30 de junio de 2018
Llovía copiosamente y había heladez en el aire; no debía faltar mucho para el amanecer. Habían conducido durante toda la noche y la niebla flotaba como un velo sobre el piso, no era demasiado espesa y podía verse el camino por el que transitaban.
Su prima conducía absorta en la carretera, se había mantenido en silencio durante todo el camino y él se limitó a mirarla de reojo desde el asiento del copiloto. Volvió acomodarse en el asiento, incómodo de las horas que había mantenido la misma posición y cerró el cierre de su chamarra, a la vez que cubrió su cabeza con la capucha. Se sentía cansado y hacía un tremendo esfuerzo por no quedarse dormido; su prima le había llamado a mitad de la noche y sin más le había pedido que la acompañará a un lugar. Aunque no le dijo exactamente a dónde...
—¿Ya vas a decirme a dónde vamos?— preguntó el joven soltando un bostezo y fijó su vista en el vidrio de la puerta para observar el paisaje.
—Aún no primo, primero debo mostrarte— contestó ella sin voltear a verlo. Lucía cansada y un tanto estresada; él se había abstenido de preguntar pero estaba cansado de que no le dijera porque estaban ahí.
—En serio Mitsuki, sabes que te quiero. Que haría cualquier cosa por ti porque mi sangre corre por tus venas pero todo tiene un límite. ¡¿Dime a dónde diablos vamos?!— se quejó él sin entender el por qué de tanto misterio.
Ella lo miró de soslayo y suspiró cansada sin dejar de conducir.
—Comienzas a preocuparme ¿Acaso no te casas mañana? — agregó él, recordando la fecha de la invitación de boda que recién le había dado.
Era la segunda vez que su prima Mitsuki se uniría en matrimonio con alguien. Por desgracia, su primer matrimonio resultó en un fracaso cuando su hija Nao nació y su esposo la engañó. Desde entonces Mitsuki se la había pasado deprimida, hasta que conoció al hombre con quien se casaría el día de mañana.
—Perdón por involucrarte Yoru, pero no sabía a quién llamar...— dijo ella cuando en la lejanía comenzaron a ver una serie de edificios y casas.
Yoru se percató de ello y se quedó asombrado de lo bonito que era el lugar a pesar de que la niebla se cernía por todo el lugar.
—¿Es Fogtown? ¡¿Nos trajiste en una noche a Fogtown?!— dijo Yoru bajando el vidrio de la ventana. Desde que terminó la universidad se había mantenido lejos de la ciudad de la niebla.
—Sí y no.— contestó su prima y aclaró— No vamos al centro de la ciudad. Nuestro destino está a las orillas—
Mitsuki condujo por un camino lleno de árboles hasta llegar a una enorme casona de estilo rústico rodeada por una amplia reja de color negro. Ella se estacionó al otro lado de la calle muy cerca de la acera y apagó el motor del auto.
Yoru espero que dijera algo Mitsuki, quien permaneció en silencio durante unos minutos; parecía elegir en silencio las palabras que le dirigiría. En ese momento, Yoru presintió de que iba el asunto y el por qué de tanto misterio.
—Voy hacerlo fácil para ti— dijo Yoru evocando una confiada sonrisa y encogiéndose de hombros de manera despreocupada.
Mitsuki enseguida volteo hacia él y tragó saliva.
— Me llamaste porque necesitas algo de mí ¿No es cierto?— aseveró Yoru y esperó pacientemente a que su prima se animará de una buena vez a decirle que era lo que sucedía.
Ellos dos no se habían vuelto hablar desde el funeral de la madre de Yoru. Desde entonces, el joven se había distanciado de la familia, incluída Mitsuki.
ESTÁS LEYENDO
Estambrisueños
Короткий рассказMuchas veces soñamos cosas que parecen sacadas de una historia. Este es mi diario de sueños, tan enredados como la hebra de una bola de estambre, donde cualquier cosa es o puede ser posible... Ven, te invitó a soñar. Sigue la hebra hasta el final...
