Capítulo IV

1.2K 92 16
                                        

Despierto por la extraña sensación de sentirme observada y no me equivoco. El hombre que me compró está aquí viéndome. Me siento en la cama, busco con la mirada algún objeto con el cual pueda defenderme en el caso de que quisiera atacarme, por alguna razón, este hombre no me da una buena impresión.

-Al fin despertaste- dice. Una sonrisa se asoma por sus rosados y no tan finos labios.

¿Tanto esperó por verme despierta?

¿Hace cuánto está aquí? Quiero preguntárselo. No lo hago, mejor evitar cualquier tipo de vínculo, así sea una mínima palabra.

-¿Puedes decirme tu nombre?

Se que detrás de esa expresión amable está oculta otra persona, otro carácter. He visto esa expresión en otras personas.

-¿Puedes hablar?- pregunta con más impaciencia.

Quiero responder. No estoy acostumbrada a no hablar, sin embargo, pienso mantener mi postura distante. Él se tiene que cansar de mí.

-¿Cuánto más piensas evitarme?

Ya comienza a irritarse, lo veo en su mirada, en la tensión de su mandíbula, en el movimiento de sus manos. Podría enloquecerlo en un instante con mi silencio.

-Bien, voy a ser claro y sincero. Me está cansado tu actitud. Soy un hombre de poca paciencia.- Su tono comienza a endurecer. Esa es su verdadera identidad, no el ser amable que aparentó ser hace unos minutos- Por ende, quiero que colabores ¿entendido?

-Quiero irme

-Me temo que eso es imposible.

-Tú no me quieres aquí. Déjame ir.

-¿Cuál es tu nombre?

Y después dicen que yo soy la obstinada. Si no respondo a su pregunta la repetirá millones de veces hasta hartase y tendrá que hacerlo porque no pienso responder. Ya dije lo que quería decir, ahora que se olvide de mi voz.

-Creí que ibas a colaborar...- Se sienta en la cama, cerca de mí. Me mira fijamente, sí, sus ojos son azules, no hay dudas. Sus pómulos se marcan. Frunce el ceño.-Claro... no se puede esperar otra cosa de una putita.

La luz viaja a la misma velocidad que el sonido, y el sonido de la cachetada que le di llegó antes de imaginar que lo haría.

-No soy la putita de nadie.

Se lo digo con tanta firmeza que me auto-sorprendo. Él, en cambio, no está sorprendido, está enojado. Comienzo a arrepentirme por mi osadía. Quiero meterme debajo de la cama con tal de escapar de su mirada.

-¡Casi no escapamos de ese callejón!- Explota- ¡Tú perdiste sangre! ¡Yo terminé golpeado por tú estúpida culpa! ¡Y ahora te atreves a pegarme también!-

Su voz resuena en toda la habitación. Grave y fuerte; no me esperaba menos viniendo de él. Solo verlo me hace pensar en lo fuerte y violento que puede ser. Se sube las mangas de la camisa azul Marina hasta los codos. Mi mente me hace ver imágenes de mi cuerpo completamente golpeado debajo del suyo, asfixiada, muerta. Quiero correr, pero lo más inapropiado en este momento es escapar de él. Bajar la mirada seria un acto de sumisión al cuál no estaba dispuesta a participar.

-Y lo volvería a hacer si me llamas puta nuevamente.

Por favor ¡Por favor! Que el miedo en mi voz no se sienta. Que piense que soy una corajuda al enfrentarme a él y no note que estoy muertísima de miedo.

-Lo haré cuantas veces me de la gana ¡porque ésta es mí casa! ¿Entiendes?

-¡Yo no quiero estar en su casa de mierda!- Grito cansada de su altanería.

-¡Bájale a ese tono conmigo!

Me agarra del brazo herido no sé si lo hizo de manera inconsciente o con intención, pero duele mucho y no evito soltar un quejido.

Rebeca y el otro hombre ingresan desesperados al oír los gritos.

-Señor, ella aún se encuentra herida.-Dice el hombre. Norman Reedus me observa colerizado.

-Quiero que mañana le preparen la otra habitación, Francis, tú te encargas de eso. Rebeca cúrale las heridas. Y tú, como sea que te llames, de esta casa no sales y te vas a comportar.

Sin decir nada más sale de la habitación dando un portazo. "Imbécil" quiero decirle "Ojalá alguien te compre para que veas como se siente" "¡estúpido! ¡Idiota! ¡Hijo de...!"

-Lia- la voz de Rebeca me trae a la realidad. La mujer me mira preocupada.-¿Estás bien?- Asiento.

-¿Cómo soportan a ese imbécil? - Me atrevo a preguntar. Francis suelta una tranquila risa, se sienta a mi lado y mirando mi brazo responde:

-Verá que con el tiempo se acostumbrará a él. Es una buena persona.

-No parece.

-Si no fuese una buena persona él no la hubiera traído después que la hayan robado.

¿Así que me robaron? Con que de esa manera me conoció, miren nada más lo que me entero.

Puedo decir que el día está "mejorando". Me trajeron el almuerzo en la cama, algo que nunca hicieron conmigo. No que yo recuerde. Pero no tengo hambre, solo sueño, mucho sueño. No pienso desaprovechar la oportunidad de dormir. 

Solo queda esperar lo que me espera en los próximos días...

Completamente Tuya *(Norman Reedus)* #PTWDNR2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora