Un don puede ser una bendición tanto como una maldición...
Premoniciones, empatía psíquica, hablar y sentir personas que ya fallecieron, ¿es todo esto posible?... un grupo de jóvenes viven una etapa complicada al llevar consigo grandes dones incontr...
—¿Melanie? ¿Preguntó por ella? —dijo Stella y Mel la miró con asombro.
—No hablamos de eso, déjenme decirles que quisiéramos contarles más, pero ustedes no vienen por intereses, vienen a oír una historia, lamento que no sepa del ellos de ahora, solo les puedo hablar de su pasado, el antiguo Eiden y Williams son los que yo conozco, no sé nada sobre sus nuevos gustos, no se en que pasan su tiempo libre, y lamento causar esta primera mala impresión, pero sería más cómodo que preguntaran y respondiéramos.
Eso era todo en su archivo, una triste tragedia que los había cambiado en el momento menos esperado.
—Dijiste lo indicado —.Finalizó Melanie que parecía pérdida de ella misma.
—¿Nadie intenta animarlos, o acercárseles? —preguntó Stella.
—Lo han intentado pero es un tema delicado ¿sabes?, prefieren tener distancia y poco tacto hasta que ellos decidan volver, Matt es el único que no a cesado de animarlos en ningún momento. —Objetó Carla.
—Pero fueron a la fiesta el viernes, y eso no se había visto, y si dio esa señal este año nuevo, puede ser que vuelva a ser el de antes —.Dijo Alan —.Todos los esperan, ya nada es igual.
—Yo no los presionaría, era unido a su prima, vivía con ellos —.Mencionó Trish.
—Puede que cambie en este mes entrante, todo el incidente ocurrió en Febrero —.Agregó Carla
—¿Cómo era ella? —cuestionó Stella que parecía leer las dudas de Melanie que permanecía callada.
—Su prima era ayudante en varias comunidades, parecida a ellos en belleza, muy alegre y servicial, cuando murió fue una pena, tenía solo 18 años y varias personas le rindieron homenaje, todos los niños y personas que ella ayudo se unieron y fueron a llevar velas cerca de su casa, en el buzón de la casa de Eiden colocaron cartas y fotos, este año a lo mejor hacen lo mismo, estaba en su último año y como que supo lo que pasaría ya que salió del colegio unos meses antes de graduarse—, dijo Trish nuevamente analizando —.Realmente hay algo raro.
—Es una pena lo que les pasó —.Finalizó Carla.
—Vaya que investigan —dijo Stella.
—Es sencillo en realidad, solo recopilamos información —.Dijo Alan.
—¿Alguna otra última pregunta? —cuestionó Carla y Mel negó callada, se limitó a levantarse, decir gracias e irse triste del lugar, un poco más de prisa que Stella.
Stella la siguió casi trotando no entendía el porqué de su aptitud y cuando la jaló de hombros en un pasillo solo notó que tenía los ojos aguados.
—¿Hey qué pasa? ¿Qué tienes?
—No debimos ir a preguntar, estaba mejor sin saber...
Cayó una lágrima, Stella la abrazó y ella reprimió un alarido que aún se oyó en su boca cerrada y temblorosa.
—Pero fue mi idea, no te sientas mal —.Pasó su mano por la espalda tratando de consolar a su amiga y ella se soltó con los ojos rojos al igual que su nariz.
—No, no entiendes, invadimos la privacidad de un chico que se trata de esconder por algo que en serio es real, no es un juego de niños, su historia en serio duele y por eso no nos quiere contar, lo menos que quieren es personas involucradas en sus asuntos, yo me puse a fantasear por unos segundos, pero ahora que sé que sí sufrió, y no me agrada la idea de saber tanto.
—Tienes razón, pero no llores, tú no lo sabías.
—Me duele porque sé lo que le duele.
Era la razón, la razón de porqué lo había visto tan mal en su último sueño, la razón de abandono en su pintura, la razón de no estar preparado para querer ser feliz con alguien ahora.
Stella iba a decir algo en una cara preocupada cuando sonó la campana y Melanie se dirigió al baño mientras su amiga se había adelantado al salón.
Al caminar al baño divisó a Eiden a lo lejos, guardando sus cosas en el casillero, y esta vez, era como si estaba desnudo, como si no tenía barreras, lo sintió, todo lo que nunca pudo describir, lo que nunca pudo escudriñar, derepente apareció de la nada, dándole más sentido y claridad, sintió lo solitario que se sentía, lo triste que negaba ser, lo melancólico que demostraba al caminar con tan solo caminar, una tristeza emanante siempre ignorada, no sabía si era por lo que ahora sabía, que podía verlo con más claridad, un aura tenue.
Él caminó mirando al piso perdido, y sintió también esa perdición, una que mostraban los que no estaban presentes en su vida diaria, pero que a la vez eran los más involucrados, al levantar el rostro y a dos metros de Melanie se observaron y su corazón se rompió, al ver sus ojos caídos que se mezclaban con un tono azul y gris, mostrando un vacío mismo del que no podía salir.
Lo conoció.
Y tal vez se arrepintió de descubrirlo.
Él movió sus cejas levemente arrugadas al notar su rostro enrojecido en lo que parecía haber llorado.
—¿Melanie? —la miró interesado y preocupado.
Ella solo entro rápido al baño para evitarlo.
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Se miró al espejo y soltó así el llanto que había guardado, puso la mano en su boca para no ocacionar ruido, y cerró sus ojos tal vez sintiendo el dolor más fuerte que había experimentado en su alma. Estaba conectada a él.
Se tapó el rostro y cayeron unas lágrimas alrededor de sus mejillas.
Respiró con dificultad y exhaló el más amargo aire que había guardado. Su pecho se tensó como si hubiera recibido una puñalada de dolor.
Ya estando sola frente al espejo se calmó un poco y lavo su rostro.
Secó su cara con unos paños y salió del baño para dirigirse a clases.
—Melanie. Dijo en una voz tan delicada como hecha para no lastimar a nadie.
Era Eiden que no se había movido del sitio al verla entrar tan abrumada. Sintió una estaca al corazón nuevamente y giró a verlo con una cara tan triste y angelical.
Respiró repetitivas veces y aceleraba su pecho en movimiento, lo miró en contension y él solo esperaba una explicación en su rostro.
Corrió hacia él para abrazarlo y él triste la sostuvo, sin entender que era su miseria propia reflejada en ella.
De nuevo en sus brazos cálidos y pálidos, en esa pequeña de cabellos color oro, y labios rosa, sintió que era un abrazo de fuerza en la que se armaban sus pedazos rotos, llenos de nostalgia y quebrantamiento.
Él la abrazo fuerte por anhelarla nuevamente y cerró sus ojos para percibir su fragancia dulce.
Se elevaba su pecho y felicidad.
—¿Eiden? —dijo Williams confundido ante la escena y al oírlo soltó inmediatamente a Melanie quedando estático y ambos mirándolo asustados.