Capítulo 58: Tema pendiente

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En el asiento del bus, no paraba de dar saltitos de los nervios por charlar con Marth. Él lo notó, así que le pidió a Rick que hablase sobre temas entretenidos para distraerme. Fue un buen intento, incluso un rato se me olvidó, pero solamente era retrasar a mi ansiosa curiosidad, la cual disimulé lo mejor que pude.

Una vez frente a casa, peleé con mi bolsillo para encontrar la llave. Y entramos rápidamente.

-Zea... -me saludó Linda.

-H-hola, Linda... -no esperaba que estuviera en casa-. ¿Y esa... cara de acongojo? -me preocupé al no recibir respuesta e instintivamente busqué a tío Karl con la mirada.

-Tranquila, Karl está bien pero...

-Me estoy asustando... ¿Qué ha pasado?

-Zea, ¿qué tal la excursión? -oí su voz.

-Tío Karl, ¿qué ha pasado? -repetí.

-Oh, eh... casi hemos tenido un accidente.

-¿¡Qué!? ¿¡Cómo!?

-Eh, no ha sido nada. Estaba conduciendo por la autopista cuando una especie de animal atravesó la carretera, ¿sería un perro? Es igual, de pronto venía un coche en contraflecha y entonces Linda, que tuvo más reflejos que yo, giró el volante y nos salvó del golpe.

-¡! -Marth se escandalizó.

-Oh, joder, ¿en serio que estáis bien? -le pregunté y me indigné-. El tío que conducía a contraflecha... ¿Era un tío o una tía? ¿Le pillasteis la matrícula o algo?

-Tch... -suspiró-. Qué va, para nada. Si no, ya estaría ahí, pegándole.

-¿Pudisteis al menos ver qué aspecto tenía?

-Mm..., pues... ahora que lo dices recuerdo que no pude verle la cara muy bien porque tenía puesta las luces largas. Iba... ¿de negro? -miró a Linda y ésta se encogió de hombros.

-¿Tendría capucha?

-Ah, Zea, no lo sé. Deja de hacer preguntas...

-Joder solo estaba preocupada por saber quién ha sido el cabrón que casi os mata.

-¿Matarnos? No exageres... -se rascó la barbilla-. Aunque..., con la velocidad que llevaba, era posible que nos hubiese...

-No lo digas... -le interrumpí-. No cojáis más por la carretera esa.

-Zea... pero si esa es la que cojo para ir a trabajar.

-...

-Oye, tranquila, no me ha pasado nada... -vio mi cara triste y desanimada-. No pasará nada-me dio un corto pero confortable abrazo.

«Tío Karl, es que no puedo evitar estar preocupada, es más si yo te contara lo que pasó el otra día de la caída..., te pondrías incluso peor que yo.»

Subimos a mi cuarto. Marth se sentó en la silla y yo en la cama frente a él.

-¿Preparada para escucharlo?

-Sí.

A pesar de haber respondido sí, dejamos pasar unos segundos, como una especie de código entre nosostros, así él me daba a entender que tenía que estar mentalmente preparada para lo que se venía encima.

-Zea. La razón por la cual te voy a contar esto, es seria, para mí y para Linda.

-¿Linda qué sabe exactamente sobre el tema?

-Mm..., espera. Por favor te pido que me dejes acabar, y al final me haces las preguntas que quieras.

-Está bien... -me callé un poco cortada.

Ángel de la oscuridadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora