Christopher se sentó en el enorme sillón de la sala incapaz de apartar la mirada de la fotografía donde él, Danna y Leah posaban para la cámara. Tenía que admitir que era un cuadro sumamente hermoso. Y sin razón aparente su corazón se aceleró. Tal vez Danna tenía razón cuando decía que la pequeña niña Francis despertaba en él el instinto paternal que suponía todos los hombres tenían escondido.
Soltó un suspiro y bloqueó la pantalla del teléfono antes de echar su cabeza hacia atrás para relajarse un poco. Faltaba poco para que Dan volviera de la pista y tenía un pequeño plan en mente que incluía a la castaña y por lo menos media hora de suplicas para que Renato los dejara salir. Automáticamente sonrió.
—¿Cómo demonios me pides que me calme?—exigió la voz de Renato en la distancia pero era capaz de escuchar los pasos apresurados del hombre acercándose.—Cindy por favor, no me pidas eso, estamos hablando de Danna. No me puedes decir que me calme cuando acabas de decirme que mi hija tuvo un accidente...—el corazón de Christopher dejó de latir un breve segundo y se puso de pie tan pronto como sus piernas se lo permitieron.
Era como si con la sola idea de que su cerebro asociara el nombre de Danna con la palabra accidente en la misma oración, todo su sistema nervioso de pronto dejaba de funcionar. Luego una combinación entre la angustia, la impotencia y la desesperación lo embargó, Renato se frenó de golpe apenas lo vio esperándolo en el umbral de la sala, le lanzó una mirada que el ecuatoriano no supo distinguir y negó un poco.
—De acuerdo, te veré ahí en diez minutos—añadió antes de cortar la llamada.
—¿Qué le pasó a Danna? ¿Está bien, verdad? Por favor, dime que está bien—las palabras salieron a borbotones de sus labios sin que él pudiese frenarlas. Renato se sacó las gafas y se frotó los ojos con los dedos como si ya estuviera demasiado fatigado.
—En medio del entrenamiento tuvo un accidente. Axel la estaba sosteniendo en alto y Danna se desmayó—Christopher negó de inmediato y unas incontrolables ganas de volver a golpear al castaño de ojos grisáceos se sumó al mar de sentimientos que estaba experimentando.—No pudo evitar la caída y ahora está siendo atendida en el hospital—añadió en voz baja.
—¿Y qué demonios estamos esperando?—exigió el chico casi a gritos.
—Primero que nada, Chris. No te necesito a ti queriendo ir a partirle la cara a nadie—le espetó.
—¡Renato, por favor!—imploró con voz suplicante y ojos acuosos.—Te juro si quieres que no haré nada, pero por favor vámonos ya—Renato asintió y luego ambos a paso apresurado salieron de la casa. Ya tendrían más tiempo para avisarle al resto de los chicos que sólo Dios sabía en donde se habían metido.
—¡Joel!—exclamó Christopher apenas entró en la enorme y lujosa sala de espera del hospital.—¿Cómo está Dan? ¿Ya la viste?
—Chris....—susurró el chico poniéndose de pie alejándose de su novia—No, no la he visto y tampoco sé como está. Los doctores no nos han dicho nada, ni si quiera se han dignado a aparecer por aquí—suspiró rendido.
—¿Cómo es que ella...? ¡Dios!—Joel observó a su amigo y luego negó levemente.
—Se desmayó, Chris. ¿Recuerdas que ésta mañana Dan dijo que le dolía la cabeza? Bueno, Cindy cree que el hecho de que ella se haya tomado una pastilla fue lo que la hizo desmayarse—hizo una pausa—anda, Chris. Ven, vamos a esperar a que el doctor venga...
(...)
—¡Renato!—Camila entró casi corriendo a la sala de espera casi cuarenta minutos después de la mano de Zabdiel. Se detuvo frente a su jefe y luego negó un poco.—¿Tienes alguna noticia de Danna? Joel no fue precisamente claro en el mensaje que le envió a Zabdiel.
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HEY DANNA (LCDLP#2) |CNCO|TERMINADA.
FanfictionSegundo libro de la trilogía LA CHICA DE LOS PATINES. Libro uno: LA CHICA DE LOS PATINES. Libro dos: HEY DANNA. Libro tres: QUERIDA LEYRE. .-.-.-.--. Sí Danna Francis pensaba que iba a librarse de Christopher Vélez tan fácilmente, estaba muy equivoc...
