Muchas veces soñamos cosas que parecen sacadas de una historia. Este es mi diario de sueños, tan enredados como la hebra de una bola de estambre, donde cualquier cosa es o puede ser posible...
Ven, te invitó a soñar.
Sigue la hebra hasta el final...
Había tratado de salir lo más pronto del trabajo para encontrarme contigo. Me apresuré a guardar mis cosas en mi locker y antes de que pudiera salir mi jefa me detuvo porque tenía algunas dudas sobre los últimos documentos que le había entregado.
Traté de explicarle de manera eficiente y rápida todo lo que me preguntaba, pero conforme veía los minutos avanzar más me impacientaba, quería llegar lo más pronto posible a nuestra cita. Después de todo había pasado años desde la última vez que nos vimos y siendo sincera, literalmente me moría por verte y escuchar tu agradable tono de voz.
Sé que han pasado años y ya no éramos los jóvenes atractivos que fuimos alguna vez; si es que alguna vez lo fuimos (risas). Me pregunté qué pensarías al verme con mi cabello alborotado, mis ojos cansados y ojerosos y sintieras mis manos callosas provocadas por los muchos trabajos que he realizado a lo largo de mi vida.
Nunca te lo conté, pero sabías que desde que mi hermana mayor falleció tuve que hacerme cargo de mi hermana menor. Solo nos teníamos a nosotras tres y sin Kurohime, tuve que abandonar mis estudios y conseguir trabajo rápidamente para mantener a Hikari.
Mi vida era un desastre, pero de alguna manera me las arreglaba y me pregunté si tu también tenías una vida tan caótica cómo la mía; quería saber. Tenía tantas ganas de verte, de saber de ti porque siempre te he amado, porque a pesar de los años este sentimiento en mi corazón no supo cómo extinguirse.
Me hubiera gustado saber cómo dejar de amarte porque así no hubiera sentido que mi tiempo se detuvo cuando tú te fuiste ¡Pero, oye! No todos los días una persona se gana una beca al extranjero para realizar sus estudios. Estoy tan orgullosa de ti Shiro...
Siempre estuve orgullosa de ti. Eras simpático, gracioso y atractivo, también un poco pervertido, pero cómo me gustaba oírte hablar de tus sueños y planes, mientras pasábamos él tiempo escuchando tus viejos y heredados discos de música en la alfombra de tu cuarto; era tan divertido.
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Siempre le agradecí a tu familia, sobre todo a tu madre, que siempre se preocupara que mis hermanas y yo tuviéramos que comer. Aún recuerdo la cantidad excesiva de tuppers llenos de comida que le daba a Kurohime cada que me iba a recoger a tu casa. Por eso, cada fin de mes pasó a visitarla al cementerio de nuestra ciudad donde la enterraron, le llevó flores a ella y a Kurohime y les aseguró que he comido. Conociendo a tu madre sé que se levantará de ahí junto con ane-san si no como adecuadamente. Fue una lástima que ella falleciera justo unos meses antes de tu partida, sé que fue un golpe terrible para ti y a raíz de eso tú te volviste retraído e irritable, traté de animarte, pero me di cuenta que lo que realmente necesitabas era espacio. Me disculpó por no darme cuenta de eso antes, quizás por eso te fuiste sin despedirte de mí. Siempre me pregunté si estabas molesto conmigo o si había dicho algo inadecuado mientras intentaba consolarte, pero nunca me lo dijiste y no pude rectificar mi actuar. Me hubiera gustado saberlo, pero hay cosas que nunca tendrán respuesta y supongo que esta es una de esas.