El mundo mágico siempre ha tenido secretos, unos más importantes que otros.
Secretos en cada esquina, en cada familia y más si dos personas que no debían estar destinadas a estar juntas, quieren estarlo.
Nadie debe saber sobre sus miradas, caricias...
Los nuevos prisioneros de los mortifagos llegaban a la mansión Malfoy, Lucius estaba entusiasmado al tener al Ejercito de Dumbledore en sus manos, pero se llevó una gran sorpresa al ver solo a tres personas entrar por su puerta y una con la varita señalándolo.
— Obliviate — exclamo, Sarah contra Lucius.
— ¿Qué es esto? — preguntó señalando a los prisioneros.
— Lo que pediste... la futura señora Potter — respondió, señalando a Luna — y a este mestizo... que no sé porque...
— Debió ser importante, pero no lo recuerdo — se fue del lugar confundido.
— ¿Por qué hiciste eso? — pregunto, Draco que había logrado observar todo.
— No es de tu incumbencia, niño — aseguro, Sarah — llévelos al calabozo — lanzó a los chicos contra él — antes de que Bella los vea — le ordeno, éste los tomo del brazo para poder avanzar.
— ¿Qué es lo que tenemos aquí? — exclamo, entusiasmada Bellatrix al otro lado de la habitación — la señorita Potter — se acercó a Luna, el rubio la alejo un poco de su loca tía — ¿por qué tan alejada de tu noviecillo? — se burló de ella — debería enseñarle una lección de que no debe dejarte sola...
— Ella es mi prisionera, yo la traje aquí — la interrumpió, Sarah poniéndose entre la rubia y Bellatrix — no vas a torturar a ninguno de mis prisioneros, ¿comprendes? — apretujaba su varita por si la necesitaba
— ¡Estás en mi casa! — grito, Bella amenazándola, ambas levantaron sus varitas contra ellas.
— No, de hecho, es mi casa — dijo, Draco detrás de las mujeres aun sosteniendo a los prisioneros — yo recomiendo que guarden sus energías para cuando venga Potter por ella o cuando lo atrapemos — sugirió, bajaron las varitas lentamente.
— Si tienes ganas de torturar, hazlo con los tuyos — dijo por último Sarah antes de acompañar a Malfoy a los calabozos.
...
Ya había pasado varías horas desde que enviaron a Kreacher en busca de Mundungus, Hermione leía mientras el pelirrojo descansaba su junto a ella, dirigió su vista a su hermano que no dejaba de ver volar a su Snitch frente a él, dejo el libro y se acercó.
— Tienen memoria táctil — soltó de repente, la castaña — cuando Scrimgeour te la dio, pensé que se abriría tocándola... — confesó — que Dumbledore había escondido algo dentro — agrego y él solo negaba con la cabeza.
— ¡Harry Potter! — se escuchó una vocecilla, vieron que Dobby ayudaba a Kreacher con Flecher — ¡Tanto tiempo sin verte! — exclamo.
— ¡Quítate! — le ordeno Mundungus al par de elfos.
— Kreacher ha vuelto con el ladrón Mundungus Flecher — dijo, el elfo en ese momento el ladrón fingía dolor y aprovecho para sacar su varita.