Capítulo XXVIII

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Las horas de la semana comienzan a correr y se lleva junto a mí las desesperantes ideas de Norman, quien ha sido visitado por su hermano más de una vez, eso me alegra muchísimo. Tal como lo había pensado, es él quien se desespera por el arreglo de la dichosa boda. Además, tiene la maravillosa idea de realizarla en la casa. Rebeca está incluida en el tema de los preparativos y obviamente la comida, porque si no está su mágica comida, no quiero nada.

Alice se ha puesto como loca cuando se enteró de la fecha, quiere ser la madrina y lo será. Fernando el padrino, elección de Norman. En esta carrera que se ha echado el reloj, solo hay un ganador, la situación culminante que no quiero que llegue. En todo ese transcurso, conocemos a Sophia, bastante tímida, humilde pero buena persona y la felicidad que irradian junto a Andrew es hermosa.

Ella también me está ayudando con todo, ella y Alice son las únicas que saben que no quiero casarme de blanco y ellas son las locas que me han metido ideas extrañas en la cabeza, comenzando por la luna de miel. Es decir, en todo este tiempo de ir y venir, con las tarjetas, los invitados y todas esas cosas, no había pensado en que tal vez, muy probablemente exista una luna de miel.

-Necesitarás lencería- Dice Alice moviendo ambas cejas.

-Primero el vestido.- Le digo con firmeza mientras caminamos hacia la modista.

Una mujer algo mayor nos atiende, me explica sobre los modelos de vestido, estoy constantemente asintiendo sin entender nada, mientras mis acompañantes cuchichean quién sabe qué.

-Lía, mientras tú estás aquí nosotras iremos por algo.- Dice Alice.

-¿Qué? No, no, no. Se quedan aquí conmigo.

-Solo será un momentito- Refuerza Sophia.

Y sin esperar respuesta mía, las dos se van. Las miro boquiabiertas por su reacción, la modista me mira por lo que me veo obligada a sonreírle, fingiendo que todo está bien.

Le explico a la mujer que no quiero casarme de blanco, ella se sorprende. Quiero algo de color, un color sutil, pero color al fin. Al principio temo que vaya a parecer una quinceañera, pero la mujer me convence de que no será así, será un vestido de novia con el cual me veré bellísimas.

Después que toma todas mis medidas, mis amigas aparecen, con algunas bolsas. Me aguanto las ganas de preguntar qué tienen allí, igual y lo hago después, cuando esté más tranquila. La señora sigue explicándome cosas con respecto a la medida y lo que quedaría bien en el vestido, lo único que entiendo es que quiere hacer del vestido un baúl de trapos sueltos.

-Quiero algo simple- concluyo- Elegante, pero sencillo, no lo quiero cargado de cosas.- El rostro de la mujer se frunce, aunque intente persuadirme no voy a cambiar mi postura.

Al fin salimos de ese sofocante lugar, me quito las ganas de saber que tienen en esa bolsa y qué era de tanta urgencia como para dejarme sola. Resulta que las señoritas fueron a comprar lencería para mi noche de bodas.

-¿Ustedes están locas?- Ambas ríen. No me lo puedo creer.

-Considéralo un regalo de bodas- Responde Sophi. Giro los ojos, no me lo puedo creer.

Alice y Sophia, regresan a sus respectivas casas, como también lo hago yo. Miro mi celular, es la una de la tarde, toda la mañana recorriendo las calles. Tengo hambre, mucha hambre.

Al llegar me lanzo al sofá y me quito las zapatillas. Descalza voy hasta la cocina, saludo a Rebeca, quien me regaña porque el piso está frio. Pregunto por Norman, aparentemente está en el despacho.

Al salir de la cocina lo encuentro bajando las escaleras. Me sonríe, que bonita imagen. Se acerca a mí, me toma de la cintura, como siempre hace que mi respiración se detenga, y me da un pequeño beso.

-¿Cómo te fue?

-Estoy muerta- Ríe un poco y me suelta. – Norm... no sé si podamos hacer esto, son muchas cosas.

-Tranquila, mañana verás las cosas para tu peinado y de lo demás me encargo yo.

Se tira en el sofá y yo lo acompaño.

-Ya estamos entrando a la segunda semana. Piensa en eso.

-Sí, estamos más cerca de ser marido y mujer ¿no te emociona?

Lo miro atónita ¿en serio quiere que responda a esa pregunta? Claro que no me emociona, es más es solo un día en la que habrá una fiesta, se firmarán unos papeles y después todo seguirá siendo igual entre nosotros. Porque tiene que ser todo igual.

-¡Ah!- Reacciona- Casi lo olvido... esta tarde iremos a un lugar.

-¿Esta tarde? Pero si yo estoy cansadísima. ¿No puede ser mañana?- Hago puchero, ya estoy enfurruñada.

-No, es de suma importancia que sea esta tarde.

-¿Dónde?- Quiero saber y él no responde- Dime dónde o no voy.

-No estás en posición de elegir, iremos porque iremos.

Aish, es insoportable, no tiene en cuenta mi cansancio. Después de almorzar, me tiro en la cama para dar una siestita, creo que cierro los ojos unos segundo, cuando él me levanta otra vez.

-Vamos muñequita, ponte algo cómodo y vámonos.- Susurra cerquita de mi rostro.

-Estoy cómoda en la cama ¿puedo llevármela?- Él ríe y estira las sábanas para que de una vez por todas me levante.

Me ducho, me cambio y otra vez estoy viendo las calles de la ciudad. No sé a dónde me lleva y aunque se lo pregunte no me lo dice. Me preocupa cuando paramos frente a una clínica y allí nos apeamos.

-¿Qué anda mal?- Pregunto preocupada.

-Voy a internarte por unos días- Responde risueño.

-Imbécil, lo digo es serio ¿te pasa algo malo?

Niega, agarra mi mano y tras anunciar su llegada caminamos hasta un consultorio. Hay dos mujeres más, la puerta no dice nada solo tiene el número 7. Nos sentamos a esperar.

-¿Qué es esto?- Susurro- Te juro que no tengo piojos.

-Ya lo verás, tranquila. Solo por favor, no entres en pánico.

Palmea mi mano. Eso ya comienza a preocuparme. ¿Qué no entre en pánico? No debe ser algo muy bueno si ya me pide eso.

Las dos mujeres que están allí lo observan fijamente, achico los ojos ¿qué les pasa? ¿No ven que viene conmigo? Par de arpías, les voy a arrancar los ojos en cuanto sigan viéndolo de esa manera. Una, incluso, le sonríe. Me pego más a él, me aferro a su brazo y apoyo mi cabeza sobre el mismo. No son celos, pero si pretende casarse conmigo, quiera o no será muy mío. Siento su ligera risa a través de la vibración de su cuerpo. A él también le voy a arrancar la cabeza conforme siga con su actitud de donjuán.

...Ay no... en qué me estoy convirtiendo.

-Reedus- Llaman desde adentro. Él se incorpora, yo lo sigo.

Ingresamos al consultorio, huele a manzana y canela, las paredes son de color salmón y los afiches que cuelgan de ellas... ¿Dónde me trajiste Reedus?

-Siéntense, por favor y díganme que les trae por aquí- Habla la mujer.

La miro en silencio, quiero salir a correr.

-¿Y bien?

¿Y bien? Bien muerto voy a dejar a Norman tras salir del consultorio de la doctora, de la ginecóloga Molloy. Según muestra en el escritorio... 

Completamente Tuya *(Norman Reedus)* #PTWDNR2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora