Denébola.
La última noche que pasé en la Tierra, no podía dormir. Den me dejaba su cama entera porque sabía yo no paraba de moverme por la noche, así que él dormía en el piso. Eran las dos de la mañana y mi hermano tenía un sueño inquieto, pero al menos dormía. Yo, en cambio, no había podido dormir porque mis pensamientos se arremolinaban en sólo un lugar: Cygni.
Me aterraba pensar qué pasaría después, qué encontraríamos en un planeta que, hasta hace unos días, no sabía que existía, que no tenía idea de que yo pertenecía ahí.
Salí de la cama sin hacer ruido y después salí de la habitación; todo estaba en silencio y oscuro, pero lo suficientemente claro para ver por dónde iba, así que, sin despertar a nadie, salí de la casa y fui al lugar que me había dado paz por esos días: la playa.
Cuando llegué no me senté en la arena, me quedé de pie observando todo a mi alrededor; un aire tranquilo me acaticiaba la cara, esa noche habían varias estrellas visibles, la Luna brillaba en lo más alto del cielo y parecía gritar mi nombre; extrañamente me sentía atraída de una manera difícil de explicar.
Alguien llegó a mi lado, cuando miré vi a Adam; miraba el cielo como yo, pero parecía mucho más tranquilo. Y no me molesté al verlo.
— ¿Tampoco puedes dormir?
—Tengo el sueño ligero —contestó, dando a entender que me había visto salir—. Ven. Sentémonos en esa roca.
—Te mojarás todo —dije, viendo su pantalones de pijama.
Se encogió de hombros y comenzó a andar hacia la roca. No estaba lejos, pero estaba rodeada de agua, al menos le llegaba a sus rodillas; lo seguí sintiendo el agua en mis pies y piernas. Subimos a la roca y nos sentamos uno al lado del otro. Por unos segundos, nadie dijo nada y, para sorpresa de ambos, esta vez fui yo quien rompió el silencio.
—Siempre había tenido una fascinación por las estrellas y el universo. Quizá eran mis genes llamando mi nombre.
—Quizá —concedió él. Pude oír cómo tragaba salib cuando me miró a la cara; sus ojos parecían más brillantes con la luz de la Luna que por un momento pensé que parecían cygnis—. No tienes que ir si no quieres, nadie te puede obligar. Lo sabes, ¿no?
Tardé en responder.
—Toda mi vida he deseado saber la verdad, me mataba no tener una explicación para mi vida, ahora... creo que quiero ir —confesé.
Asintió lentamente, con una media sonrisa en su cara.
—Volveré.
—Lo harás —aseguró, sonriendo más—. Sé que el destino quiere que estemos juntos.
— ¿Cómo lo sabes? —divertida le pregunté.
—Porque yo hago mi propio destino.
Sonríe. Nunca perdía la oportunidad de decir alguna cosa así, no sabía cómo sentirme, pero no podía permitir falsas esperanzas para ambos.
—Tú no estás enamorado, Adam. Ni yo tampoco —dije sinceramente.
¿Por qué mentir? Pero ¿Por qué mi pecho se había oprimido cuando lo dije?
—No me subestimes, Brentham. No me subestimes —fue todo lo que dijo.
Después me atrajo hacia sus brazos y me abrazó como nunca lo había hecho, quizá era porque nunca fuimos tan cercanos, pero en esos días me había dado cuenta de muchas cosas. Cosas que no podía remediar o aprovechar. Adam siempre me saludaba en la escuela, aun cuando nunca le contestaba. Adam siempre se sentaba cerca de mí cuando compartíamos una clase, aun cuando yo trataba de ignorarlo. Adam nunca se había burlado de mí, a pesar de que Zac siempre lo hacía. Adam me traía una paz que no había encontrado antes y ahora era demasiado tarde.
ESTÁS LEYENDO
Cygni.
FantasiEllos son hermanos y parece que lo tienen todo en la vida, no les hace falta nada, son adolescentes que van a partidos y fiestas con amigos. Excepto... que no son como los demás. Denébola y Deneb tienen un secreto que han escondido toda su vida con...
