1-2-7 - 25 Agosto de 2023
Estaba preocupada; Shiro no regresó como lo prometió. Él le había llamado para avisarle que regresaría en el último tren y siempre, sin importar la misión, él siempre regresaba a su lado. Que no lo hubiera hecho le hizo tener un mal presentimiento.
No había podido acompañarlo debido a la alta fiebre y vómitos que la aquejaban desde hace unos días por lo que haciendo uso de toda su fuerza se obligó a levantarse de su cama y vestirse para salir a buscarlo. Se sintió inquieta, quizás el frío y el cielo nublado de ese día estaba afectando su percepción. Así que se alistó, tomó su bolso con algunas cosas que creyó podría necesitar y abrió la puerta cuando casi choca contra un hombre de cabellos rojizos que se encontraba en la entrada de su casa.
—Amm, lo siento...— dijo apenado el pelirrojo retrocediendo unos cuantos pasos para darle espacio.
El joven la miró de arriba abajo y Kuro supuso que su apariencia debía dejar mucho que desear. Su cabello largo y oscuro se encontraba desalineado y estaba más pálida de lo usual. Después de todo había pasado tres días vomitando todo lo que comía y aún tenía un poco de fiebre.
—Ah, disculpe, lamento molestarla...—volvió a hablar el pelirrojo aclarándose la voz. — ¿Esta es la casa de Shiro Igarashi?— preguntó dubitativo el extraño.
—Si...— respondió ella examinándolo con detenimiento cuando se dio cuenta que en la solapa de la torera de mezclilla negra que vestía estaba prendido un broche con el emblema del gremio de exorcistas de Yurei, el mismo al que pertenecía Shiro y ella.
—Espera—dijo señalando el broche— ¿Eres de Yurei?—
— ¡¿Dónde está Shiro?!—preguntó sin poder esconder más su preocupación. — ¡¿Por qué no está aquí?!
—Señorita....—hizo una pausa el joven a falta de un nombre.
— Soy Kurotsuki Igarashi, esposa de Shiro Igarashi—exclamó ella y sintió un dolor punzante en su estómago que le hizo hincarse. Tenía ganas de vomitar nuevamente y cubrió su boca con la palma de su mano.
— ¿Se encuentra bien?— preguntó él preocupado hincándose a su lado.
—Sí, lo siento...—contestó ella recomponiéndose. —Trae noticias de Shiro, ¿No es así? Por favor, pase le ofreceré un té caliente.
El joven de nombre Tomoe bajo la mirada contrariado y Kuro pudo adivinar el tipo de noticias que traía. Abrió la puerta de su casa con el cuerpo temblándole de nervios o quizás, era debido a la fiebre que le había vuelto. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas y de pronto, sus piernas se negaron a sostener su cuerpo. Estaba a punto de caer contra el piso cuando Tomoe la sostuvo entre sus brazos, escuchó que le gritaba algo pero no podía escucharlo, ella le dedicó una lánguida mirada antes de desvanecerse.
Cuando despertó lo primero que hizo fue llamar a Shiro y descubrió que se encontraba nuevamente en su cama. Escuchó a alguien pasearse en la habitación y pensó que se trataba de él.
— ¡¿Shiro?!— preguntó ella sentándose en la cama.
—Perdón, soy yo, Tomoe Suo— dijo el pelirrojo con una camisa de Shiro a medio abotonar. Al verse descubierto le dio la espalda a Kuro y se apresuró a arreglar la camisa que era demasiado grande para él.
—Lamento tomarle una camisa de su esposo pero mis ropas sufrieron... un pequeño accidente— explicó apenado y Kuro se sintió mal porque seguramente había terminado vomitando encima del pobre hombre.
—Use su ducha y su cocina, espero no le moleste, le preparé un té...— Tomoe iba a ofrecerle una taza cuando escucho a Kuro sollozar.
Ella tapó su rostro y continuó llorando amargamente. Tomoe no sabía que decirle o que hacer, así que solo se sentó a su lado y la dejo desahogarse. No le había dicho ni una palabra de lo sucedido pero supuso que ella ya sabía porque él se encontraba ahí. Pasada la media noche, ella cayó rendida y volvió a quedarse dormida. Él salió de su habitación y bajo por las escaleras hasta el primer piso. Había visto un sofá cuando entro a la casa, así que decidió dormir ahí. Mañana le contaría a la joven viuda como fue que Shiro, uno de los mejores exorcistas de Yurei posiblemente había muerto en servicio.
ESTÁS LEYENDO
Estambrisueños
ContoMuchas veces soñamos cosas que parecen sacadas de una historia. Este es mi diario de sueños, tan enredados como la hebra de una bola de estambre, donde cualquier cosa es o puede ser posible... Ven, te invitó a soñar. Sigue la hebra hasta el final...
