Muchas veces soñamos cosas que parecen sacadas de una historia. Este es mi diario de sueños, tan enredados como la hebra de una bola de estambre, donde cualquier cosa es o puede ser posible...
Ven, te invitó a soñar.
Sigue la hebra hasta el final...
Su vida no había sido la misma desde que su madre murió, desde entonces la relación con su hermano se había fracturado y empezó a vagar de un lado a otro, con una mochila en la que cargaba sus objetos personales más queridos que consistían en un cambio de ropa, unos libros, un cuaderno, plumas, dos cuchillos que su madre usaba para cocinar y por último, no menos importante su mascota, una gatita siamesa de tamaño minúsculo (por un mal congénito) llamada Barbie; eran de las pocas cosas que su hermano le había permitido llevarse de la casa de su madre cuando ella anunció que se iría. Podría haberse quedado con él, seguir viviendo juntos como una familia pero ya no se sentía dispuesta a tolerar sus radicales cambios de humor y prefirió vagar sin rumbo fijo en la calle que regresar a una casa dónde ya no había nadie quien la esperara.
Durante un buen tiempo se la paso vagando de hotel en hotel, luego de haber trabajado como maestra se había retirado cuando uno de sus escritos se había vuelto un éxito; lo que le permitió tener una economía más fija y poder seguir pagando su estancia. Fue cuando, una tía abuela de la que nunca había escuchado la localizó y le pidió vivir con ella, no obstante ella no aceptó hasta que conforme pasó el tiempo; se dio cuenta que la dulce tía Koume solo quería protegerla y estrechó así, sus lazos con ella y con su nieto; su primo Mifune de quien se enamoró perdidamente.
Cuando Yoru y Mifune dijeron abiertamente que estaban saliendo muchos dentro de la familia se opusieron pero la tía abuela Koume, los apoyo en su decisión. Ella argumentó que había cosas peores que primos lejanos que se amaban y que después de todo ambos, Yoru y Mifune no tenían relación de sangre. Yoru era hija de Misaki, su sobrina e hija de su hermano Kaito y Mifune era hijastro de su hija Ayame; Mifune era un poco más grande que Yoru pero eso no era impedimento para que ambos se entendieran perfectamente.
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Ambos primos viendo que su relación no sería aceptada, decidieron abandonar la casa de su tía abuela y se fueron a vivir juntos a un cómodo y espacioso departamento, pero a Mifune le costaba mucho que Yoru se quedará tranquila a vivir con él. Ella seguía con el mismo temor de que en cualquier momento no tendría un lugar al cual llamar "hogar". Así que siempre que salía a cualquier lado, tomaba esa vieja maleta con la que había llegado a la casa de la tía abuela Koume, guardaba sus cosas y tomaba a su pequeña gatita. Él no sabía cuántas veces le había explicado que no tenía nada que temer, que todo lo suyo era de ella y que nadie jamás le volvería a quitar su espacio pero Yoru no confiaba en aquellas palabras; la herida en su corazón era demasiado grande y Mifune estaba consciente en que tardaría en sanar, después de todo ella había perdido algo valioso, la seguridad de saber que pertenecía algún lugar.
Así que la dejaba ir y volver libremente, sin preguntarle a dónde se iba aquellos días en que no regresaba. Sabía que ella no era el tipo de mujer que lo engañaría pero le preocupaba que ella estuviera sola durante mucho tiempo y le costará tanto hablar de sus inquietudes y miedos. Solo procuraba que a su regreso encontrará una cálida bienvenida pero una mañana decidió confrontarla.