Ganas de tí.. ahora y más - Capitulo 6

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Mierda.


No sé como llegue a esto. Ji no me miraba. Mucho menos me hablaba. Estoy dolorida. Muy dolorida. Me duele todo. Puto Kwon Ji Yong.

---Flash Back---

-Dime Antonia ¿Quién soy yo para ti? -¿Qué pregunta es esa? Tengo dos opciones. –Responde. –verlo así me daba miedo. Escalofrío tal vez, pero el miedo que sentía era terrible. -¡Responde! –no sabía que decir ¿Lo uno o lo otro? -¿Qué mierda estas esperando Antonia? ¡Que pierde le paciencia! –ya lo hizo. Me tiene atada de manos y pies en la cama con mis extremidades abiertos. El cuero que envuelve mis tobillos y muñecas es suave, pero cuando lo tiro me daña. No creo que tenga más paciencia. De todas las preguntas que me ha hecho, todas son nulas para él, todas son correctas para mí. ¿Qué mierda quiere? De todas las nulas me ha castigado. Azotes. Pellizcos me ha dado suavemente con la fusta y esa mierda que parece látigo, pero que en su defecto parecen extremidades de cuero “Pelos gruesos de cuero”, no sé ni lo que estoy diciendo. Un poco más y no podré aguantar. Por favor Ji Yong, detente. –Abre los ojos. Quiero que me veas. ¡Ábrelos! –estaba asustada. Nunca antes me había gritado. Nunca antes me había tratado así. ¿Qué hice mal? Fue la pregunta que me obligo a decir mientras me recuperaba del cuarto orgasmo que me daba con su boca y sus dedos. Estaba exhausta. No podía aguantar más. Desconozco al hombre que esta frente a mí. Solo quiero acurrucarme a un lado de la cama, abrazar mis piernas y llorar. Quiero llorar, así como lo hace una niña pequeña. Quiero llorar. Lo deseo.

-Por favor detente.

-Aun no respondes a mi pregunta.

-Ji por favor.

-Por favor nada. Me tienes jodidamente enojado. ¡Responde la puta pregunta!

-¡NO! –solo sentí algo caliente después de un sonido. Me dio en la pierna con el látigo que tenía muchos cueros.

-¿Qué soy yo para ti Antonia? ¡Responde la pregunta de una puta vez! ¿Jefe o novio? –dijo después de un respiro. Sus ojos ardían. Estaba apunto de llorar. ¡No! Aguanta. -¿Quién soy yo? –lo vi a los ojos pero no era el mismo. Él no me veía. Él estaba cegado por la furia. -¡Responde!

-¡ERES UN PUTO ENFERMO MENTAL! ¡UN SADICO! TU MALDITO TEMPERAMENTO, LA FURIA Y LOS CELOS TE LLEVAN A ESTO… ¡No eres mi jefe ahora… ni mucho menos mi novio! –mi voz se escuchaba menos. Grité lo anterior con las pocas fuerzas que me quedaban. Me desvanecía allí mismo. –No eres mi novio ahora. Eres un puto enfermo.

-¿Así que eso soy? –su voz era un solo hilo débil. ¿Qué esta pasando? Sonrió. -¡Eso soy! ¡Si! Lo soy. –agarro su cabeza entre sus manos y comenzó a reír sardónicamente. –Eso es Antonia. Pero no fue la pregunta. –se detuvo un momento-. No. No era la respuesta que esperaba. 

-Ji por favor detente. –comenzó a desvestirse. Prácticamente se quito la camisa y desabrocho el botón de su pantalón de vestir, bajo su cierre y libero su miembro. -¿Qué vas hacer?

-¿No es obvio?

-Por favor Ji… yo no---

-Shhhhhh… Eres MI novia. Y tú eres mía. Dilo. Di que eres mía. –otra vez tuve miedo. No quería. Aunque el miembro de Ji se rozaba con mi clítoris algo me hacía estremecer y sentir placer. Pero no, no era el momento. No con nosotros así. No con él así, ni yo así. Sentí los dedos de Ji acariciar dentro de mí y me retorcí, mi cuerpo me traiciono. Estaba más que lista. Fue ahí cuando me embistió de golpe.

-¡Ay! –no era la manera como lo hacía. Me dolía que Ji estuviera así. Dolía. Mis lágrimas salieron de forma involuntaria. Necesitaba acurrucarme y llorar. No podía soportar. Él por su parte mantenía la sonrisa. ¿Por qué? –¡Rojo!... Rojo… rojo… rojo… -mientras más decía esa palabra, más lloraba. Ji se detuvo y al fin pude verlo.

-¡No! No, no, no… por favor no. –se levanto de golpe y libero mis pies y muñecas. Automáticamente me encorve. Me acurruque a un lado de la cama sujetando mis piernas y escondiendo mi cabeza. Lloré con todas mis fuerzas, no me limite a silenciarme. Necesitaba desahogarme. Después de un rato largo, levante mi vista y lo primero que vi fue a Ji. Estaba como yo, sentado en el suelo, abrazando sus rodillas y con la cabeza gacha. Me vio y se levanto de golpe. –Antonia…

-Ni se te ocurra dar un paso más. –le advertí. –No quiero nada de ti ahora. ¡Nada!

-Antonia perdo---

-¡No me hables! –me incorporé, limpie mis lagrimas y puse mis pies en el suelo. Desnuda, completamente fui a parar al piso. Allí lloré. Coloque mi frente en el piso y seguí llorando. ¡Estaba débil maldita sea! –Vete… ¡Vete! –grité.

-No… -dijo débilmente. Alce mi vista y era diferente. Sus ojos de antes no era nada comparado con los de ahora. Sus ojos mostraban agonía, desesperación, preocupación, arrepentimiento. –No me iré. –se acerco a ayudarme pero lo rechace. 

-No. Quiero. Que. Me. Toques. ¡Quita tus manos de mí! Aunque sea arrastrándome me iré de aquí. –se desespero tan solo con la frase. Eso. Lo que escucho. Se desespero.

-Me iré. Pero antes te dejaré en tu habitación y luego yo me iré.

-No quiero que me toques.

-No llegaras lejos.

-Vete a la mierda. –como pude me levante. Tome su camisa del suelo ya que era lo más cercano que tenía a mano. Di pasos lentos, pero seguros. ¿Qué iba hacer? Me hizo daño. Lo deje una vez. Esta vez no me escucho. ¿Me quedo o me voy? 

---Fin Flash Back---

De: Katherine Edwards
Para: Antonia Martins
Asunto: Asistencia
Fecha: 14 diciembre 2013 08:18

Antonia, dijo el Sr. Kwon que no es necesaria tu presencia aquí en G-Sex.
Menciono que conmigo se conformaba.
Cuídate y descansa.

K. Edwards
Secretaria Ejecutiva de Gerencia
Empresa textil G-Sex

¿Qué mierda? ¿Solo con ella se conforma? Sé que falte ayer por no estar en condiciones. Pero hoy iba a ir. ¿Ahora qué… Me mandara a decir con Kathe que me despide?


No puede hacer eso. No soporta que este alejada de él. No sabe nada de mí. Debe estar completamente desesperado. Pero, ¿Por qué no me ha llamado? No lo veo hace dos días.

---Flash Back---

-¡Largo de aquí Ji Yong!

-Antonia por favor no te vayas. Fui un imbécil. Por favor escúchame, Antonia.

-¡Déjame pasar!

-No. Estas débil. No puedes manejar así.

-¡Dame las llaves!

-No Antonia, no deja---

-¡No quiero verte!, por favor déjame.

-Puedo dejarte sola como la otra vez, pero te vayas. Antonia.

-Ji… déjame. ¿Quieres que haga un escándalo?

-James… él te llevara.

-Te dije que no quería nada de ti.

-No dejaré que conduzcas así. Si quieres irte… yo… no dejaré que… lo hagas en ese… estado. –cada vez hablaba más bajo y lento. ¿Por qué justo ahora tuvo que tener esta actitud?

-Alterada. Débil. Enferma. Lo haré. Ahora quítate de la puerta.

-Anto. Por favor. -¿Anto? Que lindo suena ¿Por qué me hace sentir estúpida cuando estoy dolida con él?

-Ji. –basto una mirada y se aparto de la puerta. James estaba afuera, se veía algo preocupado, claro, por mis gritos… he gritado desde que baje por las escaleras. Ji estaba en la puerta solo con sus pantalones de vestir. Yo como pude me puse unos jeans y mis converse sin atar, además de su camisa.

-¿Srta. Antonia? –la voz de James me alejo del pensamiento.

-¿Puedes llevarme al apartamento? –tomo de mi mano y me fui con él. Solo quería irme de ahí.

-Antonia… -la voz de Ji me detuvo. -¿No quieres verme?

-No. –dije sin verlo y desaparecí detrás de la puerta del auto. Una vez sentada cerré mis ojos y las lágrimas salieron. Respire con dificultad y salí de la villa. Salí de allí dejándolo.

---Fin Flash Back---

Y aquí estoy. Envuelta con mi manta, con una taza de café esperando por ser bebido. Totalmente dolorida. 

-¿Hola?

-Lo has dejado.

-¿Seungri?

-Lo dejaste Anto. ¿Por qué?

-No quiero hablar de ello.

-Te pedí que no lo hicieras.

-Basta, por favor.

-¿Qué sucedió?

-¿Qué te dijo él?

-Prefiero escucharte a ti. ¿Qué hiciste?

-Te contó. –afirme. –No hice nada.

-¡Por favor! Te advirtió que no te acercarás a Hoffmann.

-¡Solo fui por agua!

-¡Y lo primero que haces fue acercarte a él! –Seungri parecía aun más comprensible haciéndome recordar todo. No como Ji, que quiso hacerlo a su manera.

-¡Maldita sea Seungri! No hice nada. Ji suele ser así de temperamental, tu mismo me lo has advertido. Pero créeme que no hice nada.

-Dijo que le viste sus manos y ¡Su polla!

-¿Su qué? Seungri ¡Por favor!

-No mientas, Ji es muy observador.

-Y tú sordo. No me escuchas.

-Eres muy mala. Antonia. Yo confié en ti.

-Y lo que me hizo Ji qué. ¿Acaso no fue malo también? Le pedí por favor que se detuviera, pero no me escucho. Continuo y tuve que utilizar mi---

-Palabra de seguridad.

-Sabes más de lo que deberías.

-Sé mucho más que tú respecto a Ji. Lo conozco mejor que tú. –y tenía razón. Esa oración me causo dolor. Yo… no lo conozco. Es él que dice que no quiere que yo lo conozca… no me habla de él. No me responde cuando le pregunto

-Me dijo que no me lastimaría y hace dos noches él---

-Es bipolar. Tiene esa enfermedad.

-¿Qué?

-No puedo hablar, ya debo irme.

-Pero Seungri.

-Te llamaré después. –cortó y me dejo ahí. Entonces todo tiene sentido. Su temperamento y cambios de ánimos tan repentinos. Ahora ya sé porque dice que intenta controlarse. Ahora todo tiene sentido.


Ahora ya se porque Ji es así ¿Por qué no me dijo nada? ¿Por qué no lo mencionó antes? Necesito saberlo. Necesito hablar con él. Necesito… necesito verlo.

-Anto… Anto… ¡Antonia!

-Vero.

-Caray mujer. Que sueño el tuyo, ¿No duermes por las noches? –sonrió. –Llevo tiempo tratando de despertarte.

-¡Vero! –y allí estaba yo. Me abalance sobre mi amiga. Mi confidente. Mi pañuelo de lágrimas. 

-¿Todo bien, Anto?

-Si.

-Entonces porque me abrazas.

-Solo te eche de menos ¿Dónde estabas? Llegué antenoche y no había rastro de ti. –mantenía abrazándola. Era muy raro entre nosotras. Casi nunca lo hacíamos. Siempre nos comunicábamos a través de la mirada.

-Recuerda que fui a ver a mis padres. Acabo de llegar. ¿Todo bien Anto? No sueles abrazarme, ¿Ese chino coreano te hizo algo?

Solté mi agarre. –No… bueno.

-¿No? ¿Bueno? Dímelo todo. ¿Qué te hizo o dijo? ¿Dormiste aquí?

-Si, dormí aquí.

-¿No fuiste hoy al trabajo?

-No, tome libre estos dos días.

-¿Dos días? Esto es raro. Escúpelo Martins ¿Qué ocurrió?


No podía contarlo “TODO”. En primer lugar, Verónica no tiene idea de la clase de sexo que practico con Ji Yong. Tampoco creo que Seungri haya llegado a ese limite con ella, si me dijo <<Nosotros sabemos quienes pueden ser sumisas y Verónica no lo es. Tú, si>>. ¿Qué hago?

-Antonia, no lo pienses y dímelo ya. Estuviste llorando mucho, tienes ojeras, te pareces a Se--- alguien. Si no me dices tú yo misma iré a G-Sex y le patearé las bolas al Sr. Kwon, y mientras se soba le exigiré que me explique porque mi mejor amiga esas ojeras de mierda. –respiró. Dijo todo con el mismo aire en los pulmones. Volvió a respirar y hablo. –Anto. Amiga. ¿Vas hablarme? ¿Te tiene amenazada?

-¡No! Ji Yong… no… bueno él.

-¡Ya! Habla de una buena vez.

-Me hizo una escena de celos. Muy fea. La escena. No me escucho y se guio por lo que vio.

-Así que nos salió celoso ¿Con quien? ¿Lo conozco? –ella piensa que fue Seungri ¿Por qué pensé lo mismo? Vero a veces es predecible otras veces hay que ser adivina.

-Eric Hoffmann. –arqueo las cejas. –Es el gerente general de Ort Múnich.

-Nombre atractivo. No me digas, Múnich es de Alemania ¿Cierto? –asentí. –Bien… ¿Alemán de ojos azules? –asentí. -¿Buen porte? –asentí. -¿Jove y atractivo? –Asentí. -¿Caíste con el alemán?

-No. Solo que ese día de la reunión---

-¿Fuiste a una reunión con él?

-Fuimos, había más gente. Había una escena, bueno… espera. –respire y ordene mis ideas. –Resulta que Ji Yong me advirtió; me dijo que no me acercara a Hoffmann

-Y tú tan obediente se te ofreciste al Sr. alemán 
-Vero. Por favor. –respire otra vez. –Ji de un principio estaba enojado porque no deje que se me acercara. Estábamos de reunión en reunión y no podíamos darnos el lujo de hacer semejante acto delante de otros directivos ¿Me entiendes? –solo me vio. –Cuando llegamos a Ort NY, Hoffmann me vio e inmediatamente fue atento conmigo, bueno “atento”, se presento conmigo y no me quitaba los ojos de encima. Luego me ofreció café, pero Ji pensó que se lo ofrecía a él. –vi la expresión de mi amiga tratando de imaginarse la escena. Continúe. –Entonces Hoffmann le dijo a su secretaria que me trajera un café. A todo esto, Eric nos hizo esperar porque se la estaba follando.

-No dudaría con semejante jefe.

-Entonces esta secretaria de muy mala gana me ofreció el café de muy mala manera.

-¿Te derramo café encima?

-No, solo pregunto de mala gana.

-¿Era morena?

-Rubia.

-¿Ojos?

-Creo que claros.

-A los rubios de ojos azules les encanta las morenas o trigueñas de ojos oscuros. ¿Sabes porque? –negué. –Porque ven mucho amarillo. Así que un color oscuro llama la atención automáticamente.

-¿Qué me dices de mí? A Ji deberían gustarle las rubias ¿No?

-Las asiáticas son planas. Tablas con pelo extremadamente liso, además casi todas se parecen. Tú tienes tetas y culo.

-¿Por qué hablas tan vulgar? Me recuerdas a alguien. –la mire seria por un momento.

-Además tienes piernas rellenitas, Ji tiene de donde agarrar y tu pelo es una enredadera ondulante. Ojos grandes y labios carnosos. Diferente a las demás. –lo mismo me dijo Ji cuando firme el contrato. –Continua.

-Bien. Gracias por definirme. Entonces las asistentes estábamos a los costados. Yo moría de sueño era una barbaridad. Entonces me dio sed y fui por agua a una de las mesas laterales y---

-¿Con que vestías?

-Tacones negros y el vestido negro.

-¡El que se te ve los malos pensamientos por tu trasero!

-Si.

-¡Por dios! Continua.

-Fui por la botella de agua y esta se me cayó al suelo. De forma muy atlética me agache a recogerla. Iba a sentarme de nuevo pero a Hoffmann se le ocurrió pedirme café.

-Dime que no lo hiciste.

-Si lo hice. Les serví a todos.

-¡¿Por qué?! No era tu responsabilidad.

-¿No?

-Claro que no. Él tiene su secretaria y los demás pueden servirse solos. ¿Por qué hiciste semejante cosa?

-Pensé que sería bueno hacerlo

-¿Por qué eres tan buena Antonia? Los demás creyeron que querías llamar la atención.

-¿De verdad piensas eso?

-¿Tú crees que los hombres piensan en “accidentes”? no. Los hombres son animales. –ahora me explico porque Ji me dijo que quería llamar la atención. –Te invito un café, o un trago. Producto de tu acción fueron los celos de Ji. Recuerda que él es hombre, y todos los hombres son iguales.


Sabías palabras de mi amiga. Aunque no todos son iguales.


Necesito hablar con Ji sobre esto. Espera… ¿Me dormí? ¿Seungri me llamo o soñé? Aunque la llamada fue real. Escuche su voz regañándome. Él es así y Ji es… ¿Bipolar?

-¿Crees que Ji es bipolar? –pregunté al aire mientras Vero se sentaba.

-Esas personas están encerradas en psiquiátricos. No andan libre por la vida así nada más, ¿Por qué?

-Solo preguntaba. Dudo que él lo sea. –susurré. Solo su personalidad es así… creo.


De: Eric Hoffmann
Para: Antonia Martins
Asunto: Urgente
Fecha: 14 diciembre 2013 17:34

Srta. Martins.
Las telas no me han llegado. Necesito respuestas. Con su jefe no hay comunicación. Por favor acérquense a Ort lo antes posible o comuníquese conmigo.

PD: ¡Lo antes posible!

Eric Hoffmann
Gerente General
Empresa Ort S.A

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