Muchas veces soñamos cosas que parecen sacadas de una historia. Este es mi diario de sueños, tan enredados como la hebra de una bola de estambre, donde cualquier cosa es o puede ser posible...
Ven, te invitó a soñar.
Sigue la hebra hasta el final...
No recordaba nada de esa noche. Había estado bebiendo como nunca en mi vida porque tenía que ahogar mi corazón roto en alcohol para sentir que no me dolía. No era una mujer fiestera ni mucho menos de esas que se agarran a la botella cada semana; tan solo quería hacer algo diferente porque me dolía mucho la vida. Y es que la persona que amaba se fue sin decir ni una palabra, ni una carta, tan solo me aplico el visto en todos mis mensajes y me di cuenta que lo nuestro (como quiera que se llamara la relación que teníamos) había terminado.
Había pasado apenas tan solo unos meses y yo intentaba hacer otras cosas para no pensar en él. Así que opte por hacer lo que nunca había hecho: ir a un bar, beber y quizás filtrear con el primero que me pareciera agradable. Y así sucedió, después de varias copas, un muchacho se acerco a la barra donde veía a mis amigas bailar, y me pregunto al mismo tiempo que señalaba el fondo de pantalla de mi celular.
Un gato negro entre flores azules.
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—Que bonito— dijo con una maravillosa y blanca sonrisa mientras sus cabellos lacios y rubios caían de manera atractiva sobre su rostro.
Cuando me giré a verlo, ya me encontraba bastante tomada pero aún así pude reconocer que se trataba de alguien mucho más joven que yo. Y en mi mente se repitió la diatriba que me había auto impuesto desde que Iago se fue "No, Dalila, ya estuviste con alguien joven y mira como te dejaron. Búscate a un hombre mayor". Así que solo trate de ser amable y cortar lo más rápido con esa conversación.
—Gracias—
— ¿Tiene algún significado en especial?— preguntó intentando prolongar la conversación y quizás la cara que hice le hizo saber que la pregunta me había afectado. Por lo que enseguida su rostro mostro preocupación—Lo siento ¿pregunté algo que no debía?—
Yo negué con la cabeza y encendí el celular para que se pudiera apreciar el wallpaper. Con mi dedo índice le di unos topecitos a la pantalla y evoqué una triste sonrisa. Quizás era por el alcohol o era la tristeza que me carcomía pero me reí quedito como si me burlara de mi misma. Porque el significado de esa imagen, era algo que solo Iago y yo entenderíamos.
—Lo tiene...pero no te diré— solté con una sonrisa juguetona como si fuera un secreto tan importante y él no tuviera acceso a él.
El pareció desconcertado pero no se amilanó, al contrario mostró una sonrisa confiada y se mostro interesado.
— ¿Y qué debo hacer para que me cuentes?— me preguntó enfocando sus ojos azules grisáceos con suma curiosidad.
Estaba tan cerca que podía sentir su aliento acariciando mi rostro y por un momento sentí que le era infiel a Iago aunque éste tenía meses de haber cortado comunicación conmigo. Sentí el impulso de irme y dejarlo ahí. Regresaría a mi casa y me encerraría nuevamente en la pena y en el dolor pero ¿No lo había hecho ya por suficiente tiempo? Once meses habían sido más que suficientes para guardarle duelo a alguien que no le importó dejarme ni darme un consuelo. Entonces me tranquilicé y decidí disfrutar de la conversación trivial, total ¿qué podría salir mal?