PRÓXIMAMENTE EN FÍSICO
Yulian, una joven que no creía en nada más de lo que tuviera frente a sus narices. Estaba confiada en que el mundo era bueno, pero la vida decidió jugarle una mala pasada obligándola a elegir entre la vida, la muerte y el amor...
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—¡Papá! —Yulian se había acabado de despertar de otra pesadilla
—Amor, tranquila. Todo está bien.
La tomé en brazos y dejé que sollozara.
Últimamente no paraba se soñar con sus padres.
Soñó con lo ocurrido de hacía una semana atrás, en el café, mientras estaba con Kristin. Sus sueños se convirtieron en pesadillas fácilmente, y cada vez aumentaban más, no sabía qué hacer.
Meterme en su cabeza no ayudaba para nada. Su mente me tomaba como presa y eso la ponía peor.
Decía que no quería perderme, que no deseaba que asesinaran a la persona que amaba, a la persona a la que le había entregado todo, y quería entregarle más de ella; a mí.
Santin le había estado dejando regalos en la puerta de la casa; no me gustaba fingir que no me daba cuenta. Tampoco me llamaba la idea de que él se anduviera pasando por un "Admirador secreto"
Maldita sea, era mía.
—Mark, te está sonando el móvil —la voz de Yulian me sacó de mis pensamientos.
Asentí.
—No lo había escuchado —le di un beso en la frente y me levanté.
Tenía un mensaje de Santin.
"Llámame cuando puedas"
Busqué el contacto y le di llamar.
Al tercer tono contestó.
—Pensé que te habías muerto —habló Santin desde el otro lado.
—Dime, ¿ya sabes quién es?
—Sí... —vaciló un momento la respuesta—. Liam.
—¡¿Liam?!
Maldita sea, lo sabía.
—Sí, eso quiere decir que estaba Liam y Martin ese día allá, por eso Yulian vio a su padre.
—¿Kristin sabe eso? —miré a Yulian y vi que estaba concentrada, mirando por la ventana.
—La verdad no, pero tampoco pienso contarle nada. Esa mujer no me da buena espina.
—¿Y? ¿es que tú sí le das o qué? —pregunté sarcásticamente.
—No vayas a empezar, Mark. Estoy haciendo lo que me pides. Quieres que conquiste a Yulian, que la invite a salir y pendejadas así, para quitártela de encima y que tú puedas hacer tus cosas.
—¡Cállate! —contesté de mala gana y colgué.
Dios, ojalá nada de eso se me fuera a salir de las manos.
Quería a Yulian, la amaba, pero necesitaba mis alas. Estar en el mundo humano era una tortura, necesitaba mi vida.
Le envié un mensaje a Santin, pidiéndole que me consiguiera el número de Roxan.