevó al edificio de la terapeuta y se marchó para volver al trabajo, la terapeuta recomendó que debería volver sola a casa ya que me ayudaría a trabajar mi confianza en público. Subí hasta su piso y toqué su puerta, no tardó mucho en abrir y dejarme pasar.

- ¿Qué tal tu día?

- Va bien, ¿Qué tal el suyo señorita Rose? - Ella alzó la mirada y me sonrió.

- Bastante bien. - A pesar de que dijo eso la joven terapeuta parecía cansada. - ¿Qué has hecho?

- Fui a ayudar a Camila con su nueva florería. - Sonreí.

- ¿Quién es Camila?

- La madre de Andrea, ella es muy agradable.

- ¿Se llevan bien? - Asentí.

- Ella ahora es muy agradable, pero ella esta muriendo. - Jugué con mis dedos.

- ¿Qué le ha pasado?

- Ella tiene cáncer terminal

- Lo lamento.

- Yo también.

La sesión iba tranquila, cuando salí me apresuré a tomar un autobús pero esta vez iba al hospital, quería visitar a mamá. Cuando llegué la recepcionista me dejó pasar sin ningún problema, llegué a la oficina de mamá y ella atendía un montón de papeles, al verme parecía confundida.

- Casey, ¿Qué haces aquí?

- Tengo una pregunta. - Ella me indicó que me sentara y yo obedecí. - ¿No hay ningún tratamiento para Camila?

- Oh. - Ella se quitó las gafas que llevaba. - No, al menos no por ahora. Quizás en un tiempo podamos encontrar algo pero no es nada seguro, por ahora la única forma de que se salve es un milagro.

- ¿Un milagro? - Ella asintió.

- Es cuando Dios te ayuda un poquito.

- ¿Y cómo consigo eso?

- No lo sé, pero quizás con una oración que venga desde tu corazón podría ser de ayuda. - Ella sonrió. - No es nada seguro, pero eso puede ayudar.

- Gracias mamá, nos vemos en casa.

Salí rápidamente y le pregunté a una de las enfermeras donde había una iglesia, ella me dijo que a la vuelta de la esquina había una y corrí ahí. Al llegar el lugar estaba vacío, me senté en una de las bancas y cerré mis ojos juntando mis manos.

- Dios, si me estas escuchando por favor ayuda a la mamá de Andrea, Camila es una gran mujer y sé que se ha equivocado y le hizo daño a su familia, pero papá dice que tu perdonas a todos así que perdonala como lo hizo su familia, perdonala y déjala vivir, ella va a abrir una gran florería, no te la lleves aún. - Cuando abrí mis ojos un cura bastante joven que me sonreía a mi lado. - Lo siento, yo sólo entré.

- La casa de Dios siempre estará abierta para todos. Lamento escuchar tu plegaria.

- ¿Usted cree que sirva?

- El futuro es incierto pero te aseguró que Dios hace todo por algo.

Sin la enfermedad quizás ellas nunca se hubiesen arreglado.

- ¿Incluso si ella muere estará bien?

- Si ella muere es porque su misión en el mundo ha acabado, las pérdidas duelen pero Dios lo ha hecho por algo. - Yo asentí. - La gente sólo se enfoca en lo negativo y le echa la culpa a Dios, pero nadie ve lo positivo.

- Usted divaga un poco. - Él rió.

- Ahora, ¿No te interesaría ser parte del coro?, atraerás a los jóvenes del lugar.

- Yo no canto.

- Oh, ¿No quieres comprar algunos libros?

- No tengo dinero. - Él suspiró.

- Bien, será para la próxima.

- ¿Cómo sabe que puede haber una próxima?

- No lo sé, pero lo supongo. Nos vemos.

Él se fue por una puerta y yo miré la figura de Jesús atrás del altar. Fue la última vez que vi la iglesia antes de irme del país.

Sólo túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora