La importancia de la humildad para con Dios

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La importancia de la humildad para con Dios

Uno se preguntaría por qué la humildad en el hombre es tan importante para Dios. Cuando leemos el sermón del monte en Mateo 5 nos damos cuenta que la primera bienaventuranza hace alusión a la humildad. Dice que los que son “pobres en espíritu” son bienaventurados o felices. ¿Cómo esto puede ser cierto? ¿Qué la persona que se dé cuenta que es un desdichado interiormente entonces será feliz? ¿Tiene esto algún grado de sentido para la mente humana? Absolutamente no.

El hombre es un ser muy orgulloso, piensa que es auto-suficiente y de más está decir que cree que no necesita a Dios. Hay personas que piensan de Dios como una cosa más que pueden tener y usarla cuando la necesitan para resolver un problema. Pero nada más. La persona humilde se da cuenta que tiene necesidad de Dios, no para resolver un problema, sino para toda su vida.

La humildad nos permite ver cuál es nuestra condición real delante de Dios: somos pecadores que no merecemos el perdón de Dios y que no hay nada que podamos hacer para llegar a la gloria o al cielo o como sea que le llamemos. Si estas palabras te parecen duras, extremosas o recalcitrantes, es bueno que sepas que estás descubriendo algo: no eres pobre en espíritu. No eres lo suficientemente humilde para aceptar el diagnóstico que Dios hace de ti.

Es por esta razón que la humildad es tan importante. Me permite aceptar con transparencia mi realidad según Dios. Podrás ser una persona maravillosa, tener una mente brillante, ser un padre excepcional, ser un hijo ejemplar, ser una lumbrera en tu área profesional. La gente se confunde porque piensa que lo que son desde el punto de vista de los demás, es lo que son desde el punto de vista de Dios. Pero no es de esto que estamos hablando ni de tu auto-estima ni de tu valor como persona. Ninguna de estas cosas tiene valor de cara a la eternidad ni con relación al perdón de Dios. Es de tu alma, de tu ser, frente a frente a Dios, el Creador, el Juez, el Salvador.

Al final, solamente aquellos con la suficiente humildad para aceptar que son pobres en espíritu recibirán el perdón de Dios. Por eso serán bienaventurados, dichosos, felices. Reconocen su desdicha interior  y así Dios los puede hacer dichosos. Dios los perdonará, bendecirá y dice que “de ellos es el reino de los cielos”. No lo dice ningún hombre. Son las mismas palabras del Señor Jesús.

¿Cuál es tu posición? ¿Aceptas lo que dice Dios de ti? ¿De verdad piensas o sientes que lo necesitas y que estás perdido sin Él? Hasta que no aceptes esa verdad de las Escrituras no eres humilde para con Dios.

Leer Santiago 4:6)

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