—¡Zabdiel!—le gritó Erick prácticamente a la cara. El boricua parpadeó varias veces como si estuviese tratando de salir de una especie de trance, miró al chico de ojos verdes frente a él cruzado de brazos, le ofreció una pequeña sonrisa a modo de disculpa y luego suspiró.
—Lo lamento, Erick. No estaba poniéndote atención—explicó llevando sus manos a sus ojos para frotarlos.
—Me he dado cuenta, hermano—respondió el cubano.—¿Te pasa algo? Desde que bajaste has estado muy callado, pensativo, como si estuvieras perdido ahí adentro—señaló su cabeza y él le volvió a sonreír.
—No me pasa nada, Erick—se encogió de hombros.
—Deberías avisarle a tu cara, loco—añadió en medio de una risita divertida.
—De acuerdo, escucha...—Erick asintió brevemente y luego lo miró con fijeza esperando a que el chico comenzara a hablar. Zabdiel también lo miró y comprendió que lo que estaba a punto de decir en verdad era una tontería.—¿Tú crees que cuándo las personas pasan mucho tiempo juntas comienzan a parecerse físicamente?—el cubano se quedó en silencio, parpadeó un par de veces y su entrecejo se frunció considerablemente.
—¿Consumiste alucinógenos?—preguntó. Zabdiel lo fulminó con la mirada y luego negó ofendido.
—No estoy drogado, Brian.—protestó cruzándose de brazos también.
—Es que lo que estás diciendo es una tontería, Zabdi. Si eso fuera posible, nosotros ya fuesemos gemelos. Hemos vivido juntos desde hace mucho tiempo y no nos parecemos en nada, bueno, tal vez a veces digo cosas que por ahí no son de mi país o hago cosas que hacen ustedes, pero...físicamente es científicamente imposible—Zabdiel suspiró.
¡Erick tenía razón!
—¡Es una tontería, en verdad!—concedió en voz baja.
—¿Por qué la pregunta tonta que acabas de hacer?—se burló Erick.
—No, por nada. Era una simple duda—murmuró y Erick rio.
Soltó un suspiro y volvió a recordar las dos marcas de nacimiento de su novia y su amiga. No podía ir a decirles a ninguna de las dos pero tampoco se podía quedar con la duda. Ya se le ocurriría algo después.
(...)
—¡¿Estás nervioso?!—preguntó Danna a su padre caminando junto a él. Lo observó sostener un enorme ramo de flores de Dalias, él la miró un breve momento y rio.
—¿No crees que el día de hoy has estado demasiado curiosa, jovencita?—bromeó. Danna sonrió un poco y llevó su atención al frente donde los chicos caminaban en grupo junto a Camila.—¿Te molesta que salga con Cindy?—los ojos color ámbar de la muchacha volvieron a posarse en él y negó de inmediato.
—Tengo que admitir que es un poco raro que mi padre y mi entrenadora salgan pero no me molesta en absoluto—suspiró.
—¿Pero tampoco te agrada, no?—volvió a cuestionarla.
—¿Qué? No, no me desagrada.—hizo una pausa—escucha, tú tienes derecho a ser feliz, a enamorarte y esas cosas. A hacer tu vida, a casarte, a tener una familia propia, no tienes que preocuparte por mí—Renato la miró un segundo, negó y luego sonrió.
—Eres mi hija, Dan. Y claro que voy a preocuparme por ti hasta el último día de mi vida.—ella rio.
—Ay por Dios, se te está pegando lo dramático de Christopher—Renato rio y se acomodó un poco las gafas.—Ya no te juntes mucho con él...
—Puedes bromear todo lo que quieras pero eso no quita el hecho de que en verdad vaya a hacerlo—se encogió de hombros—Además, si tú eres mi hija y decido casarme y tener más hijos y todo lo que dijiste anteriormente, vas a estar ahí, Dan.—hizo una pausa—porque tú y yo venimos en paquete—ella rio y lo abrazó brevemente.—¡Cuidado con las flores, niña!—la retó.
ESTÁS LEYENDO
HEY DANNA (LCDLP#2) |CNCO|TERMINADA.
FanfictionSegundo libro de la trilogía LA CHICA DE LOS PATINES. Libro uno: LA CHICA DE LOS PATINES. Libro dos: HEY DANNA. Libro tres: QUERIDA LEYRE. .-.-.-.--. Sí Danna Francis pensaba que iba a librarse de Christopher Vélez tan fácilmente, estaba muy equivoc...
