Capítulo 37 - La guerra

223 45 18
                                    

Santin se encontraba sentado al lado izquierdo de la cama, tenía sus ojos azules puestos en mí, sin parpadear

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Santin se encontraba sentado al lado izquierdo de la cama, tenía sus ojos azules puestos en mí, sin parpadear.

Me senté en la cama, me crucé de piernas, y me llevé las manos a la cabeza inmediatamente. La luz que entraba por las ventanas me fastidiaba la vista. Bajé la mirada hacía el colchón y noté que era mi colchón. Estaba en mi cama.

Subí la mirada lentamente y me coloqué a detallar mi habitación. Todo estaba en su lugar.

Metatrón se encontraba parado junto a la puerta, como todo un guardián.

—Su alteza, creímos que no iba a despertar. Que susto el que nos pegó.

—¿Cuánto tiempo llevo inconsciente? —miré a Santin y nuestras miradas se cruzaron, por unos segundos sentí que solo estábamos nosotros dos.

—Tres días —musitó.

Me paré de un golpe de la cama y corrí hacia la ventana de la habitación.

—Su alteza, lo siento demasiado —Metatrón hablaba a mis espaldas, pero dejé de escuchar lo que decía cuando vi que las calles estaban llenas de personas, ángeles y sangre por todos lados.

—¿Cuánto van? —me limité a preguntar.

—Más de diez mil; entre mortales y ángeles.

Santin puso sus manos sobre mis hombros y pude sentir como suspiraba junto a mi cabello, sin saber que más decir.

—¿Mark? —sentí un vació en el pecho cuando pregunté por él.

—No hemos sabido nada de él, desde que te trajo.

Antes de que Santin pudiera seguir respondiendo, el cuerpo de un mortal se estrelló contra la ventana.

Me corrí hacía atrás y Santin se puso delante de mí.

El cuerpo de una chica se deslizó por la ventana y sus ojos me miraron fijamente.

—¡Está viva! —grité y salí corriendo de la habitación.

Bajé las escalas lo más rápido que pude, pero mi cuerpo se sentía débil. Me dolía cada musculo, y ni hablar de mi brazo, que lo tenía vendando y sentía el corazón palpitando en él.

Salí de la casa y me fui para la parte de atrás del jardín, donde debería estar la chica.

Me acerqué a ella.

Tenía el cabello morado, unas cejas oscuras y gruesas.

Me arrodillé a su lado, y coloqué mis dedos sobre su cuello. Su pulso estaba débil. Santin y Metatrón aparecieron a los pocos segundos detrás de mí.

—Yulian... —la chica abrió un segundo los ojos y me miró. Tenía los ojos inyectados en sangre—. Eres Yulian.

—¿La conoces? —preguntaron los chicos al unísono.

Amarrada [Libro 1] (COMPLETA Y EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora