PRÓXIMAMENTE EN FÍSICO
Yulian, una joven que no creía en nada más de lo que tuviera frente a sus narices. Estaba confiada en que el mundo era bueno, pero la vida decidió jugarle una mala pasada obligándola a elegir entre la vida, la muerte y el amor...
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Sariel dijo que debía atender unos asuntos personales, y que por tal razón debía quedarse en la oficina, así que Sarcks me llevó hasta el centro de entrenamiento para que pudiera ver lo que hacían, mucho más de cerca.
Era una especie de cuadrilátero enorme; el suelo estaba cubierto de arena, y había una gran malla alrededor, que cubría el espacio. Había sillas donde los demás ángeles se sentaban para observar los espectáculos que daban algunos durante los entrenamientos.
Cuando me acerqué para mirar mejor, coloqué mis manos en los agujeros que tenía la malla, y me agarré a ella, Sarcks me dijo que mejor me alejara, pero tan emocionante ver a dos ángeles guerreros luchando a muerte. La sangre corría por sus alas, lo que hacía casi imposible querer quitar la vista de ella. Miré a Sarcks emocionada y él negó con la cabeza.
—Es mejor que te alejes, lo digo en serio.
Sarcks no estaba de acuerdo con que me pusieran a entrenar al mismo nivel de los ángeles guerreros. Que, aunque él ya sabía del poder y la fuerza que yo poseía, yo no tenía le menor idea de cómo sacarlo a la luz, ni de cómo manejarlo ni siquiera controlarlo
Decía que podrían hacerme añicos en los primeros segundos. Que Sariel debió de ponerme con ángeles que se encontraran a mí mismo nivel, pero que no; que él siguió insistiendo en que yo debía de entrenar con los ángeles más fuertes. Discutimos sobre ese tema varios minutos, pero a la final Sarcks tuvo que guardar silencio.
Cuando le estaba diciendo a Sarcks se hiciera a mi lado, para que pudiera ver lo que estaba pasando un ángel se estrelló en la malla. Su cabeza se golpeó contra mis dedos. Solté un pequeño gemido de dolor y quité de inmediato mis manos. El ángel se paró en cuestión de segundos y pegándose a la malla me miró con los ojos inyectados en sangre, a cusa de los golpes de la pelea. Se arrodilló.
Tenía el cabello castaño oscuro, sus ojos eran de un color bronce que claramente se verían más hermosos si no fuera por la sangre que tenía en ellos; llevaba una camisa blanca llena con manchas de sangre, y un pantalón negro lleno de rotos, iba descalzo.
—Lo siento, su alteza —cerró sus ojos y dejó caer su peso en la malla. Me acerqué a él, y me arrodillé para estar a su nivel.
—¿Cómo es tu nombre?
—Metatrón, su alteza —alzó su rostro. Sus ojos habían conseguido un brillo especial.
Miré a Sarcks y él se acercó.
—Metatrón es el arcángel más poderoso hasta ahora, y el primero en existir —comentó Sarcks.
—¿Cómo en la biblia? —pregunté, asombrada.
—Como en la biblia —afirmó.
Metatrón seguía arrodillado en el suelo con la cabeza gacha. Los ángeles alrededor comenzaron a gritar que se levantara y continuara con la pelea. Me pegué a la malla, y le sonreí lo más honesta y tranquila que pude.