Capítulo 13

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Resopla soltando el aire retenido y sonríe. Me besa las manos y las acuna en sus mejillas. Es tan tierno.

-Por un momento pensé que te irías y me dejarías aquí, solo. -Reímos juntos. –Una rosa para otra rosa. La pedí para ti –me dice entregándome la rosa que hay en la mesa.

-Me haces sentir tan especial, tan diferente que me da miedo. –le digo.

-Créeme que a mi más. Ni yo me termino de creer todo lo que he sido capaz de hacer por ti en tan sólo dos días. –sonríe y lo acompaño. - Bueno querida, creo que es hora de irnos. –su tono es muy sensual y me estremezco, mi mente me está jugando una mala pasada. Suena a "esto no ha terminado aún" y realmente quiero saber que más hay, me he vuelto valiente en solo una noche. Sonrío ante mi pensamiento.

-La cuenta... –le recuerdo.

-Ya todo está cancelado antes de siquiera entrar, preciosa. –me tiende la mano para ayudarme a levantar de la silla.

-Oh. –Que tonta, he de haberlo supuesto. Es un lugar de la alta clase.

Me lleva de la mano, bajamos el ascensor y no me suelta sino una vez dentro del coche. El ambiente está cargado de una electricidad y una energía diferente, después de oírlo decir eso y de haber aceptado vivir algo que no sé bien qué será mi manera de actuar es extraña, no sé qué decir ni hacer, como casi siempre. Él mira su reloj y presiona un botón en el coche y una especie de "pared" se levanta dividiendo el lugar del chofer y el nuestro. Me pongo nerviosa porque me imagino montón de cosas. Él se acerca a mí y me coge la barbilla para que lo mire, tiene la mirada oscura y ardiente, yo casi tiemblo.

-Quiero darte un beso ¿puedo? –me susurra.

Creo que es peor cuando me pide permiso que cuando no. Pero yo también quiero besarlo de nuevo. Asiento lentamente y lleva su mano hasta mi cuello donde inicia el nacimiento de mi pelo y me atrae haca él con delicadeza. Miro sus labios rosados y gruesos cada vez más cerca de los míos, cierro los ojos y una vez me besa es como si viera fuegos artificiales. El beso es tierno y suave al principio, después se vuelve más intenso y pasional, presiona fuerte contra mis labios y nuestras lenguas luchan una batalla sin cesar, su sabor es exquisito y yo me deleito. Baja su mano libre hasta mis caderas mientras la otra sigue reteniéndome por el cuello, yo apoyo las mías en sus hombros anchos, me besa la mandíbula y sigue bajando hasta la base del cuello, yo gimo y el gruñe, llega a la clavícula y vuelve a subir siento una oleada de placer que choca justo en mi entrepierna y doy un respingo, me agarra por la cintura y me acerca un poco hacia él, vuelve a besarme, se inclina y yo voy cayendo de espaldas en el sillón, unos segundos después está suspendido encima de mí y yo llevo las manos hasta su espalda y lo presiono contra mí. Libera mi boca, me mira y dice.

-Te deseo tanto. –Su voz es ronca. Elevo mi cabeza y tomo su boca de nuevo, reclamándole. Creo que entendió mi mensaje porque no me lo niega. Hace mucho calor. Posa una mano en una de mis rodillas y empieza el ascenso por mi muslo hasta el borde del vestido, me abre de piernas y se ubica entre ellas, encaja tan bien. En esta posición puedo sentir su ya pronunciada erección chocando contra mí, gimo en su boca cuando me presiona justo ahí, en mi centro, estoy tan excitada que no me reconozco, todas estas sensaciones son tan nuevas y deliciosas que no quiero parar. Nos queremos devorar el uno al otro de cualquier manera, todo fue tan rápido. Él me mordisquea los labios, el mentón, el cuello, la clavícula y sus manos suben y bajan desde mi muslo hasta las costillas. Estamos tan entretenidos que no nos hemos dado cuenta de que el coche ya no se mueve y me pongo roja inmediatamente. ¿Hace cuánto habremos llegado? El parece no darse por enterado.

-Llegamos... –no reconozco mi propia voz.

Resopla y apoya su frente en la mía, me da un beso en la mejilla, se acomoda en su sitio y me ayuda a levantar, está sonriendo. Me da vergüenza y me sonrojo, si es que se puede más.

-Perdón, pero es que una vez te toco es muy difícil contenerme. –me besa el dorso de una mano y yo me sonrojo aceptando su disculpa, tampoco es que sea muy inocente de este asalto. –Bajemos. –me dice finalmente. Creo que estoy un poco alterada, con los labios hinchados y el cabello desordenado. Por más que intente no podré hacer mucho por él.

Ni siquiera le doy la cara al conductor, Thiago lo nota y sonríe burlonamente, me acompaña hasta la puerta, pero yo no quiero que se vaya, quiero a ese hombre y lo quiero conmigo, ahora. Me armo de valentía.

- ¿Quieres pasar? –le pregunto una vez abro la puerta.

Me mira indeciso, mete sus manos en los bolsillos y finalmente contesta.

-Encantado. –responde y entra con paso decidido, cierra la puerta tras él. Intento encender la luz de la sala, pero me toma la mano y su gesto me dice que mejor no. La luz de la cocina evita que quedemos en tinieblas. Echa un vistazo por el apartamento y yo agradezco a todos los santos por haberme dado la luz de organizar hoy, está todo en su lugar, comenta algunos cuadros que tengo. Para mí el hecho de abrirle la puerta de mi apartamento significa, incluirlo en mi pequeño mundo, darle la entrada en mi vida, quiero compartir mi privacidad con él y que todo dure lo que tenga que durar.

Estoy más que nerviosa, nunca había tenido tanta intimidad con un hombre, dejo mi bolsa de mano en el sofá y me apoyo en el respaldo del mismo, él se acerca a mi desde atrás, pone sus manos en mi cintura y me lleva hacia él, aun se siente su erección no tan fuerte como antes pero ahí está, me gusta saber que lo provoco tanto como el a mí. Con la nariz me acaricia el lóbulo de la oreja y me mordisquea, siento su respiración en mi cuello y me erizo toda.

-Tu olor me embriaga, me provoca y me tienta. –yo gimo y dejo caer la cabeza hacia atrás y la apoyo en su hombro. Me besa el cuello y me mordisquea. –Pídeme que me quede, por favor. –Su aliento me acaricia la zona. A estas alturas ya no hay reversa, desde que puso un pie dentro ya quería que se quedara. Lo complazco.

-Quédate conmigo. –Susurro y no me puedo creer lo convencida que sueno. Lo siento sonreír en mi piel. Mete una mano en su bolsillo y luego ya habla con alguien. –Vete. -Le dice y tira el celular al sofá.

Me besa los hombros desnudos, la parte de la espalda descubierta, sus besos son siempre húmedos y ardientes, me siento en el cielo cuando me toca, sube y baja sus manos desde la base de mis pechos hasta mis caderas, tengo los nudillos pálidos de apretar el respaldo del sillón, se escuchan fuerte nuestras respiraciones. Lentamente baja el cierre de mi vestido, lo toma por la parte de abajo y tira un poco de él haciendo que se deslice por mi cuerpo, quedo en bragas solamente. Estar desnuda nuevamente ante un hombre me hace sentir un poco avergonzada, soy bastante insegura de mi cuerpo y me cuesta mucho mostrarme. Me suelta las horquillas que sostienen el cabello y lo revuelve de manera que me cae en ondas sobre los hombros y la espalda.

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Esta Vez Te SalvasteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora