Un ruido muy pesado me despertó de golpe. Me quede completamente dormida, todo estaba oscuro. De inmediato me levante y pretendí seguir aquel ruido. Venia del estudio de Ji… luego escuche las escaleras y ahora el ruido venía de la habitación principal. Me asuste de inmediato, el ruido se hacía mucho más fuerte y se escucha de muy lejos. ¿Qué sucedía? ¿Será un ladrón? ¿Por qué Ji no ha llegado? Me estoy asustando.
Caminado con cuidado fue hasta el estudio de Ji y todo estaba dado vuelta, ¿No qué lo había arreglado? Me asuste más, ¿Había un ladrón en casa y yo estaba sola? La curiosidad me gano y con cuidado subí las escaleras y camine hasta la habitación. El ruido ceso y algo dentro se derrumbo ¿Hay un ladrón en nuestra habitación? ¿Dónde esta Emma? Por dios, ¿Estará herida? No sé de donde saque fuerza y abrí la puerta. Todo estaba completamente oscuro y mi ropa en el suelo, las puertas del closet abiertas y todo lo mío desordenado.
¿Quién era aquel? ¿Por qué hay sollozos? Me acerque más y vi Ji Yong en el suelo, sujetando su cabeza entre sollozos. Vi lagrimas en su rostro. ¡Por dios!
-¡Ji Yong! –cayendo de rodillas me acerqué preocupada y sorprendida ante él. –Pero ¿Qué pasa?
-¡Antonia! ¡Antonia! Antonia. Antonia. Mi Antonia. –sus ojos. Sus lindos ojos estaban humedecidos, rojos. Tomaba mi cara entre sus manos y me daba besos por todo el rostro.
-Ji, cielo. ¿Qué sucede?
-No me abandones. –eso me dolió. ¿Qué ha dicho?
-Ji, cielo. Cariño.
-No me dejes. No me abandones. Por favor Antonia. No me dejes.
-Prometí que---
-¡No me abandones! No me abandones Antonia. –lloro. Sus lágrimas salieron. Verlo así realmente me dolió. ¿Por qué actuaba así? ¿Qué hice?
-Ji ¿Qué suce---
-¡No me dejes!
-¡Que no lo haré! Por dios, ¿Qué sucede? Ji dímelo. –me miro sollozando, hasta pude ver que se acercaba un puchero. ¡No! Mi niño no. No por favor.
-Te pido… te ruego… que no me dejes. –puso sus rodillas en el suelo y agacho su cabeza. –Te hago reverencia con mi cabeza al suelo, ¡No me dejes! –no puedo verlo así.
-Ji por favor levántate. No puedo verte así ¡Por favor levántate! –se levantó, pero se mantenía de rodillas. Reconocí esa pose, ¡No! –Ji levántate. –negó.
-Seré tu sumiso. Así como estoy ahora. No me abandones, por favor.
-¡Levántate!
-Ama… -sollozó. –Ordéname. –bajo su mirada como yo cuando él… cuando él me dominaba. ¡Maldición! –si así puedo volverlo a racionar, tendré que hacerlo como él sabe.
-Te ordeno a que te levantes y me mires. –lo hizo. Lo mire desde abajo y me levante. –Ahora mírame. –no lo hizo. -¡Mírame!
-Golpéame. –su mirada se mantenía baja. Busque su mirada. Tome su rostro e hice que me viera.
-Mírame o me iré.
-No… -me miro. –No por favor, no me dejes. –aun no comprendía porque repetía aquello.
-Te ordeno que me beses. Bésame como a mí me gusta. Hazlo o me iré.
-No por favor. No te vayas, no me abandones. –me beso fuerte. Dominante. Solo él puede dominar esto. Solo él.
No lo dude y me acerqué a él. Puse mis manos alrededor de su cuello y hale su cabello para que su lengua se adentrara en mí. Aun no podía entender. No comprendo nada. no tiene gusto a alcohol. ¿Por qué ya actúa así?
-Hazme el amor. Te lo ordeno. –susurré y eso lo prendió. Quito mi ropa una a una. Me sentía vulnerable ante él, pero sabía que Ji lo estaba más que yo. –Te ordeno a que me domines. ¡Domíname! Si no lo haces… ME IRE.
-No. –sentí su tacto en mi cuerpo. Su dedo acariciaba por sobre mis bragas. Si. Esto necesitamos.
Me dejo caer sobre la cama. El con toda la lujuria se desvistió. Dejo su erección a mi vista y yo me calenté aun más. No sé porque, relamí mis labios y los mordí.
-Te quiero dentro ya…. –dije en voz baja mirándolo a los ojos.
-Lo sé, nena. -¡volvió! Dios volvió.
-Ji. –sujete su rostro entre mis manos limpiando una lagrima. –Entiéndelo. No. Te. Dé-ja-re. –mi niño a regresado. Pero aun veía tristeza en su mirada.
-Voy a follarte Antonia. Te haré correr hasta que te deshagas debajo mio. Y luego te llenaré de mi semen.
-Si… si… ¡Si! Fóllame. Por favor.
-Sabes que amo cuando suplicas.
-Te amo.
Torpemente me incorpore como pude. La habitación era un desastre. Ji me miraba desde su lado de la cama.
-Lo siento… me he dormido. –dije tratando de pensar.
Sonrió y me derritió. –No te has ido.
-Te dije que no lo haría ¿Cuántas veces tengo que decirte?
-¿No te irás… verdad?
Negué con la cabeza y me acerqué. Puse mi oído en su pecho y su corazón latía a mil. -¿Qué ocurre cariño? Dímelo.
-No lo sé. Llegue y no te encontré. Emma me dijo que no te había visto y James me dijo que te dejo en la entrada de afuera, siquiera te dejo aquí. –se tensó. –Te busque en el garaje, en las habitaciones, en el gimnasio, hasta en el estudio, afuera, en mi despacho y lo arruine cuando no te encontré. No había rastro de ti, pensé que estarías aquí en la habitación, pero no, ni tus cosas con las que estabas se encontraban aquí. Pensé que---
-Llegué y tenía inspiración en dibujar y diseñar. Pase directo a mi estudio, siquiera me di tiempo de saludar a Emma y me quede dormida.
-Te llame mil veces.
-Perdóname, siempre que entro al estudio lo dejo en silencio. Me dormí, lo siento.
-Pensé que… me había dejado.
-Eso nunca, ya te lo dije. ¿Qué puedo hacer para que me creas? –solo me miro y sonrió. De manera descarada me subí sobre él. Ambos estábamos desnudos. Acaricie su torso mientras mis manos iban bajando hacía su pelvis.
-Anto. –gimió. -¿Qué haces?
-Déjame hacerlo.
-¿Qué vas hacer?
-Solo déjame, por favor.
-Anto… no. –nos miramos fijamente. Quedo congelado cuando sintió que tome su pene con mi mano derecha. Punto para mí.
-¿Vas a dejarme? –pregunte mientras lo apretaba lentamente. Asintió lentamente y paso saliva. –Quiero follarte.
-¿Dónde?
-Solo déjame.
-Bésame. –obedecí. No dude en gemir. Me estaba excitando y Ji me ponía muy caliente. Mi mano derecha tomaba vida propia. ¡Oh si! Se esta poniendo duro. Así lo quiero.
Estaba segura de que Ji sabía y estaba consciente de lo que yo pretendía hacer. Sin dudarlo deje de besarlo y ahora bese su cuello. Iba bajando. Su pecho subía y bajaba producto de su respiración acelerada. ¿Esto lo causo yo? Si nena, tú lo haces.
-Anto… no. –estaba frente a su pene, de la punta salía líquido débil. Pase mi dedo alrededor. Todo su espesor estaba caliente. ¡Yo quiero! –Anto… por fa--- -gimió. Era la primera vez que lo hacía. Introduje la punta dentro de mi boca. El sabor era algo salado… Húmedo, caliente y salado.
Ji Yong no podía creer lo que veía. Intentando alejarme quiso separarse. Sus manos estaban en mi cabeza y mis manos en sus caderas. No iba a salir de allí hasta cumplir mi objetivo.
-Por favor anto--- ¡Ah! –me moví. La sensación era rara. Mi culo al aire y mi sujetada por sus manos. ¡Quiero más!
Seguía moviendo mi cabeza de arriba abajo. Mi boca y mi lengua tomaban vida propia, me gustaba lamerlo. Que decir de mis manos, bajaron hasta sus testículos, los acaricie con delicadeza apretando intercaladamente. Sentir a Ji estremecerse debajo de mí me hacía sentir triunfante.
-De… tente si no… yo. –lo sentí raro. Más salado y más caliente. Algo en el venía y mientras se sujetaba de las sábanas y tensando la mandíbula lo vi venir… ¡Todo él viniéndose en mi boca! Mierda que…
Tocí al recibir su semen. Me lo trague pero aun así tocí. Dios ¡Me ahogo! Ji me levanto y me hizo mirarlo, por supuesto él estaba preocupado.
Sonreí, saboree su sabor y lo bese. Ahora sé y siento lo que Ji siente cuando yo me corro en su boca. Separé mis labios de los de él y mire sus ojos.
Preocupado, sorprendido y pálido pregunto. -¿Estas bien?
-Mío. –sonreí.
-¿Te he hecho daño?
-Eres mío.
-Antonia. –dijo serio.
-Solo me atragante pero… -lo vi. –Eres mío. –echándose hacía atrás dejo reposar su cabeza sobre la almohada de la cabecera. Me cole en su pecho mientras el me acariciaba la espalda.
-¿Qué voy hacer contigo? He creado un mounstro.
-Sabes bien. Cielito. –y sabiendo que sonrió, me abrazo más fuerte y beso mi nuca. -¿Tengo castigo?
-Tres nalgadas y una follada que terminará en polvo rosa.
-¡Perfecto!.
No cabe duda que a él le gusta dominar y a mí me gusta que él me domine. Claro esta, él sádico y yo su casi su sumisa. Creo que un poco masoquista.
Todo ha ido de maravilla en la gerencia de G-Sex. Abby y yo nos hemos conocido más y hasta he conocido a su novia Mónica. Incluso me han invitado a cenar mientras que Ji tiene sus viajes de negocio.
Veintiuno de diciembre y la navidad se acerca. Todo esta decorado. Recuerdo la llamada de Ji cuando pidió que decoraran G-Sex. Parecía un niño cuando decoramos la villa y el departamento. Incluso se coló cuando Vero dijo que decoraría el arbolito.
-Que consciente Antonia. Llegaste a tiempo.
-Eh estado un poco ocupada. Ya casi me olvido de todo.
-¿Te has sentido bien?
-No desde el último mes. El periodo llego con dolores, antes ya me había pasado, antes de inyectarme, pero con este último me ha pasado de todo. Dolor, irritación, sensibilidad, rabia.
-La prueba que te hice fue negativo y pensando bien… más bien la dosis fue más que la última. Probé contigo el efecto. Volveré a la dosis. -¡Perfecto! Fui su ratón de laboratorio.
-Por cierto, me he vuelto más impulsiva y vengativa. –arqueo las cejas. ¿Pensará que la estoy amenazando?
-Esos no son efectos de la dosis. Más bien son síntomas de una conducta psicológica.
-¿Enserio?
-Si. Hay un colega en el piso de arriba. Si quieres puedes visitarlo. No esta demás chequearse. –suspire. –Vamos, te inyectaré.
Así que una conducta psicológica. Me pregunto si será contagioso, ¿Por qué estaré comportándome así?
Cuando llegue a G-Sex había un ambiente tenso… ya reconozco esto. Automáticamente mire mi teléfono y para variar tenía llamadas de Ji. ¿Por qué lo dejo en silencio siempre?
-¿Dónde te metes mujer? –Abby estaba pálida y muchos archivadores. –Ji te esta buscando como loco.
-Yo me encargo. –entre sin golpear y Ji Yong estaba parado frente a la ventana y hablando por teléfono, obviamente en su precioso idioma hangul.
-*¡Que no! La llame y no responde. Me ha dejado Seungri. Me ha dejado completamente. –otra vez con eso ¡Por dios! Seguí hasta adentro, no me vio y me senté en su escritorio. Espere a que terminara o me viera. ¿Qué más dirá? –No. Yo no he vuelto a lastimarla… te lo juro… ¿Mi actitud?... ¡Me estoy controlando! Que no… no es mi puta enfermedad. –suspiro. –La perdí para siempre.* -¿Escuche bien? ¿Dijo enfermedad? Dio otras vueltas y aun no me veía. Sin ganas de seguir escuchando me acerqué a él y le arrebate el teléfono.
-*Ya volví y no lo dejaré Seungri. Cuídate y nos vemos.* -corte y tire lejos su teléfono. Me acerqué y lo bese. -¿Hasta cuando dirás lo mismo?
-Antonia…
-¿Hasta cuando Ji? Fui donde la doctora para ver mi dosis. No respondí porque estaba ocupada. No me alejaré de ti y ni te dejaré o abandonaré. ¿Puede eso quedarse en tuu cabeza? –asintió. Se veía más aliviado. -¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué están todos tensos? –miro hacía abajo, tenía la expresión de un niño al cual regañan por pillarlo haciendo cosas malas. Se acerco al teléfono y apretó el altavoz.
-Abby da la orden de que cancelen el despedir a la gente. –abrí mi boca. ¿Despedir?
-¿Qué mierda ibas hacer?
-No te encontraba.
-Te dije anoche donde iría, joder Ji. Esa gente no me tenía secuestrada. ¿Ibas a despedir a esa gente en vísperas de navidad? Dios En qué estabas pensando?
-Lo siento yo… no sé que me pasaba.
-Deja de actuar así por dios. –me senté en su asiento. -¿Qué quieres que haga para que me creas de una vez que no te dejaré? –lo mire fijamente. Lo mire tal cual el lo hace conmigo.
-Yo no pensé…
-No, no lo haces. –me miro.
-No te enojes. –susurro.
-Es que Ji… ¿Por qué actúas así? ¿Qué es lo que tienes? ¿Qué enfermedad tienes? –abrió sus ojos y se tenso más de lo que estaba. -¿Ji?
-Una… una… yo… yo tengo… -me miro. –Yo soy---
-Disculpe Sr. Kwon, Eric Hoffmann esta aquí. –nos miramos.
-Te salvo la campana Ji. –dije completamente seria.
-Hazlo pasar Abby. –dijo Ji alejándose de mi vista.
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Ganas de tí
FanfictionSINOPSIS -Muy bien señorita, lo dejamos para mañana, puede retirarse -Buenas noches Sr. Kwon -Buenas noches Srta. Martins -dice, fríamente. Todos los derechos a Pali Jiménez Molina
