—Chris.... —lo llamó Danna del otro lado de la puerta de la habitación del chico. Escuchó pasos amortiguados y luego la puerta se abrió dejándole ver a un Christopher recién levantado. — ¿Aun dormías? Son casi las once—murmuró la chica con las mejillas sonrojadas cuando se percató que su novio sólo vestía un pantalón deportivo y llevaba el torso desnudo.
—No, de hecho me estaba lavando los dientes.—le sonrió.—Buenos días, muñeca—la saludó un momento después antes de dar un paso al frente y besarla brevemente.
Danna le sonrió un poco.—Buenos días—susurró sin ganas. Christopher la miró un largo segundo.
—¿Te sucede algo, mi amor?—Sus ojos se conectaron y ella soltó un prolongado suspiró. Él tomó su mano y el guío al interior de la habitación.
—Tengo que decirte algo importante...—anunció apenas se sentaron en el filo de la cama aun desecha del chico. El corazón del ecuatoriano latió demasiado de prisa y su cerebro comenzó a trabajar rápidamente creando un sinfín de posibles noticias importante que Danna podría darle.—...es que yo...
¿Y sí le decía que quería terminar con él? ¿O que quería mudarse de casa? ¿O peor aún, de país? Y, oh. Por. Dios. ¿Y sí iban a ser padres? No es que le molestara eso, al contrario, le gustaba la idea. Los problemas vendrían después, cuando tuviesen que decírselo a Renato. Seguramente él los retaría cuarenta y ocho horas seguidas, luego le patearía el trasero a Christopher hasta que sus ganas de matarlo de diluyeran y Danna no volvería a ver la luz del sol hasta que cumpliese noventa años. ¿Pero valía la pena por su hijo, no? Si, valía toda la pena del mundo por un hijo suyo y de Danna. Se tendrían que casar en una ceremonia pequeña en el jardín de la casa, con pocos invitados y un banquete sencillo, porque a Danna le gustaban las cosas sencillas. Camila, Lucy, Ady, Melanie y Amber serían las damas. Los chicos serían sus padrinos, Aaliyah y Thiago podrían ser los pequeños pajes y Madison sería la niña que tiraría los pétalos de rosa por el camino que Danna recorrería hasta llegar a él. Iba a lucir realmente preciosa, ahora que se lo pensaba mejor. Renato intentaría separarlos, pero él no iba a permitirlo y su madre lloraría de orgullo al verlo casarse con la chica que amaba.
— ¡Christopher!—le gritó Danna para atraer su atención. Los ojos castaños del muchacho se posaron en ella y le ofreció una enorme sonrisa, ella en respuesta le frunció el ceño y negó de inmediato—¡No escuchaste lo que te dije!—protestó mirándolo de mala gana.
—Lo siento ¿Qué estabas diciendo?—cuestionó risueño. Danna negó de nuevo y soltó un suspiro de frustración. ¿En dónde tenía la cabeza su novio? Estaba distraído y no entendía por qué.
—¿Recuerdas que el otro día te dije que por alguna razón sentía la necesidad de llorar pero no entendía por qué?—explicó lentamente para que él pudiese entenderlo.
—Sí. ¿Qué es lo que pasa con eso?—preguntó tomando la mano de la chica y entrelazando sus dedos.
—Bien, te mentí un poco. Bueno, en realidad te mentí en todo.—la sonrisa se esfumó de los labios del chico y la miró con expresión seria.
—¿Me mentiste?—Danna asintió.
—Pero no de la forma en la que crees—suspiró y apretó más la mano de su novio—...la verdad es que sí sabía el porqué de mi sentimentalismo...—el corazón del chico volvió a acelerarse.
En alguna parte una vez había leído que las mujeres en las primeras semanas del embarazo tenían cambios de humor muy volátiles. Se ponían irritables, lloraban por todo e incluso pasaban de la tristeza a la alegría en cuestión de segundos. ¿Eso era lo que había pasado con su enana, no?
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HEY DANNA (LCDLP#2) |CNCO|TERMINADA.
FanfictionSegundo libro de la trilogía LA CHICA DE LOS PATINES. Libro uno: LA CHICA DE LOS PATINES. Libro dos: HEY DANNA. Libro tres: QUERIDA LEYRE. .-.-.-.--. Sí Danna Francis pensaba que iba a librarse de Christopher Vélez tan fácilmente, estaba muy equivoc...
