Capítulo 20 - ¡Qué vergüenza!

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—¡Mark! —Dios, que vergüenza

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—¡Mark! —Dios, que vergüenza. Pude sentir como mis mejillas tomaban el color de un tomate.

—¿E-estabas viendo porno? —Mark rompió en carcajadas y yo bajé la pantalla de la computadora, de inmediato.

Me tapé hasta la cara con la sabana.

Pasé varios segundos así, hasta que decidí quitarme la sabana del rostro y enfrentar la cara de póquer que tenía Mark.

Cuando me quité la sabana vi a Mark parado al laso de la cama... desnudo.

Casi se me salían los ojos de las cuencas.

—Si tenías ganas de hacerlo, me hubieras dicho, ¿no crees que es más fácil?

—¡Yo no he dicho que quiera! Dios, cuanta vergüenza, Mark —dije y me tapé el rostro con las manos.

—Ahora el apenado soy yo —susurró.

—¿Por qué?

—Porque estoy desnudo frente a ti, con una erección a causa de querer hacerte el amor hasta más no poder.

Me destapé el rostro para comprobar y exactamente.

¡Dios!

Se me escapó una risita.

Él se montó sobre mí, en la cama.

Comenzó a besarme el cuello y a mover sus manos por todo mi cuerpo. Llevó su mano a la parte interna de mis muslos y se me salió un leve gemido.

Mark sonrió junto a mi cuello.

Me metió primero un dedo, y cuando comencé a pedirle más, metió el segundo.

Luego de conseguir que llegara al primer clímax, me preguntó que, si quería más y yo asentí, deseosa.

Estaba llena de calor.

Lo deseaba. Cada centímetro de mí, lo quería dentro. Quería ser completamente suya.

Mark me agarró de las caderas y coloqué sobre él.

Se me salió una pequeña risa y él sonrío.

Le tomé el cabello y él comenzó a penetrarme violentamente. Se me salió un grito ahogado, pero a los minutos ya me sentía mejor, mucho mejor.

Mark me tomó el rostro con sus manos.

—Perdóname —susurró junto a mi boca.

Antes de que pudiera preguntarle el porqué, me besó.

Comencé a deslizar mis manos por la espalda de Mark, mientras él me daba suaves besos en el cuello.

Cuando Mark comenzó a penetrarme más fuerte, le clavé las uñas en la espalda, y él soltó un gemido.

Luego de muchos, demasiados minutos así; el calor había aumentado y dejé que se apoderara de mí. Mark se vino junto conmigo.

—Voy a bañarme, ¿me acompañas?

Amarrada [Libro 1] (COMPLETA Y EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora