El mundo mágico siempre ha tenido secretos, unos más importantes que otros.
Secretos en cada esquina, en cada familia y más si dos personas que no debían estar destinadas a estar juntas, quieren estarlo.
Nadie debe saber sobre sus miradas, caricias...
En la mañana todo el mundo se preparaba para la boda de Bill y Fleur, algo emocionante entre tantas cosas tristes, Lynne junto con Angelina ayudaban a Fleur a estar lista a tiempo, por mientras que los hombres hacían por tener preparado todo lo demás, Molly junto con Ginevra estaban con la comida. Hermione seguía recostada dejando caer algunas lágrimas, su hermano entro a la habitación al verla en esa situación.
— Herms... ¿vas a asistir a la boda? — le pregunto cerca de ella.
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— No creo, Harry — respondió, sin levantarse.
— Vamos... tienes que despejar tu mente — sugirió, él.
— No quiero... — dijo, cubriendo su cabeza con una cobija.
— Sal de aquí — le ordeno, Pansy a Harry desde el marco de la puerta — déjame a mí — le pidió, él se fue del lugar — Bien... las dos hemos perdido a nuestros padres, es muy triste yo estuve en tus zapatos y tú estuviste conmigo a tu manera... — le recordó — ahora yo estaré aquí pero a mi manera — hubo unos segundos de silencio — ¡Más vale que levantes ese trasero de la cama porque salí desde temprano a buscarte un vestido, así que, te lo pondrás!... ¡Ahora! — le gritó mientras la agitaba en su lugar.
— Déjame en paz... — le pidió, la castaña.
— ¡Hermione! — exclamo, cruzada de brazos.
— ¿Qué? — pregunto, ya sentándose en la cama.
— Tienes que tomar esto — le dio un frasco — es poción multijugos... no debes ser tú — le explico.
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— ¿Quién debo ser? — le pregunto.
— Lavender — respondió, saliendo del lugar no sin antes dejar en la silla un lindo vestido rojo.
...
La castaña todavía estaba con el dilema de seguir deprimida o acompañar a Bill y Fleur en un momento tan importante como ese, mientras ella elegía algunos ya terminaban de vestirse como lo era Demetria y Neville.
— Lindo traje — dijo, Demetria cuando le acomodo el moño negro.
— Tu padre me lo obsequió — confesó, Neville sonriente por lo bien que se le veía.