Capítulo LII

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Al otro día apenas y hablamos. Él se va a trabajar y yo me quedo acostada con el gato, hasta cerca del mediodía.

Cuando al fin me levanto ayudo a Rebeca a poner los platos en la mesa. Norman llama.

-Muñequita no iré a almorzar, tengo un almuerzo. De hecho teníamos... pero, no quiero que vengas.

-Porque aún estás enojado conmigo...

-No, no es eso. Estará Grace y seguro vendrá con ella ese idiota y no quiero que se te acerque ¿entiendes?

-Sí.

-Cuídate... besos.

-tú también.

Corto la llamada y sonrío con pesadez, sí se preocupa por mí y agradezco eso. Para no sentirme más sola de lo que me siento, le pido a Rebeca que se siente conmigo y me hable de lo que quiera, estoy dispuesta a escuchar todo. La mujer nota mi estado y comienza a contarme sobre su adolescencia, es alguien que sabe lo que es la vida allá afuera, lejos de todo este encierro y ha vivido mucho sin ser tan mayor. Se le iluminan los ojos cuando habla de su primer amor y todo lo que hizo para estar con ella. Su madre le inculcó saberes de cocina. Sonrío. Bendita sea la madre de Rebeca. Me ha levantado más el ánimo, eso es bueno.

Casi tres horas después Norman no regresa, me desespera cuando no lo hace. Me desespera ahora, porque tengo miedo que algo malo pueda sucederle. Creo que él tiene razón y estoy muy paranoica. Intentando no pensar en eso, subo a la habitación y me meto en la cama, aspiro el aroma que conserva las sábanas y me entra una profunda tristeza. Eso me pasa por tonta, por enamorarme de mi comprador, por no entender que yo no soy más que su objeto, por no ver que él nunca llegaría a amarme, soy una más de su lista ¿Qué esperaba? ¿Amor eterno? ¡Por favor! Eso solo sucede en las películas y libros ¡Tonta! ¡Tonta! Nunca debí dejar que su mirada llegara hasta lo más profundo de mi ser, nunca.

Me quedo dormida con tantos pensamientos recorriendo mi mente... voces y sonidos se mezclan en mi estado de somnolencia hasta que abro los ojos y noto que el extraño ruido viene desde abajo, es el llanto de una mujer. Me levanto de un salto y bajo las escaleras.

-¡Ahí está!- Exclama un hombre sonriendo ferozmente. Hay cinco de ellos, todos me miran.

-Señora, usted dijo que ella no estaba, nos mintió... eso no se hace.- Están apuntando con un arma a Rebeca y a Francis, estoy congelada.

Reconozco a dos de ellos, hombres del Maestro. Giovanni, un italiano, alto, fornido y tiene cola de caballo, y Barry también alto, pero a diferencia de Giovanni es flaco y algo calvo.

-No la toquen, por favor.- Digo.

-¿O sino qué?- Responde Giovanni. Apunta a Rebeca y le dispara en el brazo, la mujer cae quejándose.

-¡Ey!- Exclamo, quiero correr hacia ella pero los tres desconocidos me lo impiden colocándose frente a mí.

Antes que me agarren corro escaleras arriba lo más rápido que puedo, me encierro en la habitación, le pongo el seguro a la puerta y al vuelo tomo mi celular que está en mi cama. Me tiro del otro lado de la cama.

Norman contesta, Norman contesta. Su celular timbra y timbra, pero él no responde. Se oyen los golpes en la puerta, uno más fuerte que el otro. Si lloro en este momento será lo más estúpido que habré hecho en mi vida.

-¡Lía! ¡Por tu bien y el bien de todos, abre la puerta!- dice el italiano.

-¿Y si mejor la echamos?- Murmura otro.

Completamente Tuya *(Norman Reedus)* #PTWDNR2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora