PRÓXIMAMENTE EN FÍSICO
Yulian, una joven que no creía en nada más de lo que tuviera frente a sus narices. Estaba confiada en que el mundo era bueno, pero la vida decidió jugarle una mala pasada obligándola a elegir entre la vida, la muerte y el amor...
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La verdad es que quedé perpleja ante la respuesta que me había dado Mark.
¿Depende de mi forma de querer? ¿Es que acaso él no se daba cuenta de cuanto lo quería?
No fui capaz de responderle o de seguirle hablando. Sentía que si lo hacía comenzaría a llorar, no me salían las palabras exactas.
Llegamos a un corredor lo suficientemente oscuro para yo no poder ver nada.
Mark me apretó más fuerte la mano y seguimos avanzando.
Me daba miedo cada que tenía que dar un paso al frente, porque no sabía con qué podría chocar, o en qué podría caer... Mark podía ver todo a la perfección.
Mientras seguíamos con nuestro camino, se podía vislumbrar pequeñas señales de luz. A los pocos minutos nos detuvimos delante de una puerta parecida a la de la habitación donde yo había despertado.
Mark tocó tres veces seguidas, pero no obtuvo respuesta. Así que volvió a tocar, más fuerte.
A los segundos abrió Santin, con cara de pocos amigos.
Mark le hizo unas señas que no entendí y esté asintió.
Santin me estiro su mano para que entrara; acepté.
Mark se fue y Santin cerró la puerta de un golpe.
En la habitación había poca luz. Era una habitación extremadamente grande para solo tener una cama pequeña, una mesa de noche, una pequeña librera y unos muebles blancos, elegantes; que no combinaban para nada con el aspecto viejo y rustico del lugar.
—¿Deseas tomar algo? —preguntó Santin a mis espaldas.
—No, muchas gracias —señalé los muebles—. ¿Puedo sentarme?
—Claro. Hay algo que quiero contarte.
Nos acomodamos los dos en los muebles; él frente a mí.
—¿Qué pasa? —pregunté tratando de ocultar los nervios que ya sentía.
Santin se pasó las manos por el cabello, dudoso y suspiró. Ahí fue cuando supe que algo no estaba bien. Tomó aire y habló.
—Noah no murió —no creí haber escuchado bien, así que solo me quedé mirándolo—. El hermano de Kristin, no murió.
—¿Cómo que no murió? Yo estuve en su funeral, ¡Yo lo vi!
—Bueno sí. En parte murió, pero en parte no —Santin no sabía ni cómo explicar la situación.
Me paré enojada, asustada, confundida, feliz.
Comencé a caminar por toda la habitación, mientras Santin solo me miraba en silencio.
—¿No me explicaras? ¡Háblame, maldita sea!
—¿Él murió por neumonía? Sí, ¿lo enterraron? Sí. Pero resulta que en ese entonces Mark y Martin ya iban detrás de ti, y Martin necesitaba a alguien que estuviera a su lado; Kristin. Él le prometió que, si se ponía de parte de él y lo ayudaba a destruirte, le devolvería la vida a su hermano menor, ella por obvias razones aceptó.