13 de septiembre de 2018
Habían viajado al pueblo vecino para atender el llamado de un trabajo de exorcismo que les llevó casi todo el día realizar pero que afortunadamente terminaron justo a tiempo para disfrutar de los festejos que se llevaban a cabo en aquel lugar. La joven no parecía interesada en ello y le pidió a su maestro regresar lo más rápido a su hogar.
—De verdad no te entiendo Kurotsuki ¿Cuál es tu prisa por volver rápido al pueblo? Pensé que querías quedarte en la feria para comprar de esas novelitas rosas que te encantan y dulces ¿Por qué no nos quedamos en un hotel y vamos mañana a casa?— dijo su maestro sacando el dinero de su billetera para comprar dos tickets para el tren de medianoche.
La joven de cabello negro y ojos dorados se le quedo viendo con fastidio.
—¿Qué va a pensar la gente de un viejo chivo que entra con una jovencita a un hotel?— contestó ella cruzándose de brazos.
—Que eres mi linda amante— contestó el hombre mientras le pagaba al jovencito de la taquilla que en ningún momento había dejado de admirar la belleza de la chica.
Kurotsuki miró apenada a su maestro y luego al chico de la taquilla que parecía abochornado con la situación; Shiro parecía divertirse con ello.
—¡Yo nunca sería tu amante anciano pervertido!. Además, eres tú, él que jamás quiere quedarse en ningún lugar a divertirse— se quejó Kuro y se alejó de él para dirigirse a los andenes.
—¡Te dije que nos quedáramos y que te compraría las novelas rosas que te gustan tanto leer!— le gritó Shiro y Kurotsuki regresó sobre sus pasos como si fuera un robot y le tapó la boca con la palma de su mano.
—¡No digas cosas innecesarias maldito anciano!—gritó ella forcejeando con él para obligarlo a callarse.
Shiro aprovechó la cercanía para tomarla de la cintura e inclinarla hacia atrás mientras abrió su boca para lamer la palma de su mano. A su contacto, Kurotsuki se alejó de él como un gato asustado y enfurruñado.
—¡¿Qué demonios haces?!— gritó ella a una distancia considerable de él.
— Tú me provocaste— contestó el hombre encogiéndose de hombros.
—No... no hagas eso...es... es ¡asqueroso!— gritó ella dejándose caer en una de las banquitas cercas del andén para esperar el tren.
Shiro rió divertido y se sentó a un lado de ella. Aún recordaba la primera vez que la había visto, fue en uno de sus viajes cuando aún era aprendiz de exorcista.En ese entonces, Kuro tenía 6 años y él 18, caminaba por la calle cuando vio a un panadero alzar por el brazo a una pequeña de cabello enmarañado que le había robado uno de sus panes. No supo qué lo motivó a entrometerse en aquel asunto, tal vez porque se trataba de una pequeña o quizás porque los ojos de Kuro no mostraban un ápice de temor o arrepentimiento, eran lóbregos. Al final, con el poco dinero que había ganado esa tarde pagó el pan que ella había robado y se alejó de ahí, pero a partir de ese día Kuro empezó a seguirlo a donde quiera que iba. A la biblioteca, al mercado, a la iglesia e incluso hacía guardia afuera de los dormitorios de la iglesia donde tomaba clases con un padre exorcista. Algunas personas de la iglesia comenzaron darse cuenta de la presencia de su pequeña gatita fisgona y así la apodaron "la gatita callejera del joven Shiro" por lo que empezaron a alimentar a Kuro en lo que él tomaba clase o en los momentos en que ella los esperaba para caminar atrás de él como un pollito sin madre.
Llegó el momento en que tuvo que abandonar la iglesia cuando concluyó sus estudios y le ofreció a Kuro irse con él. Por supuesto, ella aceptó de inmediato. Shiro no sabía que había pasado exactamente con la familia de Kuro pero lo que sí sabía es que se había acostumbrado a la presencia de la joven como ella a la de él.
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Estambrisueños
القصة القصيرةMuchas veces soñamos cosas que parecen sacadas de una historia. Este es mi diario de sueños, tan enredados como la hebra de una bola de estambre, donde cualquier cosa es o puede ser posible... Ven, te invitó a soñar. Sigue la hebra hasta el final...
