Abro los ojos lentamente. Me sorprendo al sentir la suavidad de una cama. La habitación está completamente iluminada, no es un hospital, estoy segura. La ambientación no es la de un hospital, aunque no recuerdo haber estado en uno hace mucho tiempo, tal vez los hospitales ya no tienen la misma ambientación que conozco, sin embargo, me inclino a pensar que estoy en una casa.
Intento sentarme, pero, al sentir dolor en mi brazo y en mi abdomen, no lo hago.
La puerta se abre. Una mujer mayor, ingresa. Sonríe al verme despierta. Se acerca a la cama, yo no me muevo, tan solo observo sus movimientos.
-Hola-. Dice con una sonrisa- ¿Cómo te sientes?-
-Adolorida. Gracias por preguntar-. Otra vez intento sentarme, ahora la mujer me ayuda acomodando las almohadas en mi espalda.
-¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? -
-En la casa del señor Reedus. Son las ocho de la mañana. Ayer le dieron unos calmantes para que duermas tranquila -.
-Genial. Me drogaron-.
Sin comprender por qué, la mujer me mira con compasión, al menos así lo siento. No es algo que me haga sentir cómoda. No quiero que me mire de esa manera, me hace sentir como una blandengue.
-¿Cuál es su nombre?- le pregunto.
-Rebeca, y ¿el tuyo?-.
-Lia... solo Lia-.
-Bien, Lia. Iré a traerte algo para comer-.
Rebeca sale de la habitación. Quisiera levantarme y salir también, pero temo a lo que pueda enfrentarme allá afuera. Mejor no lo hago. Mejor disfruto de la cama un rato más.
Después de dos golpes a la puerta, un hombre ingresa. Deduzco que es el mayordomo por el modo en que va vestido. Delgado, alto, tiene bigote. Y me sonríe al ingresar.
-Buen día- saluda cortés.-¿cómo está?-
-Buen día. Con ganas de suicidarme-.
-Me alegra saber que tiene ganas de algo. Aunque sus heridas no fueron de mucha gravedad, sangró bastante y el doctor le hizo varios puntos.
Asiento. No tengo ni la más mínima intención de ver mis heridas.
-¿Quiere contarme qué sucedió? -. Es muy amable. No estoy segura de confiar en la amabilidad de estas personas.
-No-. Respondo con firmeza. El hombre abre los ojos con asombro y suelta una carcajada.
-El señor no mintió. Ya me esperaba esa reacción. -
-¿Por qué? ¿Cuál señor?-.
-Dijo que era algo... obstinada.- ríe.-El señor Norman .-Ohh claro. El señor Norman. Siento miedo con oír ese hombre.
-¿Dónde está él ahora?-
-Trabajando. Vaya a darse una ducha, quítese las vendas y después le curamos las heridas-.
A pesar de ser una maleducada con ellos, me tratan bien. Debería cambiar mi manera de actuar.
-Está bien, gracias.
El hombre, que no me ha dicho su nombre se retira.
La habitación tiene su propio baño. La cama es amplia, por la ventana la luz entra a la perfección, las cortinas oscuras están abiertas. Muy lógica mi observación.
Hay un placard, una mesita de luz, las paredes son de un marrón claro. Y aún así no me siento cómoda, cuando debería estarlo.
Con algo de esfuerzo me levanto y me dirijo al baño, incluso el baño tiene todo lo necesario para mí. Toallas, peine, cepillo de dientes con su envoltorio, shampoo, acondicionador. Abro el botiquín que está encima del lavabo, hay toallas femeninas, antibióticos, enjuague bucal. ¡Todo! Ese lugar estaba preparadísimo.
Podría acostumbrarme a esto. Podría pero no será lo adecuado. Ahora que estoy fuera mi principal objetivo será salir de esta casa y buscar ayuda para todas las chicas que aún están con el maestro, buscar a mi familia y comenzar de nuevo. Ya que la intención de Norman no era tenerme allí. Si estaba en su casa era sólo por conveniencia.
Me quito la ropa con cuidado de no lastimarme, la herida del brazo no duele, el del estómago sí, al agacharme. Ni siquiera se me cruza por la mente quitarme los vendajes. No lo haré. No quiero saber con lo que me voy a encontrar.
Llego a la conclusión de que en esta casa nadie me apresurará para bañarme. Así que me tomo el tiempo necesario, para lavarme el cabello con shampoo y acondicionador. Hay dos tipos de jabones, uno normal y otro que parece que fue hecho en una fabrica de perfumes. Huele a rosas y algo más. Opto por el normal. No quiero correr el riesgo de ser perseguida por abejas asesinas.
Salgo del baño envuelta con una toalla. Abro el placar, hay ropa a mi medida, de todo tipo. Me cambio y nuevamente me meto a la cama.
Al rato llega el mayordomo junto a Rebeca.
-Tenemos que curar las heridas-. Dicen al unísono.
Cierro los ojos con fuerza y veo venir el dolor.
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Completamente Tuya *(Norman Reedus)* #PTWDNR2016
FanfictionTras varios años de encierro, esperando a su comprador, Lia ve la oportunidad de su vida cuando el Maestro le consigue un dueño... Elegante... Intimidante... Y muy sexy... Confundida, ella no sabrá escapar de su mirada y él intentará buscar un lazo...
