Capítulo 30: Cáliz de Fuego

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Dumbledore explico lo que era el torneo de los tres magos y lo peligrosa que era. El torneo junta a tres escuelas, Durmstrang y Beauxbatons para una serie de concursos mágicos, cada escuela escoge a un solo estudiante para competir, si te escogen, compites solo. Esas competencias no son para gente tímida.

El banquete estaba por acabar y con ello hablo el director.

— Gloria eterna, eso le espera al estudiante que gane el Torneo de los tres magos. Pero para ganar, el estudiante debe pasar tres pruebas, tres pruebas sumamente peligrosas... Por eso el Ministerio ha decidido imponer una nueva regla que nos explicara el jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional el señor Bartemius Crouch — Dumbledore explico y presento al siguiente que hablaría.

El techo relampagueaba fuertemente, hasta que el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que acababa de llegar lo detuvo.

El techo relampagueaba fuertemente, hasta que el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que acababa de llegar lo detuvo

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— ¡Demonios, es Ojoloco Moody! — comentó, Fred.

— ¿Alastor Moody?, ¿el auror? — preguntó, Seamus.

— ¿Auror? — preguntó, Dean.

— Atrapa magos tenebrosos. Llenó medio Azkaban... — respondió, Hermione — dicen que está más loco que una cabra

— ¿Cómo es que sabes eso? — preguntó, Harry.

— En la biblioteca hay viejos periódicos, en segundo año los estuve leyendo con... — confesó y se detuvo antes de decir de más.

El profesor Dumbledore se acercó al que sería su nuevo compañero de trabajo.

— Mi querido amigo, gracias por venir — exclamó, Dumbledore.

— Techo estúpido — reclamó, Moody — siempre me ha sacado de mis casillas.

— Después de la debida consideración... el Ministerio ha concluido que por su seguridad ningún estudiante menor de diecisiete años podrá someter su nombre para el Torneo de los tres magos... — explicó, Crouch — la decisión es final.

— Por mí no hay problema... — exclamo feliz Hermione.

— ¡Qué tontería! — gritaron los gemelos al unísono.

— ¡Qué tontería! — gritaron los gemelos al unísono

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