Denébola.
La cabeza iba a explotarme, pero no antes de yo explotara y matara al responsable de mi jaqueca.
El Oscuro que me había sometido desde que me atraparon en la Academia no quitaba su vista de mí y su mano levantada en dirección a mi cabeza; estaba a una distancia prudencial porque no era nada estúpido o tal vez sí dado que yo no podía hacerle mucho daño mientras me mantuvieran esposada de pies y manos, además nos separaban los barrotes de mi prisión.
No sabía exactamente dónde me encontraba pero supuse que serían algún tipo de calabozos, habían celdas a lado de mía, y recordaba haber bajado muchas escaleras cuando me llevaron a ese horrible lugar. Apestaba a muerte.
—Cuando salga de aquí voy a matarte —dije muy segura. Y me pregunté cuándo se había vuelto tan fácil matar para mí, no era difícil saber la respuesta cuando veía a los Oscuros.
—No somos tus enemigos, Denébola —dijo con una voz llena de burla.
— ¿En serio? —pregunté llena de sarcasmo cuando hacía chocar mis cadenas—. No me imagino cómo deben de tratar a sus enemigos si es que yo soy su amiga.
Sonrió. Una sonrisa horrible y brutal, sus dientes amarillos y afilados. No volvió a hablar, concentrándose al máximo en apagar mi poder. Sólo necesitaba en segundo de su distracción para que él me liberara y así poder derretir las cadenas que me ataban, o mejor aún convertirme en el mismo fuego que arde en el infierno para poder destruir ese lugar y salir volando de ahí. Pero no, mi suerte no llegaba tan lejos y sin armas o algún poder que me ayudara no iba a salvarme, podía pelear desde luego pero ellos eran cientos y yo sólo era una.
Dejé caerme contra la pared de piedra y decidí guardar las energías que conservaba, había peleado cuando iba en la plataforma directo a ese infierno, pero no iba sola y ellos terminaron sometiéndome. En ese momento todo lo que podía esperar era que se olvidaran de mí y de lo que fuera que fueran a hacerme o esperar a que vinieran a rescatarme. Y yo confiaba a mi hermano eso último.
No después de mucho tiempo una puerta en la parte de arriba de las escalera se abrió haciendo un gran ruido, todo en ese lugar eran tan viejo que me sorprendió que la puerta siguiera en pie.
— ¿Cómo se está portando nuestra pequeña amiga? —dijo una Oscuro que reconocí al instante, era la que había llegado por mí pero ella no se fue con los demás que me llevaron—. ¿Sabes? Tú hermanito me reconoció enseguida. Supongo que no fingí muy bien ser tú.
No respondí a sus provocaciones. No iba sola, cuatro hombres más la acompañaban, no iban armados pero creo que ellos sabían que no lo necesitaban, al menos no en ese momento.
—Déjala salir. Ya la está esperando —dijo la chica.
— ¿No ves que la tengo sedada? —le respondió de manera brusca, por un segundo creí que tendría una oportunidad de recuperar mis poderes pero no era tan estúpido—. Hazlo tú misma.
Ella tecleó algo en un monitor de afuera y las rejas se abrieron tras un chasquido. Sin esperar órdenes dos de los hombres que habían entrado un momento antes entraron por mí y me ayudaron a ponerme de pie y caminar. Busqué dentro de mí, algo que pudiera encender, pero mis manos quedaron totalmente apagadas, como yo, no había fuego.
— ¿A dónde vamos? —exigí saber.
Nadie me contestó, ellos no eran precisamente amigables pero era raro que no me trataran peor. Mis guardias se mantenían a una corta distancia de mí pero sin perderme de vista, al igual que mi primer guardia. Esperaba que se distrajera pero nada, en cambio entre más luchaba por encontrar mi poder y no lograba nada más me dolía la cabeza.
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Cygni.
FantasiEllos son hermanos y parece que lo tienen todo en la vida, no les hace falta nada, son adolescentes que van a partidos y fiestas con amigos. Excepto... que no son como los demás. Denébola y Deneb tienen un secreto que han escondido toda su vida con...
