Capítulo 4

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La ciudad se siente tranquila, tal vez por el hecho de que en esta temporada ya todos han vuelto a sus deberes... otra vez la universidad. Lo mejor es que ya solo queda un semestre. Sonrío y continuo en mi esfuerzo por sostener la maleta tan pesada que llevo, mi padre de verdad exagera cuando de hacerme traer cosas se trata.

Encuentro un taxi libre por suerte. Me dirijo hacia mi pequeño apartamento. Mientras miro por la ventana recuerdo mi gran anécdota del avión, como olvidarlo. La verdad es que eso no sucede todos los días en todas partes y menos a una mujer como yo, soy muy mala suerte en el trato con hombres, mi mayor logro ha sido poder mantener una amistad muy bonita con John mi compañero de trabajo. Cómo lo extrañé... me divierte y es muy atento conmigo, lo quiero mucho pero no es más. El taxi llega en tiempo record, apenas y alcanzo a reaccionar.

Abrir la puerta y sentir ese olor a hogar no tiene precio. Mi departamento es un lugar pequeño, hecho a mi medida y lo amo. Tiro la maleta en el primer rincón que encuentro y empiezo a desalojarme de la ropa ya me fastidia y solo quiero tirarme en la cama. Me encargué de evitar a toda costa cualquier clase de recibimiento por parte de John y Emy, son muy queridos, pero aun así no les podía informar de mi regreso porque conociéndolos como los conozco a esta hora tendría la mayor fiesta aquí y no, solo quiero descansar, ya tendré tiempo de hablarles.

Dos meses sin verles y hay muchas cosas que contar. Al menos por parte de Emy que es la hermana que mis padres nunca me dieron. Ha de estar atragantada con todas sus experiencias con su amorcito ya que por email las historias no son lo mismo. Ella ama hacer el show cuando habla de él, salta, grita, muerde la almohada... en fin, es toda una adolescente enamorada y me alegra verla así, feliz. La verdad siempre ha sido una de buenas en eso del amor, una loca completa. Esta vez la veo decidida a estar con él, me pregunto ¿Quién será? Y me imagino el carácter que ha de tener para conquistar a una tozuda como ella, no lo conozco aún, pero según me cuenta es joven, simpático, coqueto, como ella. Por cosas de la vida, nunca coincidimos y ella no guarda ninguna foto de él, al parecer no le gustan. La verdad lo único que importa es que ella sea feliz y él logra hacerlo así que de entrada ya me cae bien. Lo conoció en una de las muchas discotecas a las que ella va, yo como siempre prefiero quedarme en casa leyendo una novela y viendo la tv, me gusta bailar y esas cosas, pero cada que salía con ella me pasaba algo malo, se me dañaba el zapato bailando o ella se embriagaba y me tocaba lidiar sola, algún tipo se quería propasar y terminaba ella peleando por mí. Hasta que ya me rendí y decidí no ir más a esos lugares a no ser que fuese una ocasión muy especial.

Miro mi celular y tengo algunos mensajes y llamadas de mamá. Tampoco la llamé. A veces me paso de mala hija, le devuelvo la llamada para tranquilizarla. Mi padre le ha avisado que ya tomé el vuelo de regreso y al ver que no me reporto ha de estar pegada al techo y no es para menos soy su única hija ¿a quien más va a cuidar?

-Hola mamá, ya estoy aquí. –le hablo mientras reviso todos los rincones de mi cocina tratando de encontrar algo para comer.

-Hola mi amor ¿porque no me habías avisado? estaba preocupada por ti... ¿Cómo llegaste?

-Pensé hacerlo cuando llegara. Ya sabes como soy. Te extrañé mucho.

- Y yo a ti más mi cielo. Más tarde que salga del trabajo puedo pasar a verte y de paso te preparo algo rico ¿vale? Supongo que no has de tener nada en la despensa.  –Nadie podría conocerme mejor, pero es obvio después de dos meses de vacaciones.

-Sí, mamá gracias. Acá te espero, te quiero. –cuelgo y suelto un suspiro de alivio, voy hasta mi cuarto y me recuesto en la cama, se siente fresquita, cómoda... deliciosa.

«Esta vez te salvaste» -Me dice y yo le sonrío.

Me despierta el sonido del timbre, todo está oscuro, es de noche. ¿Pero que estaba soñando? No puedo permitir que su recuerdo me persiga de tal manera de meterse en mis sueños, es un tipo cualquiera que no volveré a ver y ya. Me regaño.

La verdad no me di cuenta como me dormí, sentía un cansancio inmenso, pero al parecer dormí demasiado y no llamé a Emy ¡Me va a matar! Me levanto soñolienta y busco algo de ropa rápidamente. Corro a abrir la puerta y ahí está mi madre esperándome con los brazos abiertos y unas cuantas bolsas en la mano. No ha cambiado nada en estos dos meses.

Nos contamos todo lo que ha pasado con pelos y señales. Menos lo del avión claro está, conociéndola como la conozco busca a ese tipo y lo abofetea. Me cuenta que ha tenido más ingresos en su salón de belleza, es experta en esas cosas, yo sería la deshonra de su talento, cuando más color tengo en la cara es cuando me ruborizo, nunca aprendí a combinar maquillaje y tampoco me hizo falta.

«Eres demasiado sencilla para ser mi hija». -Siempre me dice eso y lo acepto.

Me prepara una comida exquisita mientras sigue contando sus experiencias. No vivo con ella porque entre mi pequeño estudio y su trabajo en la casa no quedaba mucho espacio y mi padre decidió pagarme un aparta-estudio y la verdad la idea me gustó. Mi madre parecía no muy convencida porque nunca habíamos estado separadas, pero era lo mejor, además siempre he sido responsable y tampoco es que fuera nada del otro mundo. El lugar se amolda a mis necesidades, sencillo pero bonito y acogedor además no cuesta mucho y he estado aquí durante tres años y medio, es mi casa, mi espacio. Con mi trabajo costeo mis gastos y parte de mi carrera, de la otra parte se encarga mi madre y lo demás lo cubre la beca. He logrado comprarme un auto, no muy lujoso obviamente, pero al menos me permite llegar más rápido de la universidad al trabajo.

Después de la cena y de lo que pareció ser muchas horas de charla, mi madre decide irse, no sin antes dejarme preparado la comida del día siguiente. Que bella se porta a veces porque cuando quiere es indiferente. En eso nos parecemos mucho.

Llamó a Emy y responde con un grito que me hace separar del auricular inmediatamente. Su efusividad me impresiona, pero me hace sonreír porque sé que me extrañó como yo a ella, no creo haber encontrado a alguien mejor como amiga. Me cuenta todo en un segundo, me hace miles de preguntas y a la final dice que mejor mañana me da todos los detalles. Reímos un rato, le digo cuanto la extrañé y se pone nostálgica, sí, también tiene su lado sentimental y logro sacárselo fácil. Nos despedimos y quedamos a desayunar juntas.

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