El Residente Oscuro

72 9 8
                                        

16 de marzo de 2019

Estaba en coma.

¿Cómo lo sabía?

Él me lo dijo...

¿Quién era él?

El ser que había sellado mi destino.

Años atrás, mientras limpiaba el ático de mi abuela me encontré un libro bastante peculiar llamado "El residente oscuro"; el título parecía prometedor y al carecer de una sinopsis mi interés solo incrementó. En cuanto lo abrí para hojearlo un poco, un vendaval salió del libro y me empujó bruscamente contra la pared. Tardé unos cuantos minutos en recuperarme, el golpe me había dejado desorientada y el viento que hasta hace poco había soplado con tanta intensidad se disipó. A continuación, una figura andromorfa hecha de oscuridad y vaho emergió del libro y con su largo brazo semejante a un tentáculo me señaló.

Intente gritar pero ningún sonido salió de mi garganta; estaba muda de terror. Quise escapar pero antes de que pudiera alcanzar la escotilla del ático, aquel tentáculo se aferró a mi tobillo y me jaló hacia él. Creí mi final cerca hasta que una voz reverberante se coló en mi mente de forma invasiva.

No temas, serás iluminada. Tú te convertirás en el halo de la luna, devoraras la oscuridad de este mundo y yo soy tu herramienta —

Antes de que pudiera objetar algo o quejarme de dolor, sentí como aquel ser se apoderaba de mi mente y mi cuerpo; una experiencia sumamente traumática que recordaría durante toda mi vida. Afortunadamente o por desgracia sobreviví, pero nunca volvería a estar sola porque el "Residente Oscuro" también habitaba mi cuerpo...

¿Quién era el Residente Oscuro?

Tuvo muchos nombres a lo largo de la historia, pero su nombre más común era "Justicia Divina": El ser que limpiaba el mundo de los pequeños y grandes demonios que corrompen a los humanos de corazón débil. El mercenario de la luz, por decirlo de una forma más sencilla.

Y aquel ser de grandes y asombrosos poderes necesitaba un catalizador, en este caso yo; un humano que lo ate a una forma terrestre y pueda liberar sus poderes para impartir su justicia por el mundo pero ahora... el catalizador estaba "roto". Nuestra última pelea con un demonio de alto nivel me dejo muy malherida y aunque estaba "consciente" fuera de mi cuerpo como una proyección astral, mi alma y mi cuerpo se encontraban separados.

Solo podía ser una testigo silenciosa de lo que sucedía, mi cuerpo se encontraba postrado en una cama de hospital y mi madre lloraba desconsoladamente a lado de este sin saber realmente qué es lo que había sucedido para que yo terminara así. Me sentí mal por ella, por tantas excusas y mentiras y de pronto pensé que jamás sería capaz de decirle que le quería, ni a ella ni a Pete, el chico que me gustaba...

El Residente Oscuro emergió de mi cuerpo sin que nadie lo notara y se paró junto a mí.

—Ya no puedo luchar Residente, tendrás que buscarte otro recipiente— dije intentando sonar tranquila, fingiendo que no tenía miedo de lo que me sucedería a continuación.

—Lo sé— respondió él con frialdad.

No es que esperara que me quisiera o tuviera un atisbo de agradecimiento por haberle prestado mi cuerpo pero su respuesta me cayó como un balde de agua fría y sentí unas ganas terribles de llorar pero ser un alma sin cuerpo físico no ayudaba para nada.

—Supongo que me abandonaras— dije presintiendo que esa sería la respuesta del Residente.

—No— contestó él y me permití sentir esperanza ante mi situación.

EstambrisueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora