Al caer las seis con cincuenta Melanie se levantó y observó a todos prestándole atención a la secuencia de la película, a pesar de no querer irse ya que estaba entrando en un ambiente cómodo sabía que su prioridad ahora era solucionar un problema, ir con su padre, pedir disculpas y disfrutar de su compañía.
—Mi vuelo sale dentro de unos minutos, ya me tengo que ir...
Todos hicieron pucheros y se despidieron de ella de manera cortés.
—Suerte con tu padre, te voy a extrañar —le dijo Stella mientras la abrazaba y frotaba su brazo.
—Solo será un fin de semana, no una eternidad —le bromeó a su amiga.
—Sabes que soy exagerada, pero si —la soltó y ella se dirigió a la puerta con Matt.
Más atrás se adelantaron Williams y Eiden.
—Adiós Mel —la abrazó fuerte Matt y luego abrió la puerta.
—Puedo llevarte al aeropuerto —dijo Eiden no queriendo dejarla ir.
—Ya le dije a mi madre... —le susurró un lo siento.
—Bueno pequeña, ten buen viaje, me traes pastel, quiero ver si tu padre es tan bueno como dices —le dijo Williams y ella sonrió.
—No lo digo yo, lo dice la gaceta de mejores chefs —dijo orgullosa y Will se le abalanzó a abrazarla, luego se dirigió al sofá.
Eiden la miró y sonrió, ella se quedó parada en la puerta.
—¿Dudas despedirte de mí ahora? —le sonrió de medio lado y ella enserio lo dudaba aún.
Agarró su mano en un sorpresivo gesto y la atrajo hacia él para darle un abrazo al igual que todos. Al final ya no habían secretos para ella con respecto a sus emociones.
Mientras la acunaba en sus brazos ella no pudo evitar sentir sus mejillas arder y un cosquilleo de nervios al acariciar su espalda y susurrarle al oído «prométeme una video llamada cuando llegues »
Cuando la soltó ella sonrió y asintió.
Luego de retirarse buscó de su mamá para dirigirse al aeropuerto.
En el avión estaba nerviosa y pensativa, por unos segundos quería llegar a prisa para conectarse a Skype, no sabía que pasaba, por ese momento Eiden parecía aplacar los pensamientos y preocupaciones que tenía hacia su padre, como si la hiciera olvidar de todo y solo enfocar su atención en él, que cada vez sentía que más jugaba con su mente.
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Llegó al aeropuerto de Atlanta, después de recoger su maleta y agarrar el teléfono para teclearle a su padre, una mano en su hombro la hizo despegar la mirada de la pantalla.
Allí estaba, su papá, tan alto como de costumbre, con su barba de color negro y con bellos grises, apuesto y con buen vestir, con los ojos celestes de Melanie y una sonrisa enorme dibujada en su rostro, el que extrañaba y por poco olvidaba.
Ambos se asombraron y cayeron en un abrazo inmediato, un abrazo de haberse hecho falta, de nostalgia y felicidad.
—Te vez más grande —,dijo abrazándola aún más fuerte y con sus ojos cristalizados, como los de ella.
—Te eché de menos —le dijo con su voz temblorosa y olió su fragancia que aún usaba.
Dicen que en los aeropuertos los abrazos son los más sinceros, y este era uno de esos.
—Yo igual, pero vamos a comer, seguro tienes hambre —le dijo emocionado y agarrando su equipaje, ella asintió mirándolo por no parecerle real —¿cómo estuvo el viaje?....
En el camino no pararon de hablar y contar lo que había pasado en los últimos meses, en noche buena y en este inicio de mes, mientras platicaban y reían en la vía Melanie se sintió en casa nuevamente, y sintió que había sido injusta, por el momento se había dejado llevar por las emociones que le transmitía su madre, aunque estaba dolida no tenía que haberlo dejado de lado, ahora lo entendía, y ahora que estaba a su compañía sintió lo mucho que lo amaba y debía pedir disculpas por su enfado.
—Perdón papá... —dijo casi en un murmullo y seguido de esto hubo un silencio pero tomó fuerzas —Tengo que aprender a amarlos por separado, se que fue injusto no pasar navidad junto a ti, pero, me dio tiempo de pensar, y saber que también me equivoqué, y de que te extraño y te amo, no tenía que dejar de hablarte y disculpa por eso.
—No tienes que pedir perdón, sé que lastime tu confianza y traicioné a tu madre, yo también pido perdón porque te hice pasar un mal rato en Diciembre, y eres joven, es normal que te afecte lo que pasó, pero quiero que sepas que nunca fue tu culpa... sí, el matrimonio de tu madre y mío pendía de un hilo, pero, no era el motivo tener que defraudarla —,dio un suspiro —.Lo correcto era separarme primero, y luego buscar una pareja, y no lo hice. Perdón.
—Estás perdonado —.Él asintió y se abrazaron, un poco incómodo por el cinturón de seguridad pero sintió un gran alivio y una carga menos.
—Diana se sintió mal, porque era su amiga, lo de ella había sido un beso, y después de eso juraríamos que no se repetiría, hasta que fue a casa a felicitarme por el logro y tengo que aclarar que yo insistí, y luego ustedes entraron en escena, nunca fui infiel de otra manera, y eso se lo dije a tu madre Mel.
—¿Ella te creyó? —preguntó su hija y se sorprendió de saber que los hechos fueron así.
—No lo se —inclinó su rostro a un lado mientras seguía manejando.
—Yo si te creo —agarro su mano para darle seguridad y cariño, él sonrió y agradeció luego de un "te amo".
Cruzaron la esquina y Melanie sonrió al notar que se dirigía vía su restaurante favorito, con el que iba junto a su padre cuando era más joven.
Bajaron y se adentraron al sitio.
—¿Aún sigues con Diana papá? —le preguntó temerosa y llevaron la carta del menú a sus mesas.
—Si, después de eso no la quise ver más, pero, en el último mes empezamos a salir y se a quedado conmigo —,ella miró el menú y luego lo tomó en sus manos pensando —.No estará con nosotros este fin de semana —ella asintió y le entró calma.
Cerró el menú en menos de unas hojeadas vistas.
—Quiero lo de siempre —su padre dio una sonrisa.
—Tus amigos quieren verte mañana, les avisé que venias.
Melanie se emocionó ya hacía tiempo que no sabía de sus viejos amigos, supo dentro de ella que sería un fin de semana inolvidable.
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SON EXTRAORDINARIOS
Mystery / ThrillerUn don puede ser una bendición tanto como una maldición... Premoniciones, empatía psíquica, hablar y sentir personas que ya fallecieron, ¿es todo esto posible?... un grupo de jóvenes viven una etapa complicada al llevar consigo grandes dones incontr...
