El mundo mágico siempre ha tenido secretos, unos más importantes que otros.
Secretos en cada esquina, en cada familia y más si dos personas que no debían estar destinadas a estar juntas, quieren estarlo.
Nadie debe saber sobre sus miradas, caricias...
Los leones aún se encontraban en su clase de Cuidados de Criaturas Mágicas, Harry había regresado del pequeño paseo en Buckbeak.
— Ay, por favor... — dijo, Malfoy celoso de la atención que Hermione le ponía a San Potter, el rubio paso por varios estudiantes creyéndose superior.
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— Tú no eres nada peligroso, ¿verdad?, ¡gran bruto feo! — Draco se acercó a Buckbeak rápidamente — el hipogrifo se alteró y lo golpeo en el brazo.
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Algunos alumnos salieron corriendo — ¡me mató! — grito — Hermione soltó a Ron para tratar de acercarse a Malfoy, pero su amigo la detuvo tomándola del brazo.
— ¡Hagrid!, ¡tenemos que llevarlo a la enfermería! — exclamo Hermione un poco preocupada, que digo un poco, derramaba preocupación por ese Rubio.
— Yo soy el profesor, yo lo llevare... — Hagrid levanto a Draco como si de una pluma se tratase.
...
Horas después, era tiempo de la merienda y algunos estudiantes se encontraban en el gran comedor, leyendo, estudiando, conversando y otros como Pansy subiéndole el ego a Draco.
— ¿Te duele mucho? — pregunto, Pansy
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— Va y viene. Aunque me siento afortunado — explico, el Rubio — gracias por volverme a hablar — Pansy tomo su libro de transformaciones, lo golpeo en el brazo y Malfoy soltó un grito.