Andrea
- ¿Crees que si le propongo matrimonio ella acepte? - Mi amigo parecía asombrado.
- Yo... ¿Planeas pedirle matrimonio?
- No te alteres, pero el otro día caminaba en el centro comercial y vi un anillo... no pude evitar comprarlo. - Saqué la caja de mi bolsillo pero él se apresuró a detener mi mano para mostrarselo.
- Guarda eso. - Tom parecía horrorizado. - ¿En serio quieres hacerlo?
- Es en lo único que pienso.
- Entonces creo que esta bien, sólo no lo arruines. Tonta.
- Claro que no lo haré.
Miré el anillo y suspiré, por fin había terminado de pagarlo.
- Creo que tendrás que conocer las cajas del ático. - Murmuré.
- ¿Andrea? - Me voltié rápidamente y me quedé estática. - ¿Podemos hablar?
- ¿Estás segura?, no es necesario si...
- Si es necesario. - Yo le miré y observé su determinación, terminé aceptando. - Ven.
La seguí hasta una de las cafeterías del centro, aunque ella prefirió una mesa bastante privada no me importó.
- ¿Qué quieres? - Negué. - Siempre tienes hambre, venga.
- Ya no. - Admití. Eso pareció afectarle, lo noté por esa mueca que hacía. - No sé que decirte, Casey.
- Te estuve buscando un montón de tiempo, pensé en rendirme pero te encontré en la calle. - Yo asentí. Espero que no haya visto el anillo. - Primero, quería disculparme por mi reacción al verte.
- No me ha molestado, no te disculpes.
- Bien, iré al grano. Estoy preocupada por ti, he hablado con Dianne y no creo que sea sano lo que te estas haciendo. Te estás... - No la dejé terminar de hablar antes de levantarme y empezar a caminar a la salida.
Cuando salí de la cafetería observé la calle en la que estaba para volver a mi auto pero cuando traté de iniciar mi camino, ella me detuvo.
- ¿Me acabas de dejar las palabras en la boca?
- Estoy cansada de escuchar ese mismo discurso. - Le miré. - De todas formas no debería importarte, - Su agarré en mi brazo se apretó. - tu y yo ya no somos nada. Si Gregor te ha enviado, dile que me da igual. Vive tu vida, Casey.
- No me ha enviado Gregor. - Tomé su muñeca para que me soltara pero no lo hizo. - No puedo seguir con mi vida cuando tú estás así.
- Lo lamento, pero eso no debería ser así.
- No deberías ser así. - Me las arreglé para soltarme de ella y seguir mi camino. - Se te ha caído algo. - Me voltié y ella tenía una pequeña caja en su mano, demonios. Me apresuré a quitárselo de las manos. - Andy...
- Por favor, no. - Mordí mi labio. - Sé que cometí un error que te hirió, pero a mi también me dolió. Aún me duele. - Bajé la mirada. - Lamento ser una sombra de lo que fui, sé que te preocupas por todos pero ya no soy nada tuyo.
A diferencia de ella de que siempre será el amor de mi vida.
- Por favor, no sigas con esto que te haces. - Ella tomó mis hombros. - Por favor, sonríe honestamente.
- ¿Cassy? - Ambas dirigimos la mirada hacia la chica pelirroja.
- Sólo déjame ir como lo hice contigo. - Le murmuré alejando sus manos de mi cuerpo. - Susan.
- Andrea. - Ella parecía irritada al mirarme. - ¿Le molestabas?
-Ya no más, adiós. - Me voltié y empecé a caminar hacía mi auto que debía estar a unas calles.
Cuando llegué al auto y pude sentarme en el asiento suspiré antes de que las lágrimas empezaran a salir. Me daba asco la persona que soy.
- Lo siento. Lo siento. Lo siento. - Murmuré pegando mi frente en el manubrio. - Lo siento. - Me miré en el espejo retrovisor.
Vi la luz de una patrulla acercarse y se detuvo detrás de mi auto, noté como el policía bajaba y se acercaba a mi auto, demonios. El día no estaba a mi favor. Él tocó mi vidrio y mientras lo bajaba aproveché de limpiar mis ojos.
- ¿Pasa algo oficial?
- Planeaba hacerle una broma a mi mejor amiga pero creo que tendré que dejarlo para después. - Alcé mi mirada y ahí estaba el castaño que mejor me conocía. Tom Sandler. - ¿Qué pasa?
- ¿No deberías de trabajar? - Se encogió de hombros.
- Estaba por terminar mi turno, iba a dejar la patrulla a la estación. Ahora no me cambies el tema.
- He hablado con Casey.
- Oh.
- Si, oh. - Miré mis manos.
- ¿Y qué ha pasado?
- Me he dado cuenta de la basura de persona que soy. - Cuando lo miré vi algo de pena en sus ojos, pero no de aquella que te hace sentir mal. - Y qué aún le amo.
- Ambas cosas ya lo sabía. Tonta.
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Sólo tú
Teen FictionCasey nació con el síndrome de Asperger, creció bajo el manto de su madre y clases en casa. Nunca pudo socializar mucho y definitivamente Andrea lo notó. A diferencia de Casey, Andrea ha tenido una vida normal a pesar de los conflictos con sus padr...
