En la Tierra...
Adam.
Después de dos horas de conducir hasta la parte rica de New York por fin había llegado a mi destino, aparqué cerca de ahí y dejé varias monedas para no encontrar una sorpresa como una multa, después de todo no sabía cuánto tiempo iba a tardar. Al bajar del auto estiré los brazos y troné mi cuello.
En la acera transitaban muchas personas que al parecer iban con mucha prisa, algunas de éstas entraron a mismo lugar que yo iba. Había visto Brentham Technologies muchas veces por la televisión o en internet, pero en vivo era mucho más grande e imponente, incluso en una ciudad llena de grandes edificios como lo era New York. Completamente de vidrio tan limpio que podía ver mi reflejo a la perfección.
Entré al gran vestíbulo del edificio y me dirigí a la recepcionista del lugar.
—Hola —saludé—. Quiero ver al señor Brentham, supe que llegó ayer.
—Lo siento no puede acceder sin algún tipo de pase.
—Conozco al señor Brentham, él me recibirá —aseguré con una sonrisa—. Puedes llamarlo si quieres, me llamo Adam Brown. Por favor —sonreí.
—Espere —dijo después de pensarlo un poco. Tecleó algo en la pantalla y después marcó a alguien, a los pocos segundos ella volvió a hablar conmigo—. Puede pasar, señor Brown. Ya lo está esperando. Es el último piso.
—Gracias.
En la planta baja había una bella fuente que combinaba con la modernidad de todo el lugar, algún altavoz recitaba los últimos inventos de la empresa y el origen de ésta. Por lo que vi las instalaciones estaban llenas de científicos y gente comprometida para la investigación, cubículos para cada uno de ellos, material, marketing y toda clase de relaciones. Era un imperio.
En el último piso había menos gente, de hecho sólo estaba una secretaria al inicio.
—Está en la sala de juntas, puede pasar —dijo al verme.
No hacía falta que señalara dónde era dado las puertas de cristal. Del otro lado se veía el señor Brentham inclinado sobre cientos de papeles y varios libros de gran tamaño. Entré y traté de ocultar la pena que sentía, estaba más delgado y con una barba más crecida de lo habitual.
— ¡Adam, hola! —al menos su humor y ánimo no flaqueaban—. ¡Todo el verano sin verte!
—Extrañaste que te ganara en póker ¿no? —bromeé.
—Espero que no seas vicioso. Pasa, siéntate, por favor —tomé una silla y me senté. Los libros llamaron mi atención de inmediato pero no tuve tiempo de mencionarlo—. ¿Qué tal el verano en Florida?
—Mucho trabajo en el taller de mi tío pero fue bueno, el dinero ayudó con la primer renta del departamento.
—Me alegra. Rebeca me dijo que salías con una chica de Florida ¿Qué tal las cosas?
Me reí un poco, a decir verdad un poco incómodo.
—Un par de citas pero nada más allá de mi último verano —respondí sin importancia.
—Eres joven, me alegra que lo aproveches —dijo, tuve total certeza que esas palabras quería decirselas a su hijo pero por desgracia no lo veía desde hacía ocho meses—. ¿Y Yale? ¿Cumple tus expectativas?
—Las supera —respondí pensando en las primeras semanas en la Universidad—. Y definitivamente acaba conmigo.
—Así siempre es...
Ya no resistí más, interrumpí lo que estaba diciendo y pregunté:
— ¿Qué es todo esto, Michael?
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Cygni.
FantasyEllos son hermanos y parece que lo tienen todo en la vida, no les hace falta nada, son adolescentes que van a partidos y fiestas con amigos. Excepto... que no son como los demás. Denébola y Deneb tienen un secreto que han escondido toda su vida con...
