Capítulo treinta y tres.

123 17 0
                                        

Denébola.

Querían que volviera a luchar y yo estaba harta de eso, pero todos estaban ahí y contaban conmigo. Salí a pelear una vez más, deseando que fuera la última vez que tenía que hacerlo.

Me quedé a lado de Deneb como en los viejos tiempos, pero antes los dos sabíamos por qué peleábamos y en esa ocasión yo no sabía por qué lo hacía.

Ya ni siquiera me esforzaba en pelear, los Oscuros estaban tan débiles que matarlos a sangre fría me aterraba. Había uno justo frente a mí, de verdad estaba derrotado, pero aún así se puso de pie y me desafió con la mirada, yo no pude enojarme o agarrar coraje para hacer algo. Aún con eso, él no tenía oportunidad a menos que yo decidiera no pelear.

—No tiene que ser así. Lo siento. Cierra los ojos, prometo que será rápido —dije.

No sopesé mis palabras, sólo quería decirle que no teníamos que llevarlo al límite. Hay cosas peores que morir, a eso me refería. Pero no sé cómo lo tomó él, porque lo único que recibí un puñetazo en la cara. Caí por el impacto del golpe, no lo esperaba y tampoco estaba preparada para pelear; Deneb se acercó a mí tan rápido que me sorprendió y me ayudó a levantarme.

—Estoy bien.

El golpe no era nada comparado con todo lo demás que sentía. Deneb levantó su espada, enojado con el Oscuro que me había golpeado, y vi que lo mataría con brutalidad sólo por el hecho de haberme tocado. Levanté una mano para impedirlo, pero yo sabía que no podía evitar su muerte al menos no de todos, cualquier Luz lo haría porque era por lo que habían estado luchando y muriendo durante muchos años.

No sé qué vio Den en mí, ya no estaba segura de que pudiéramos leernos como antes y comunicarnos con una mirada para saber qué era lo que tenía el otro, pero al final él mató al Oscuro de una forma sencilla y rápida, sin dolor y sin derramar sangre innecesaria.

—Yo me encargaré de ahora en adelante ¿si? Tú... cuídanos con tu fuego y yo despejaré el área ¿De acuerdo?

Era algo inútil lo que me había pedido porque no éramos rodeados, los superábamos en número como para que ellos intentaran atacar primero, ambos lo sabíamos, pero asentí sin hablar y me quedé detrás mientras él peleaba. Crear un fuego que me protegiera o al menos sirviera de barrera se había vuelto muy fácil para mí, no supe exactamente qué hice durante ese tiempo, nada se acercaba a mí o todo lo reducía a cenizas si no me quedaba otra opción.

La luz que salió del Sof se estaba desvaneciendo y dispersando poco a poco, las estrellas se estaban ocultado, el frío de la madrugada iba aumentando conforme el calor de la batalla disminuía. Aún no amanecía pero la noche estaba llegando a su fin, la visión de los incontables cuerpos eran más clara todavía.

—Eso fue todo —dijo el Comandante a través de los comunicadores, pero también el resto se había percatado de ello.

Apagué mi fuego, incluyendo el que había puesto en todo el perímetro de la zona Oscura, la llama se había apagado. El resto también dejó de pelear y poco a poco, una por una, las armas caían al suelo y formaban una canción que anunciaba el término. Algunos gritaron de orgullo y celebraron, otros se abrazaron entre ellos y algunos más sólo se dejaron caer al suelo para descansar.

El Comandante en Jefe estaba cerca de ahí, Ross y Sinistra se acercaron a él y los imité, con Deneb a mi lado, Vega también se nos unió muy pronto.

—Algunos huyeron, pero nos encargaremos de eso después. Que cada capitán reúna a algunos de su legión y vaya a sus torres —dijo el comandante, y no sólo lo escuché de frente sino en el comunicador también—. De las naves que trajimos la mitad están destruidas, necesito que Adhara te vayas con los Dragones que trajiste, llévate a más contigo y regresen con más naves —esperamos una respuesta, pero no la hubo—. ¿Adhara?

Cygni.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora